Sábado, 16 de enero de 2021
25 años del CB Murcia


02.11.10 | Pedro Serrano [ Comenta el artículo ]
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Tiempo muerto (I)



Tras nueve semanas consecutivas recordando la historia del Club Baloncesto Murcia, un servidor solicita tiempo muerto para tomar aire, beber agua y hacer un pequeño balance. Por esta cancha de BasketMe.com han pasado nueve personajes: Ralph McPherson, Felipe Coello, John Ebeling, Jota Davalillo, Quique Azcón, Jose Oleart, Miguel Ángel Pérez, Johnny Rogers y Antonio González Barnés. Con ellos hemos ido rememorando hechos, partidos y situaciones, y también hemos recordado a otro buen número de personas que intervinieron tanto en la construcción como en la vida de nuestro equipo. A excepción de Felipe y de Miguel Ángel, cuya trayectoria en el club abarca una enorme cantidad de años casi de principio a fin, con el resto nos hemos acercado básicamente a la primera mitad de la historia del club, a una primera etapa cuyos límites yo fijaría entre su nacimiento (1985) y el primer descenso (1997). En esos doce años, y sin contar con el descenso deportivo no consumado de la temporada 1992/93, todo lo que hizo el CB Murcia fue crecer y dar pasos hacia adelante: un año en Tercera División, cuatro en la segunda categoría y siete temporadas consecutivas en ACB. No se puede decir lo mismo de los trece años siguientes, periodo en el que se concentran los restantes ascensos y descensos del equipo: nada menos que tres y tres. Esta segunda etapa es la que, en mi opinión, nos ha clavado en la frente la vitola de equipo ascensor (o "descensor", según se mire), y es la que ha ido restando cantidad (que no calidad) a las gradas del CB Murcia: siete temporadas en la segunda categoría (de las cuales cuatro fueron consecutivas), y seis temporadas en ACB (de las que tres acabaron en descenso). En la próxima hornada de entrevistas repasaremos los avatares del club en dicha segunda etapa, pero también volveremos sobre los años ya tratados con anterioridad, a los que dedico este resumen.


Empecemos por el origen. El "espíritu del cohete", de mirar siempre hacia arriba, ya formaba parte de la naturaleza del club cuando éste ni siquiera había nacido. No es extraño, porque la idea de crear al CB Murcia fue inspirada por un subidón sin precedentes: el gran éxito del baloncesto español en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. Así nos lo contaba González Barnés: "Fue un poco por el "boom" de los Juegos Olímpicos, y por el hecho de que Murcia no se descolgara. Murcia había tenido basket, pero nunca basket de élite que arrastrase gente, y ahí había un grupo humano de muy buenos jugadores de baloncesto: desde el propio Manrique Cos, que fue jugador y luego sobre todo entrenador, Gregorio Serna, Frank Espinosa, Pedro Ruiz Morales...".


Ese grupo se reunió en torno a la idea de crear un club profesional de baloncesto para Murcia, idea que surgió desde el periodismo deportivo de la ciudad. Nos cuenta González Barnés que "en aquella época yo estaba en Radio Cadena Española, la antigua Radio Juventud. Conmigo trabajaba como colaborador Pedro Ruiz Morales y pensábamos que el fútbol se nos estaba quedando corto (...). Teníamos que llenar de contenido los programas de deportes no solamente con fútbol de desayuno, aperitivo, comida y cena, sino que hubiera más". A día de hoy ese razonamiento me parece increíble; el que unos periodistas deportivos de Murcia pensaran en crear un club de baloncesto para que hubiera una alternativa al fútbol. En cualquier caso, la idea fue tan buena que despertó el entusiasmo y la ilusión de un "grupo de chiflados", tal y como los definía González Barnés: "Tuve la suerte de juntarme con estas personas, de tener a Pedro Ruiz Morales. Pedro me habla de Manrique Cos, hablamos, tomamos café algún día y entonces nos proponemos tener una entrevista con Juan Valverde para hacerle esta oferta". El grupo llegó a pensar en proponer al Real Murcia la creación de una sección de baloncesto masculino, pero la opción quedó pronto descartada por sus escasas probabilidades de salir adelante.


