Martes, 21 de mayo de 2019
El blog del scouting


31.07.11 | Alejandro González [ Comenta el artículo ]
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Viaje al Europeo U18: 'Champ magnétiques'



Seventh floor, sixth floor, fifth floor… una voz metalizada iba indicando el recorrido del ascensor camino de la planta baja. Servía de cuenta atrás. La primera parte del primer viaje del verano llegaba a su fin. Los números pasaban rápido, repitiendo la misma velocidad de vértigo que suele caracterizar el discurrir del calendario en viajes como éste. Eran las cuatro y cuarto de la madrugada (hace un rato, más o menos) y me disponía a hacer el check-out del hotel de Wroclaw. La ciudad comenzaba a despertar. Ya estaba amaneciendo y se veían bastantes coches y personas en la calle. Muchos, si lo comparamos con el trasiego normal que se puede ver a esa hora en una ciudad española, más allá de Madrid o Barcelona. Me esperaban seis horas de trayecto en tren hacia Praga.


Había decidido empalmar un día con otro ante la perspectiva de dormir poco más de dos horas y despertar aún más cansado. La sexta jornada del EuroBasket sub18, tercera y última para mí, había terminado alrededor de las diez y media. Encontré una buena forma de decir adiós a Polonia: una animada cena en la plaza del casco viejo de Wroclaw con varios compañeros (un scout ACB, un director deportivo también de la máxima división española y un scout freelance), dos agentes y un par de buenos amigos con los que, sorprendentemente (por timing, no por planes) había podido coincidir a pesar de que nuestros caminos parecían no cruzarse este verano. Acabamos a eso de la una de la mañana. Podríamos haber visto amanecer incluso pero debíamos recogernos no demasiado tarde ya que todos teníamos trenes o vuelos bastante tempraneros.


Este trayecto “checo-polaco” no ha sido nada fácil. Cuando vuestras madres os digan que aprendáis inglés porque os va a servir en cualquier parte, le podéis decir con toda tranquilidad que en Polonia, al menos, no sirve para cadi nada. Comprar el billete ya fue toda una experiencia. Uno pensaría que no va a encontrar problemas cuando va a una ventanilla presidida por un cartel que reza “International tickets office”. Pero no, allí no habla inglés ni dios. Ni las que venden tickets a extranjeros a todas horas todos los días. Que los viajeros se apañen como puedan. Tras descolgar el calendario de la pared para confirmar el día (era un lunes y yo compraba el billete para hoy jueves), imprimir horarios y paradas para ubicar el destino, diseñar un boceto y recibir asistencia idiomática de una señora de unos 70 años que apenas hablaba tres palabras en inglés pero al menos tuvo el detalle de ofrecerse a ayudar, compré el billete. Wroclaw-Praha. 1 ticket, 2 trains. Parecía que quedaba claro….


Hasta hace bien poco. Me montaba en el tren, una envejecida maquinaria que evocaba a tiempos pasados, convencido de que tenía cuatro horas de trayecto antes de bajarme en una pequeña estación en la ciudad checa de Usti nad Labem, en la que debería cambiar a otro tren con dirección Praga que debería pasar unos 15 minutos después de mi llegada allí. Ese había parecido ser el plan durante 3 horas y media, en las que me estaba concentrando más en taparme las piernas (pantalones piratas) porque el tren era una nevera con ruedas, y no quedarme dormido ante el miedo de pasarme de parada y aparecer vaya usted a saber donde. Aunque tampoco era demasiado difícil mantenerse despierto ya que justo enfrente tenía (y aún tengo) una puerta de esas que dividen vagones dando golpes a izquierda y derecha porque no encaja en ningún lado. Habíamos parado ya en unos 830 pueblos polacos, donde la mayoría de las estaciones eran barracas o casetas medio derruidas (no es una forma de hablar…) y de aspecto abandonado en las que costaba creer que hubiese gente esperando un tren. La Polonia rural, supongo. Habían picado, sellado y comprobado mi billete unas siete veces, hablándome siempre en polaco como intentando indicarme algo. Al decirles que no hablaba polaco y que si podrían hablarme en inglés, simplemente se iban. Ahí te quedas, compañerowski.




