Miércoles, 23 de octubre de 2019
30.08.2019 - 01:46h. [ Comenta la noticia ]
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Mundial 2019: El Análisis de... Brasil, por Arnaitz Gorriti


Brasil, "o pais do futuro" desde tiempos inmemoriales, parece más centrado en el pasado en lo que se refiere al baloncesto. Un pasado no solo por la edad de buena parte de los seleccionados para el Mundial de China que se celebra entre el 31 de agosto y el 15 de septiembre, sino porque las expectativas no auguran estar en la pelea por las medallas.


A PROMESSA DE VIDA NO TEU CORAÇÃO, por Arnaitz Gorriti


Como si la opción de acceder a los preciados metales fueran producto de una ventana de buen tiempo en el Himalaya, parece que la verde-amarelha está lejos de acceder a tan altas cotas, después de desperdiciar, puede afirmarse así, una década casi entera, con pintiparadas opciones para una de sus mejores selecciones, en las fechas que van del Mundial de Turquía 2010 y los Juegos Olímpicos de Río 2016, dolorosa despedida y cierre para un grupo pensado para alcanzar su cénit en la cita ´carioca´, para terminar con el desencanto de un trampolín que no impulsaba, sino que ejercía de sima en la que caían las ilusiones del seleccionado brasileiro.



Pero la vida sigue y lo bueno del tiempo es que no se detiene, y estamos ante un nuevo Mundial. Y visto lo visto en el período preparatorio, Brasil ya no está entre los candidatos, ni siquiera outsiders, que puedan optar a los tres puestos del pódium. Estados Unidos, a pesar de sus ausencias, la cada vez más sólida Serbia –mucho más si logran recuperar a Teodosic a tiempo– y la Grecia de Antetokounmpo –mejor con Sloukas, en duda hasta el último momento– parecen los principales combinados destinados a repartirse las medallas, incluso en ese mismo orden. Las ausencias canadienses –otra historia de renuncias– y australianas, más la época transicional de selecciones como España o Argentina, Francia –más aún sin Heurtel– o de la propia Brasil, han variado el panorama de cara a la pelea por los metales.


Una lástima para un seleccionado como Brasil, cuarto en el medallero de la historia de los Mundiales de baloncesto con seis metales, dos de oro, dos de plata y otras dos de bronce. ¿Suena bien, verdad? Lo que no suena tan bonito es que el último metal de la verde-amarelha data de la cita de Filipinas 1978, un bronce en su penúltima aparición en semifinales, porque en España 1986 se quedó a las puertas del cajón al ceder ante los Estados Unidos en semifinales y caer por 117-91 ante Yugoslavia en la final de consolación; por no hablar de los oros de Chile 1959 y Brasil 1963. Es verdad, no todo el mundo puede presumir de un medallero tan abundante –y variado–, y potencias actuales como España, Argentina, Turquía o Lituania suman resultados más modestos en el histórico de esta cita. No obstante, esto es sólo mirar al pasado, porque el presente no vaticina aumentar la cosecha de medallas y el futuro... como siempre en Brasil, es mucho más venturoso que lo que luego se acaba concretando.


"Llevamos un período largo de falta de éxitos, pero soy optimista sobre que el baloncesto brasileño vuelva a tener el respeto que merece. Brasil adora el baloncesto y el pueblo siente la falta del baloncesto". Son palabras de todo un Oscar Schmidt Bezerra, leyenda absoluta del basquetebol brasileiro, en una reciente entrevista. El Hall of Famer sabe lo que es ganarle la batalla a un tumor cerebral y liderar un histórico triunfo sobre los Estados Unidos de los Panamericanos de 1987, una de las humillaciones más graves que padeció el gigante norteamericano y que impulsó a sus rectores a olvidarse de los universitarios y llamar a los profesionales de la NBA –aunque aún tardarían hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992–.


Oscar Schmidt


Pero eso también es pasado, y en Brasil esto del basquetebol empieza a tomar aires de gerontofilia y esclerosis. Materia prima hay, pero tendrá que esperar a citas posteriores, porque en este Mundial presenta un plantel de una media de edad de 30 años, con cinco jugadores entre los 35 y los 39 años: históricos como Marcelinho Huertas, Leandrinho Barbosa, Álex García –el "abuelo" de Brasil con 39 años–, Marquinhos Vieira y Anderson Varejao, un quinteto que perfectamente podría desenvolverse en los minutos de la verdad porque experiencia nadie les puede negar en esta clase de situaciones. Lo curioso es que el resto del plantel no llega a los 30 años. De mayor a menor, la selección la componen Vitor Benite –29 años–; Augusto Lima, Rafa Luz y Cristiano Felicio –27 años–; Bruno Caboclo –23– y los jovencitos Yago Mateus y Marcos Louzada –de 20 años– conforman un plantel de pura transición, siendo los descartes Jhonatan Luz, Lucas Dias y Rafael Hettsheimeir.