Entonces (entre finales de 1984 y principios de 1985), entró en escena Juan Valverde, empresario murciano recién salido de la directiva del Real Murcia y cuya firma, Zumos Juver, venía de patrocinar durante dos temporadas a la sección de basket del Español de Barcelona con un éxito notable (bajo la denominación "Juver", el equipo catalán llegó incluso a meterse en competición europea). Según nos contaba el propio González Barnés, a Juan Valverde "tuvimos que animarlo", y se fueron atando cabos a medida que se sucedían las reuniones. Los nombres que participan en todo el proceso, en mayor o menor medida y con más o menos trascendencia, incluían a los ya citados y a Pérez Ferra, Santiago García, Manolo Álvarez, Chano Méndez, Daniel Barceló y Manolo Martínez (por entonces, presidente de la Federación Murciana de Baloncesto), entre otros. Una vez subido en el barco, y nunca mejor dicho por el amor de Valverde a la navegación, el empresario se puso al timón y creó una junta directiva de su total confianza.


Poco a poco se dan los pasos necesarios para situar al recién nacido CB Murcia (con la denominación de "Asociación Deportiva Juver") en la línea de salida de la Tercera División, en septiembre de 1985, teniendo a Manrique Cos como primer entrenador y a Randy Owens como jugador franquicia. Debido a su condición de profesional, Owens no tenía permitido jugar en Tercera División, así que hubo que repasar el reglamento y encontrar la forma legal de ponerlo en pista. ¿Cómo? Pues una de las acciones fue matricularlo en la Escuela Oficial de Idiomas de Murcia como estudiante de español. La llegada de Owens, al que Miguel Ángel Paniagua puso en contacto con el club murciano, fue todo un acontecimiento mediático y social en nuestra ciudad. González Barnés nos decía al respecto que "él alucinaba, lo que pasa es que encontró mucho calor humano, y luego, claro, se reía (...). Randy veía que teníamos infraestructuras, pero sobre todo se sintió muy arropado. Era un espectáculo ir con él. Yo me acuerdo un día que fuimos a la Plaza de Toros, y bueno, los porteros querían hacerse fotos, todo el mundo quería hacerse fotos con él, aquello era un auténtico espectáculo...".


Con esas credenciales, lo normal era que el público se volcara no sólo durante los partidos, sino incluso en los entrenamientos. Además, según González Barnés, aquella afición "era un público muy joven, era un público que hoy serán papás y serán abogados y médicos, pero en aquella época eran gente muy joven y era un público totalmente distinto al del fútbol". Ahí estaban hace 25 años todos esos jóvenes, con hambre de cosas nuevas, con ganas de ver basket en directo en lugar de hacerlo por televisión. El recién inaugurado pabellón Príncipe de Asturias parecía quedarse pequeño ya en su primera temporada de uso, sobre todo en aquellos duelos épicos y de rivalidad regional contra Cartagena, que incluso fueron televisados por el centro territorial de TVE en Murcia. Baloncesto regional de Tercera División por la tele, ¿os lo imagináis?


En el verano siguiente, después del primer terremoto baloncestístico en Murcia, Miguel Ángel Paniagua pone a la directiva del club murciano tras los pasos del Logos de Madrid, equipo filial del Estudiantes que se ve obligado a renunciar a su plaza en la recién creada 1ª División B por problemas económicos. Murcia negocia y sube peldaños, y a renglón seguido se lanza a preparar un año de extrema dificultad. Tras invertir dinero en comprar una plaza, la presión debía ser máxima. Un error, un posible descenso supondría un fracaso y un tremendo palo al proyecto murciano, y a punto estuvo de producirse. En otoño de 1986, con dos meses escasos de liga disputados, el CB Murcia va colista y viaja a la pista de Tenerife, equipo al que entrenaba "nuestro" Moncho Monsalve. Valverde y su directiva buscan un revulsivo en el banquillo para enderezar la nave, y ahí aparece el nombre de Felipe Coello. ¿Quién se lo iba a decir en aquel momento? En aquella reunión en un bar de Santa Cruz de Tenerife, de la que el presidente quiso escapar al ver el horrible chándal que vestía Coello, Juan Valverde conocería a su entrenador y a su yerno todo en la misma persona. Por su parte Felipe, que había tenido otras opciones de dar el salto a la Península, tampoco podía imaginarse que iba a conocer al padre de su futura mujer y al abuelo de su futuro hijo, además de fichar por el equipo de su vida y venir a su casa, a Murcia.