Wroclaw



Estábamos cerca de la frontera con República Checa. Una chica checa se me acercaba y en un tímido y dificultoso inglés me decía que si quería ir a Praga tenía que bajarme en Miedzylesie, un pueblecito polaco justo en la frontera, coger otro tren hasta Usti nad Labem y de nuevo otro tren hasta Praga. Mi primera reacción casi es tirarme a los brazos de la sonriente chica, con la sensación de que la señorita en cuestión me estaba salvando la vida. Desde que compré el billete tenía la sensación de que no debía relajarme no fuese que entre la mujer de la ventanilla de la estación de Wroclaw, la señora mayor y mi desfachatez (mira que no saber polaco…) nos montásemos un buen lio. La joven departe conmigo unos diez minutos más hasta que llega su parada. Me decía que no me preocupase, que el tren acababa donde ella me había dicho, así que más allá no iba a poder ir. Ella se baja en otra de esas paradas de aspecto abandonado y me dice que me quedan unos 20 minutos más de trayecto hasta el primer cambio. Yo ya estaba en máxima tensión. Había pasado todo el trayecto en Defcon 2, pero ya había llegado a Defcon 1 con seguridad. Agazapado en el asiento, mirada felina. Y el octavo (o noveno o algo así) revisor que viene a pedirme el billete. Le saco el billete, el papel que me habían imprimido en Wroclaw y el dibujo que había hecho yo con los monigotes y los trenes. Me mira seriamente y me habla en polaco. Le paro y en español (ya que más daba hablar inglés) le digo “quieto parao mangurrián. ¿Wroclaw, Usti, Praha?”. El hombre asiente a la voz de “Usti, Usti, Usti”. “Como me líes y me pierda me pienso quedar en tu casa. 2 trenes?”, mientras señalaba el dibujo. “Tak”, contestaba el hombrecillo. “Me parece bien buen hombre, espero que tengas un sofá cómodo en el salón”.


Llegamos a Miedzlesie. Defcon bonus extra. Al final decido quedarme en el vagón, ahí quieto, mientras se bajan todos. Y con todos digo los dos tipos que venían en el vagón conmigo, que aquello estaba desierto. “Lo peor que puede pasarme es que me digan que me baje, si la chica aquella tenía razón. Bueno, o que me quede a dormir en casa del revisor del bigote”. Se va hasta el maquinista, al que veo desde la ventanilla. “Aguanta Alex, mientras no te echen…”. Se sube una chica rubia de uniforme. Me habla en un idioma distinto, que interpreto como checo. Le hablo en inglés pero se encoge de hombros. Así que le digo en español “pues o me validas el billete o me echas, salvo que tu sofá sea más cómodo que el del bigote” mientras saco el billete del bolsillo. Lo mira, me mira…¡y me lo valida!. Embargado por la emoción le digo “Usti, Praha?”. Y ella asiente. No le guardo rencor a aquella chica que vino a ayudarme porque a pesar de su error tuvo el detalle de venir a auxiliarme.


Volví a defcon 2. Llegó la parada de Usti y le dije adiós a ese asiento, compañero de viaje, tapizado al estilo “salón de mi abuela en su primer piso de casada”. La estación de Usti, en efecto, también era una caseta de mala muerte bastante deteriorada. Cierta tensión hasta ver aparecer el tren y confirmar que era el que iba a Praha. Me lo confirman casi a señas porque yo ya había perdido los tímpanos con el espectacular chirrido de las ruedas al frenar en la estación. Siempre podré decirles “Usti, Usti” a mis nietos cuando me pregunten porque me quedé sordo tan joven.


Y ahora os escribo desde un tren checo camino de Praga. Una generación “menos moderno” que el polaco. Igual cuando hicieron el tapizado de estos asientos ya se habían ido los soviéticos del país.