Según sus propias palabras, lo que se encontró el entrenador tinerfeño al llegar a la ciudad fue "un club muy joven, con ganas de hacer cosas", pero también "un equipo que era colista, que había jugado el año anterior en Tercera División (...), con dos americanos y que, bueno, como todos los clubes que empiezan en el mundo profesional, había sufrido mucho para dar sus primeros pasos". Ese año el proyecto murciano salva los muebles "in extremis", en una cancha de Córdoba que parecía territorio de guerra "porque el público se puso muy exaltado", nos dice Coello. "Me acuerdo de que incluso tuvieron que decir por la megafonía del pabellón que la Federación había comunicado que no iba a haber descensos, para que la gente se relajara un poco. Fue una situación dura". De situaciones duras, extremas y épicas sabría mucho el CB Murcia en el futuro, así que el triunfo de Córdoba podría considerarse el primer "más difícil todavía" de su historia.


Aun a pesar de la dureza de aquel año, Felipe renueva por dos temporadas, 87/88 y 88/89, y en la primera de ellas el club murciano da un nuevo golpe de efecto al contratar a Russell Cross, otro de sus fichajes estrella. Se acarició el ascenso y se perdió precisamente contra Tenerife, pero la presencia de Cross fue un altavoz que anunció a Murcia como serio candidato al ascenso a la ACB en el futuro inmediato. Para aquellos que aún no conocieran al club, Russell Cross les ayudó a situarlo en el mapa. Por ejemplo para Quique Azcón, base salido del Joventut y que en el verano de 1987 negociaba con Caja San Fernando para prolongar su contrato. Las negociaciones se rompieron y el base se vino a Murcia recomendado por su amigo Paco Solsona, porque "en aquella época cuando un equipo tenía más o menos dinero para poder fichar jugadores y demás, pues más o menos los jugadores buscábamos una tipología de equipos así, ¿no? De equipos que te vendieran la posibilidad de subir a ACB", nos contaba Quique. En esa temporada 1988/89 se fijan de nuevo las miras en la ACB y se ficha a todo un Ary Vidal como técnico, quedando Coello como Director Técnico. Sin embargo al brasileño no le salen bien las cosas. De Vidal, Azcón nos contaba que "era un tío encantador, pero venía de otro mundo y siempre le decíamos lo mismo, que yo no era... ¿Cómo se llamaba? Uno era el Marcel Souzo, que era un base, y el otro era el Óscar Schmidt... Y le decíamos que nosotros jugábamos a otra cosa. Era otro mundo". Vidal es cesado y su puesto lo ocupa otro entrenador ilustre y respetado en el baloncesto español, Paco García.


Con Paco en el banquillo, de nuevo, se roza el ascenso y se pierde al final contra Orense. Sin embargo ese año tuvo muy buenos momentos y no estuvo marcado sólo por el "drama" de Orense. Felipe Coello nos contaba una anécdota relacionada con Mike Shultz, que en paz descanse, que nos hacía reír mucho: "Recuerdo cuando teníamos las oficinas del club en el Paseo de Alfonso X, y recuerdo... Mike llevaba dos semanas en Murcia, y una mañana se presenta allí con la taza del WC... No con la taza sino con la tapa... Él llevaba una bolsa grande, y se presenta allí y se pone delante de la mesa de Daniel Barceló, lo saca y ¡Pam!, le pone el WC encima de la mesa y dice "tengo esto roto". Y el otro, "¡saca eso de aquí! ¡Saca eso de aquí!", indignado el tío, con la tapa del WC encima de la mesa".


En la temporada 1989/90, de inicio repite Paco García como entrenador, pero por entonces el único objetivo que se contempla es el ascenso y no se perdonan los titubeos. En opinión de Quique Azcón, "Paco García era muy buen entrenador, y lo es, lo que pasa es que le dieron la oportunidad con un equipo así cuando tenía poca experiencia, y claro, era un club que estaba hecho para subir y no se permitían errores". Tras dos victorias y dos derrotas, Paco es destituido y Felipe Coello coge de nuevo la batuta de un equipo que contaba con grandes jugadores, como Jota Davalillo, recién salido por primera vez de su País Vasco natal y al que Felipe fichó por teléfono desde el aeropuerto de Barajas. Esperando un vuelo, el entrenador murciano se tropezó con Iñaki Iriarte, e Iñaki le dio el número de Jota, que había quedado libre después de un mal año en Bilbao. Davalillo nos contaba que "cuando me ficharon, el equipo estaba ya en Andorra haciendo la pretemporada, y entonces yo cogí el coche y me fui a Barcelona, y allí me fueron a recoger y me llevaron a Andorra. Hice la pretemporada con el equipo y a la vuelta me dejaron en Barcelona, cogí mi coche y me bajé hasta Murcia". Jota contó su viaje para BasketMe. En mi opinión, una de las anécdotas más divertidas de esta serie de entrevistas: "Llegué a Murcia y lo primero que vi fue el Cristo de Monteagudo, y dije yo, ¡joooder! porque yo no lo conocía. Porque claro, antes llegabas en autopista hasta Valencia y luego ibas por la carretera nacional. Ibas por Elche... y vi los palmerales de Elche, que ahora ya no se ven por la autopista... Y entonces llegué a Murcia, vi el Cristo de Monteagudo y dije, ¡joder, si esto es como Brasil! Yo no conocía Murcia, jugando no había estado nunca allí, entonces, pues no la conocía. Después de ver Monteagudo... total, que llegué a la Redonda, me bajo del coche, entro en una cabina telefónica para llamar a Morty, que había quedado con él en que cuando llegara lo llamara porque iba a estar en su casa unos días, y entro en la cabina telefónica y de pronto me pongo a sudar como un pollito. Pero a sudar a chorro, y dije yo, joder, ¿qué pasa aquí?".


Por Murcia ya conocíamos de los avatares de Jota Davalillo y de su traumático contacto con el calor murciano, pero escuchado de boca del actual presidente del Bilbao Basket, la historia cobra otra dimensión: "Me tuve que comprar un ventilador porque por las noches no podía dormir del calor que hacía... El primer año, recuerdo que estuve toda la temporada durmiendo con una sábana, sólo con la sábana. El primer mes me estuvieron dando unos polvos que suelen dar a los alpinistas para que no se deshidraten en las alturas...". Palabras mayores, amigos, para un grandísimo jugador que lo dejaba todo en la pista, incluidos todos los líquidos de su cuerpo: "Me licuaba. Terminaba de entrenar y formaba un charco de agua".


Con Felipe Coello en el banquillo, y un gran grupo formado por jugadores como Quique Azcón, Ernesto Fernández, Jota Davalillo, Miki Abarca, Esteban Pérez, Nicolau y Scolari, al que se les unió después Mike Phillips (ex jugador, entre otros equipos, de aquel Juver Español), Murcia logra al fin poner un pie en la ACB en la temporada 1989/90. Coello reconocía que "a nivel personal y deportivo es quizá el año del que mejor recuerdo guardo. Ascender fue fácil porque éramos muy superiores al resto de equipos. Terminamos segundos en la liga regular, y Cajamadrid fue primero. A Cajamadrid lo eliminó un sorprendente Llíria, y luego León eliminó a Llíria y subió con nosotros, Murcia como primero y ellos como segundo equipo". Un servidor lo recuerda como si fuera ayer: todos saltando en la pista, el cava bañándonos, los coches haciendo sonar el claxon por las calles y, al final, hasta un castillo de fuegos artificiales. Un sueño.


En septiembre de 1990 el CB Murcia jugaba al fin el primer partido en ACB de su historia, en el viejo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid frente al Real Madrid. Una semana después debutaba en casa y lograba la primera victoria en ACB contra el Huesca La Magia de Bryant Jackson y Granger Hall. El equipo fue sumando victorias poco a poco hasta acomodarse en la parte tranquila de la clasificación, dentro de su grupo (aquella ACB se dividía en dos grupos). Según Davalillo, la clave estuvo en que "éramos un equipo con gente peleona, con gente combativa, y así es más fácil. No éramos gente que tuviéramos un nombre muy hecho en ACB, y la gente que estábamos en Murcia y que teníamos experiencia en ACB éramos gente normal, que creía en lo que hacíamos, que le poníamos mucho esfuerzo al tema, y funcionaron las cosas".


En la misma línea se expresaba Ralph McPherson: "Una de las grandes ventajas de ir a Murcia era que había jóvenes jugadores que venían a jugar en ACB, y que tenían pasión y bastante calidad". Ralph ponía como ejemplo a uno de sus compañeros, al citado Jota Davalillo, y a uno de los partidos más recordados, el que nos enfrentó al Real Madrid en Murcia: "Davalillo medía menos de dos metros, pero hizo algunas jugadas enormes en ese partido. Eso te demuestra la talla del corazón que tenían esos jugadores, jugando contra un equipo con el talento del Real Madrid". Y eso que aquel partido no empezó nada bien para Ralph, especialmente fallón en el tiro. El alero de Texas nos confesó lo que ocurría en el vestuario del Príncipe de Asturias, en el descanso, mientras en las gradas los aficionados murcianos miraban con preocupación al marcador (11 puntos abajo): "Felipe me miró y me dijo: "Ralph, ¿Puedes lanzar el balón aún peor?", y yo le dije: "No... no lo creo". Entonces Felipe me dijo: "Bien, pues sigue tirando". En el segundo tiempo empezaron a entrarme los tiros, y con todo el mundo involucrado... Fue una gran victoria y creo que demostramos a la ciudad que teníamos un buen equipo, y los aficionados nos levantaron con su apoyo también".