Echaba la vista atrás, pensaba en que iba a escribir para esta entrada del blog, y me he decidido comenzar por el final. Supongo que porque los trayectos y los medios de transporte han sido muy protagonistas en esta parte de la aventura. Desde que salía de Málaga en avión hacia London-Stansted, donde pasé la noche, cortesía de los viajes low-cost. Y allí pude ver que a las cuatro de la mañana hay más gente que en el aeropuerto de Málaga en hora punta. El aeropuerto lleno, repleto de gente tirada por todas partes, durmiendo o pasando el tiempo. La situación recordaba a esas imágenes que vemos de refugiados en los telediarios cuando hay una catástrofe. Pero las caras no eran de pena, sino de hastío y/o sueño. Y la única tragedia que habíamos vivido todos era volar con Ryanair.




Orbita Hall



Los días en Wroclaw pasaron volando. El primero más rápido que cualquier otro, entre la prolongada siesta para recuperar el sueño perdido y el primer paseo por el centro de la ciudad, coronado en cena con mi amiguete Rafal, quien me ha hecho este torneo más fácil e interesante.


El torneo se dividía entre dos pabellones. La sede principal era el Orbita Hall, situado al noreste de la ciudad. Allí ha jugado Polonia todos sus partidos. El otro recinto (porque eso no puede ser llamado pabellón) era el Akademia Wychowania Fizycznego Hala Worclaw (que sirva de algo haberme aprendido el nombre, y así compense que un scout NBA pusiese cara de pensar que yo era idiota cuando me vio fijarme un buen rato en el cartel), una especie de nave industrial con cuatro graderíos portátiles situado por donde mi padre perdió las sandalias. En un sitio muy bonito, cercano al estadio olímpico de la ciudad y en mitad de un paraje natural lleno de instalaciones deportivas, pero a tomar por saco de todo. Muy agradable durante el día, con gente haciendo ejercicio y demás. Por la noche, sin luz y nadie por allí, no tiene ni puñetera gracia. Menos aún cuando llegas a la parada del tranvía, escasamente iluminada (aunque ya era una bendición tener una farola cerca después de andar durante un buen rato sin saber donde pisas ni que tienes alrededor) y se te va acercando un tipo que va dando bandazos, gimiendo como un niño pequeño, haciendo aspavientos y pegando puñetazos a los árboles. Los 20 minutos que tardó el tranvía en venir se me hicieron muuuuy largos.


Las gradas del Orbita Hall se animaban bastante con los partidos de la selección local. El resto de encuentros registraba una entrada muy reducida y prácticamente limitada a scouts y agentes. Varias franquicias NBA estuvieron representadas allí en las tres jornadas a las que asistí. También equipos europeos, con españoles e italianos a la cabeza. Y, además, muchísimos entrenadores NCAA. Nunca había visto a tantos juntos en un mismo torneo. Associate coaches en su mayoría ya que los entrenadores principales estaban en los torneos AAU que se estaban disputando en Estados Unidos. Esos que han compuesto la ruta de mis jefes estos días, por cierto. Los equipos NCAA sólo disponen de un tiempo muy concreto, en el mes de Julio, para salir fuera a evaluar y reclutar jugadores. Desde universidades importantes hasta colleges bastante modestos, la representación era muy numerosa. Pude charlar con muchos de ellos, compartiendo información e impresiones. Algunos ya clientes nuestros, algún otro muy cerca de serlo.


Con los entrenadores NCAA de protagonistas me quedo con el momento que mejor recordaré desde el punto de vista personal. El primer día entraba al pabellón en busca de mi acreditación cuando oigo una voz que me dice: “you guys are doing a great job”. Era el entrenador de una universidad (aún no es cliente), que había visto la base de datos de coordino y me había reconocido, supongo, por el logo que lucía en mi polo de la empresa. Los que me conocéis sabéis que mantengo firmemente que “los polos no son ropa”, pero había que estrenar la nueva línea primavera-verano de NetScouts Basketball, requisitos del guión. Me pidió que nos reuniésemos durante el día y acabamos dando un buen paseo entre árboles y senderos alrededor del pabellón. La cuestión de todo esto: es muy agradable que valoren tan bien tu trabajo. Y nada tiene que ver con el ego. O quizá sí, no sé. Pero son muchas horas, en una situación y con un background muy concretos y nada fáciles. Representa mucho ver que vas por el buen camino.


El miércoles (mi último día en Wroclaw) me acordé de esa frase que muchos me dicen medio en broma, medio en serio: “que bien vivís los scouts”. Y me acordé justo cuando cruzábamos una zona industrial, ya bastante lejos del pabellón, a la que habíamos llegado en busca de algo de comida medio decente. Dos scouts, un director deportivo y un agente, todos de España, nos habíamos reunido para ir “de caza”. A cada lado de las dos entradas del Orbita Hall habían montado unos tenderetes en los que servían comida de dudosa calidad. Cosas típicas, carne y demás. Allí pude probar el pierogi ruskie que Patri me había recomendado fervientemente. La idea de ese pierogi estaba bien, la cantidad de aceite que llevaba ya me parecía discutible. Cansados de castigar a nuestros estómagos, la expedición hispana se decidió por entrar en campo abierto en busca de un lugar donde comer. Varias vueltas, dudas, un centro comercial que parecía demasiado lejano en el horizonte…Imaginaos como sería la situación para que nos alegrásemos una barbaridad cuando encontramos una gasolinera en la que servían alitas de pollo, paninis y cosas por el estilo. Hay que tener en cuenta además que todos habíamos pasado ya por el otro pabellón (perdón, nave industrial) y algunos habíamos tenido la desgracia de probar la hamburguesa del lugar. En mi caso, y viéndolo venir, traté de pedir ensalada al grito de “¡salad, salad!”. Pero nadie me entendía allí. Así que “hamburguer” me pareció mi mejor oportunidad de hacerme entender. Luego cuando descubres que ensalada (salad en inglés) se dice “salatski” en polaco no sabes muy bien si reír o llorar. Lo curioso es que después me comentaron que casi que había hecho bien, porque la ensalada estaba aún peor que la hamburguesa. Que ya es difícil.


Curioso episodio el de la gasolinera de Wroclaw, pidiendo la comida a señas y con la mujer que nos atendió empecinada en recoger la orden individualmente. Quiero decir: pedía uno, le cobraba y le hacía la comida. Y después otro, y otro…algo que nos demoró tanto que nos perdimos la primera parte del Serbia-Croacia. Afortunadamente conocíamos bien a ambos equipos y la pérdida no fue grave.


De la parte deportiva…pues ya habéis visto resultado y leído crónicas, supongo. De todo lo visto me quedo con la situación del equipo polaco. Una sensación nada buena y que me preocupa bastante. Me gusta mucho esa generación de jugadores y me apena bastante lo que está ocurriendo a su alrededor. Hay mucho talento y han alcanzado momentos de juego excepcionales. No puedo hablar de lo que está ocurriendo, pero me quedo muy intranquilo para el futuro a corto y largo plazo. Con los polacos exentos de problemas no tendría duda alguna para el papel de favorito y mejor equipo del torneo. Pero estos problemas creo que dejan a España como el mejor conjunto. El más maduro y con más talento general (que no pieza por pieza) para el momento presente.


Las numerosas bajas dejaron un torneo bastante deslucido. Con las ausencias se podía montar un quinteto ideal del torneo: Cvetkovic, Katic, Hezonja, Karasev, Saric, Len, Hotic, Wolf…. demasiado talento. Por momentos eché de menos a algunos de esos jugadores. Pero aún tenía muchos focos de atención y pude aprender mucho más sobre los jugadores más importantes, así como añadir algún otro nombre a mi “agenda”: El apartado laboral fue bastante bueno y pude realizar mi trabajo sin problemas, en un buen asiento a pie de pista, con mesa y conexión a internet disponibles. De nuevo, Gracias Rafal. Recordando como me he visto en algún que otro torneo, éste ha sido todo un lujo.




España, campeona del Europeo U18






Ya hemos pasado Pardubice y Kolin, por lo que queda poco para llegar a Praga. Se ha ido incorporando gente al tren y según nos acercamos a la capital checa es como si estuviese volviendo a la civilización tras horas de vagones vacíos y paisajes rurales. Así que me despido de vosotros en esta primera parte de la crónica de este viaje. En un rato comienza el segundo acto, ya en clave checa.


Siempre acompaño mis textos con una canción, aunque sean medias partes esperando ser complementadas por el final de la historia. Un primer capítulo. El sonido de un tren. Y un tema que siempre me ha evocado una escena como la vivida hoy…


Nos leemos pronto.









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