La temporada siguiente, la 1991/92, el CB Murcia se gastó dinero e hizo un buen equipo para competir de media tabla hacia arriba: Nacho Suárez, Clarence Kea, Ralph McPherson, Edu Clavero, Julio Torres... Aquel mismo año el club murciano alcanzó por primera vez los octavos de final de la Copa del Rey, tras una excepcional remontada contra Caja de Ronda en el partido de vuelta (en el de ida perdió por 18 puntos y en el de vuelta ganó por 25). Luego el Real Madrid terminó con el sueño copero, pero Murcia siguió remando en liga y llegó a una situación perfecta: dieciseisavos de final del play off por el título, eliminatoria contra León al mejor de tres encuentros, segundo partido a disputar en casa y con 1-0 a favor... Ese partido acabó con derrota por un sólo punto y con polémica arbitral: "Fue realmente descorazonador. El partido estaba en un punto para uno y otro lado, y lo perdimos justo al final. Intentamos hacer falta a alguno de sus jugadores para parar el reloj, pero los árbitros no las pitaron, así que fue bastante frustrante al final. Si hubiésemos ganado ese partido, nos habría llevado al siguiente nivel en la liga", decía McPherson, aún con pesar en su voz.


En el juego de los extremos, tras rozar el cielo nos tocaba caer al barro. El año siguiente (92/93) topamos con un bache y, tal y como suele pasar en estos casos, las cosas sólo parecían complicarse por momentos. Ralph lo explicaba muy bien: "Fue un año muy loco... Cambiamos de entrenador, tuvimos un montón de jugadores diferentes, y creo que el equipo no llegó a tener nunca una química tan buena como la que había tenido los dos años anteriores". En la eliminatoria por el descenso contra Huesca, Murcia perdía la categoría. Días después nos llegaba la buena noticia: no habría descensos.


Temporada 1993/94. Aquellos eran años de crisis económica y todo el mundo lo notó, tanto los equipos que no pudieron ascender a la ACB como los que tuvieron que hacer plantilla en la máxima categoría. Sin embargo, en el caso de Murcia, poco dinero no fue sinónimo de ausencia de compromiso. El CB Murcia de John Ebeling y de Jose Oleart se dejó la piel en cada partido, luchó y nos hizo vibrar como lo hacen los equipos campeones, dentro de su nivel. Ese CB Murcia escribió una de las páginas más bonitas de su trayectoria, y no lo hizo luchando por ganar un título sino por mantenerse en la ACB con la mayor dignidad posible. Con orgullo. Tuvo que remontar un 2-0 en contra, algo que sólo han hecho dos equipos en la historia del basket nacional (Murcia y Granada, ambos con Ebeling en sus filas), y además, añadió otro ingrediente a la película: la Gran Apuesta.


El propio Ebeling nos lo contaba: "Dijeron (el Club) que no nos pagaban más, y creo que quedaban dos o tres partidos para acabar la liga regular. Dijeron que no se pagaban más cheques hasta que no estuvieran seguros de que estábamos salvados. Y yo les dije: "vale, pues yo no acepto esto, porque significa que vosotros pensáis que yo no estoy haciendo mi trabajo y por eso no me pagáis. Estoy jugando duro todos los días y no voy a cobrar". Entonces les di una oportunidad, les dije: "vale, no me vais a pagar más, tres cheques, vale, no hay problema. Pero si el equipo se mantiene, me vais a pagar el doble". Entonces es cuando empieza toda la famosa historia del "doble o nada" (...). Si le preguntas a Felipe, él lo recordará, recordará cuando les dije aquello de "doble o nada" y ellos aceptaron. Es decir, que yo les dije que si perdíamos y bajábamos, yo no recibiría nada de dinero de esos tres meses". ¿Os imagináis en esa situación? John nos explicaba los motivos que le llevaron a ese extremo: "Lo que yo quería que entendieran es que, en un momento así, a esas alturas, no me importa si me dan el dinero o no me dan el dinero, no me importa. Lo que me importa es que el equipo no baje, ¿sabes? Pero el dinero no era lo más importante para mí entonces". Igualico que Chris Thomas, ¿no?


Una vez remontado el 2-0 y obrado el milagro de la permanencia, John remató la faena fuera de la pista del mismo modo que lo había hecho dentro, con una maestría digna de enmarcar: "No quiero sonar como que me creo Jesucristo o Superman o algo así, pero creo que soy una buena persona. Quiero creer que soy una buena persona, pero también quería demostrar que, al final, el dinero no es lo que me hace ganar. Así que cuando gané el doble, dije, vale, págame mis tres meses, y el resto del dinero dáselo a los niños que lo necesitan. Felipe dijo que tenía un sitio, y yo le dije que vale, que confiaba en él. Luego me invitaron a ir allí pero no pude asistir, y los niños me hicieron un cartel muy bonito y todo, y me dijeron que estuvo muy bien. No pude ir, pero me dijeron que fue bonito. Es una de las cosas de la que más orgulloso me siento en toda mi carrera, me siento muy feliz por aquello, muy feliz". Un servidor se emociona sólo con releer esta entrevista, la verdad. Recuerdo aquellos días y escucho a John contar esta historia, y pienso en lo grande que puede llegar a ser el deporte.


La victoria de Valladolid se recordará siempre, y con más motivo gracias a John. Miguel Ángel Pérez, delegado del equipo, nos contaba su reacción al acabar el partido, que fue inmortalizada por las cámaras y que desde entonces salió cada semana en "Zona ACB": "Fue un partido inolvidable, y recuerdo que cuando ganamos, con todo el mundo allí abrazado... Yo la verdad es que en ese momento no pensé en lo que iba a hacer, sino que simplemente me fui corriendo al centro de la pista y de la alegría que tenía me tiré al suelo, y de repente cuando abrí los ojos tenía a siete u ocho cámaras encima de mí y a los periodistas echándome la foto (...). Cuando acabó aquel partido, los jugadores se fueron al vestuario para celebrarlo y ya, pues imagínate ahí... Abrazos, todos tirándonos por los suelos... Yo tenía muy buen "feeling" con John Ebeling, y cuando lo ví en el pasillo, pues corrí hacia él, me tiré y pegué un salto, y yo no sé cómo me cogió en el aire y con la fuerza que tenía, me levantó como a un muñeco y me apretujó ahí, que casi me deja sin respiración".


Oleart también recordaba aquel año, su primera temporada como entrenador del CB Murcia: "Yo recuerdo que la gente llenaba el pabellón Príncipe de Asturias y salía contenta, porque el equipo luchaba y veían que perdíamos por 3 ó 4 puntos y nos dejábamos la piel. Pero lo cierto es que íbamos muy justos, muy justos (...). No sé si tuvimos suerte o no, pero sí que sé que hubo muchas sesiones de trabajo cada día al cien por cien, y si perdíamos, pues bueno, a seguir. Y otra cosa: que el equipo estaba muy unido. Siempre estaban juntos, hasta salía yo con ellos a cenar y tomar una copa. Estábamos muy unidos".


Tras el milagro de Valladolid, el "idilio" con Fetissov y el viaje de 600 murcianos a tierras castellano-leonesas, nos tocaba relajarnos y disfrutar un poco. Nos lo habíamos ganado, nos lo merecíamos. En un "marco incomparable" como dicen los cursis, en el flamante y nuevo Palacio de los Deportes, la locura por el basket se desató aún más. La gente que desbordaba el viejo Príncipe de Asturias se duplicó para desbordar la nueva cancha, un recinto construido por el ayuntamiento de Murcia para, principalmente, el baloncesto. Según Oleart: "Murcia hizo muy bien el Palacio de los Deportes, hizo un pabellón excelente, con unas instalaciones muy buenas. Fue un año extraordinario en todo, la gente se lo pasaba de puta madre viendo los partidos, llenando el campo... La verdad es que la afición de Murcia se lo pasó muy bien aquel año, muy bien...". Sobre el nuevo Palacio, sin embargo, Johnny Rogers tenía sus reservas: "Mi primera impresión fue que era demasiado grande, la verdad (...). No estaba muy convencido con el nuevo pabellón. Había mucho polvo... Lo normal cuando acaban una obra y eso, pero aquel pabellón tan grande, no... ¿Cómo vamos a tener ventaja de campo aquí?".


En opinión de Jose Oleart, aquella temporada "se hizo un buen equipo con tres extranjeros muy buenos y con gente joven (...). La verdad es que nuestros tres extranjeros se entendieron muy bien entre ellos y además, es que eran buenos jugadores y muy buenas personas los tres". Todo el mundo se entendió muy bien aquel año: el entrenador y los jugadores, los jugadores entre sí, y todo el equipo y la afición. Rogers lo recuerda muy bien: "Recuerdo que ganábamos los partidos, entrábamos en el vestuario, y después salíamos otra vez al centro de la pista a saludar. Había una unión muy bonita con la afición, y bueno, al final vi que el pabellón no se nos quedaba grande, estaba muy bien".


Al hilo de aquel año mágico, Oleart nos confesó un pensamiento sobre el equipo: "¿Tú sabes lo más importante que tenía este equipo? Para mí, ¿eh? Que es la única vez en mi vida que he sido entrenador de un equipo, y que he tenido que decir muy pocas cosas. Estaba viendo los partidos más que dirigiéndolos. Claro, siempre hay cosas que decir, pero a veces decía, ¡Hostia! Hoy estoy viendo el partido porque no hace falta que diga nada". Sin embargo, Johnny Rogers lo veía de otro modo al recordar a su entrenador: "No, bueno, él trabajaba mucho, había mucho trabajo ahí, sobre todo a nivel mental. Yo me lo pasé muy bien con él, dentro del campo y fuera también (...). Hizo muy buen trabajo porque sabía cómo llevar a todos y era muy positivo, siempre muy positivo. Siempre nos transmitía confianza. Sabía cómo manejar a Anderson, a Martin y a mí, con bromas nos daba el mensaje que quería. Detrás de sus bromas siempre había un mensaje".


En la temporada siguiente, la de la Copa del Rey, según Oleart se cometió el error de no renovar a los tres extranjeros (comparto su opinión), y aunque el equipo que se hizo era bueno, las cosas se torcieron al poco de empezar la liga, coincidiendo con una lesión en la cabeza del base titular, Jordi Soler (que ya había jugado en Murcia en la primera temporada del club en ACB). Oleart recordó la situación: "A partir de la lesión de Jordi Soler todo se torció y empezamos a perder y perder. Entonces también tuvo mucha paciencia el club, aguantamos el tirón, cambiamos a Crowder y luego vino Washington, y ya se solucionaron los problemas de anotación". El entrenador nos contó la ilusión que le hizo el fichaje de Crowder, igual que a muchos aficionados, pero el jugador no funcionó. Cuando al fin decidió cortarle, Crowder bordó sus dos últimos partidos en el CB Murcia anotando 35 y 28 puntos. Al despedirlo en Barajas, el americano se echó a llorar: "Yo le decía: "pero ésto, ¿no lo podías haber hecho antes?". Y el tío lloraba, lloraba por marcharse de donde estaba".


Después de la lesión de Soler, aquel CB Murcia estuvo tres meses sin ganar, pero luego remontó el vuelo. Oleart lo recordaba: "Esos casi tres meses lo pasamos francamente mal, estuvimos muy jodidos. El primer partido que ganamos después de aquellas once derrotas fue... exactamente, fue en Salamanca. Era antes de navidades, y allí ganamos el partido. Recuerdo que Howard Wright era un mal tirador de libres, y entonces yo le dije, "mira, ¿las suspensiones las metes?", y él me dijo que sí; "pues los tiros libres los vas a tirar en suspensión", le dije, y mejoró muchísimo el porcentaje. Te cuento esto porque el final de ese partido estaba muy igualado, y como el entrenador de Salamanca, que era Pedro Martínez, sabía que Wright tiraba muy mal los tiros libres, porque lo había tenido en el Joventut, dijo a sus jugadores que le hicieran las faltas a él. Howard había empezado hacía muy poco tiempo a tirar los tiros libres en suspensión, y cada vez que le hacían falta, metía los dos, metía uno, metía los dos... Y el Pedro miraba y me decía "¿pero me qué has hecho con este tío? ¿Cómo es posible que las meta ahora?". Así mejoró Wright su porcentaje en tiros libres, porque le hice tirar saltando al final". Profesor Oleart.


Llegó la fase final de la Copa del Rey, en Murcia, en febrero de 1996, y tal y como nos decía Oleart, "no estuvimos en la final de la Copa del Rey de milagro (...). Ganamos al Unicaja de Málaga y luego en las semifinales jugamos contra el Manresa, que sería el campeón, y nos ganaron por tres puntos pudiendo haber ganado nosotros perfectamente". Fueron unos días mágicos y la ciudad respiró baloncesto por los cuatro costados. ¡Ojalá se repitiera ese ambiente algún día!


Por último llegamos a la temporada del primer descenso, en la que Oleart reconoce que "fichamos muy mal (...). Me echaron a mí y ficharon a Ricardo Hevia, y luego a varios americanos más. Yo les dije, "os equivocáis, esto lo podemos sacar como lo hemos sacado otras veces...", pero bueno, qué le vamos a hacer, son cosas que pasan". Una vez descendido el equipo, comenzó el declive. Y eso que la estancia en LEB fue efímera, un año, pero igual de efímero fue el retorno a la ACB. Más tarde vinieron cuatro temporadas seguidas en LEB que hicieron un daño enorme a la masa social del club. En esos años el Palacio de los Deportes pareció crecer de tamaño y sus gradas estaban desoladas en cada partido. Pocos, muy pocos fuimos los que seguimos fieles al equipo de nuestros amores, casi podíamos contarnos uno a uno. Y para colmo, cuando llegó el tercer ascenso, automáticamente llegó un nuevo descenso. Felipe Coello, entrenador de esos dos ascensos y del principio de las dos temporadas siguientes, que acabaron en descenso, nos confesó en voz alta una reflexión: "Las dos temporadas previas a estos dos equipos que comentamos, que en las dos veníamos de ascender, yo creo que me había ganado el derecho a seguir un año más de entrenador. Y a lo mejor, lo mejor para el club hubiese sido que yo no siguiera, porque si yo no hubiese sido el entrenador, cualquier otro entrenador que no sintiera el club como algo suyo, como lo sentía yo, hubiese hecho o hubiese obligado al club a hacer otras cosas económicamente hablando que yo entendía que no se podían hacer".


Hasta aquí el primer balance de esta serie de entrevistas. Tengo que añadir una vez más mi sincera gratitud a todos los que han aceptado dedicarme su tiempo y compartir con nosotros sus recuerdos sobre el CB Murcia. Ha sido un auténtico placer y un privilegio charlar con todos ellos, y un orgullo el hecho de, en algunos casos, haberles dado a conocer el 25 aniversario del club. Me alegro de haberme lanzado a este trabajazo porque he podido conocer muchas cosas que no sabía, y además, creo que puedo decirlo, también porque he hecho amigos. Ahora, y gracias a las cosas que me han contado, puedo imaginar a esos amigos en el pasado: puedo imaginarme a Ralph paseando con sus hijos por aquella Murcia tranquila y "amanosa"; a Felipe entrando en un bar con un bonito chándal y a Juan Valverde intentando escaparse; a John en el vestuario del Príncipe de Asturias jugándose su sueldo, apostándose el dinero que legalmente le correspondía a que el equipo no iba a descender; a Jota dando vueltas en la cama para conciliar el sueño, intentando dormir en el enero murciano tapado con una simple sábana; a Quique después de los entrenamientos, yendo a recoger a su mujer a la fábrica de Zumos Juver; a Jose María sentado en la Fuensanta, en la falda de la montaña contemplando el valle del Segura, o también en la barra de Pepico del Tío Ginés tomándose una caña y una marinera; a Miguel Ángel durmiendo en el pasillo del autobús en cualquier ciudad española, con un colchón y una manta, por pura dedicación a su club y para ahorrarle el dinero de una noche de hotel; a la mujer de Johnny comprando verduricas de la huerta en el mercado del jueves, o a ambos, valencianos de pro, disfrutando como locos con una paella murciana; y a Antonio en la radio en 1984, con auriculares y micrófono, pensando: "¿Por qué no creamos un equipo de baloncesto en Murcia?". ¡Qué buena idea, pijo!






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1 - Los datos de tercera división (temporada 1985-86). Pese a debutar con el Juver en enero del 86, bien avanzada la competición, Randy Owens se convirtió en el máximo anotador del campeonato, con un total de 701 puntos. Su promedio fue de 58 puntos por partido, siendo su máxima anotación de 76 puntos contra el otro equipo de la capital, el CB Murcia de entonces. Un saludo.

Publicado por cuatrosurcos el día 31/05/2016 a las 01:20h.
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