Entrenados por el croata Aza Petrovic, la selección sudamericana está ya en tierras chinas desde el pasado día 18, preparando una primera fase en la que, enclavado en el Grupo F, se enfrentará a Nueva Zelanda en su estreno el 1 de septiembre, para vérselas con la Grecia de Antetokounmpo el día 3 y cerrar la primera fase ante Montenegro el 5 de septiembre. Si los de Petrovic terminaran esta liguilla entre los dos primeros, se cruzarían con los dos primeros clasificados del grupo E –entre Estados Unidos, Turquía, República Checa y Japón–, donde, siendo realistas, parece estar el límite de Brasil a día de hoy, pero nunca se sabe.


GRANDES AUSENCIAS, BUENOS MIMBRES


A pesar de que el tono en la presentación de la selección de Brasil camine por sendas cautelosas, lo cierto es que Aza Petrovic cuenta con mimbres para competir en tierras chinas. Quizá por estar ante su penúltima oportunidad –porque en caso de obtener acceso, serán los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 donde de veras acabe el caminar de los más veteranos– los Huertas, Leandrinho y demás darán lo que les quede en su depósito. Algo innegable en una generación de jugadores que, aunque sin suerte, sí que han mostrado un inequívoco compromiso a la llamada de su seleccionado, al punto de que Álex García y Leandrinho Barbosa van a disputar su quinto mundial, después de debutar en el de Indianápolis 2002.


Marcelinho Huertas


En este Mundial de ausencias, Brasil tampoco podía prescindir de una, al menos. Raúl Neto, llamado a ser el "armador" titular de la verde-amarelha y flamante fichaje de los Philadelphia 76ers, ha tenido que renunciar por lesión, al tiempo que "Nené" Hilario tampoco está en la lista de Petrovic, y difícilmente se reenganchará ahora. Por otro lado, olvidarse de Tiago Splitter, con una retirada relativamente prematura a los 33 años por culpa de las lesiones, también sería pecado. Si el "caminante" de Joinville hubiera estado en plenitud física, sin duda hubiera tenido un hueco entre los 12 de Aza Petrovic –como lo hubiera tenido en Río 2016–, como bien se puede decir de un Anderson Varejao que en los últimos años ha dado un tremendo bajón en su físico, pero no en su valentía.


Son bajas que resienten el seleccionado brasileño respecto a su última actuación mundialista, una nueva decepción después de que, cuando por fin se habían conseguido librar de su bestia negra Argentina –con el mejor partido de "Raulzinho" Neto con la camiseta canarinha–, una horripilante actuación ante la Serbia de Sasha Djordjevic, con Milos Teodosic y Nemanja Bjelica como estiletes, mandó a Brasil fuera de la pelea por los metales en el Mundial de España 2014. El corolario fue ver a jugadores como Splitter totalmente desquiciados borrándose inesperadamente del partido cuando la ventaja serbia, pese al 84-56 final, ni mucho menos era decisiva en un desastroso tercer cuarto, cerrado con un parcial adverso de 29-12, rompía el partido. El propio Rubén Magnano, por inacción ante el desastre que ocurría ante sus ojos, también quedó retratado, quizá injustamente.


Aquel bofetón tan pero tan doloroso quizá no sólo eliminara a Brasil del Mundial 2014, sino que marcó la cruel eliminación de los todavía entrenados por Rubén Magnano en Río 2016. Ganaron a España, a la sazón plata olímpica, y Nigeria, pero perdieron ante Croacia, Lituania y, cómo no, Argentina, un 111-107 adverso tras doble prórroga en el que Nocioni, después de un historial de triples decisivos errados –recuerden el de las semifinales del Mundial de 2006 ante España o la final de consolación de Londres 2012 frente a Rusia–, mandaba el derbi sudamericano por excelencia al primer tiempo extra con un triplazo a pase de Campazzo, un Campazzo -autor de 33 puntos y 11 asistencias– que fue quien envió el duelo al segundo tiempo extra. En aquella cita mundialista, por cierto, Brasil cayó por 76-80 ante Croacia, una selección dálmata entrenada por aquel entonces por Aleksandar Petrovic, actual seleccionador de la canarinha.


Anderson Varejao


Una vez más miramos al pasado y Brasil, mal que bien, ha de mirar hacia delante. Sin duda, la ausencia de Nené Hilario ha hecho el retorno de Varejao. Pero como queda dicho, también hay savia nueva en esta verde-amarelha. Cierto es que el menudo Yago Mateus llega como sustituto de Raúl Neto, aunque parece estar tomándole la delantera a Rafa Luz. Pero de entre los jóvenes, quizás sean Bruno Caboclo y "Didi" Louzada los que más esperanzas y expectativas despierten, aunque pretender que vayan a llevar a Brasil a unas semifinales es injusto y iluso.


"Es importante cultivar el diálogo porque el jugador –de la NBA– siente que el seleccionador, siempre es consciente de lo que el jugador está haciendo en su equipo. Fue una pena no poder contar con Raulzinho –Neto– debido a una lesión, pero tuvimos un contacto muy agradable con él, –Cristiano– Felicio y Bruno –Caboclo–. Fue una victoria tenerlos a todos después del problema con Caboclo hace casi dos años. En la lista de 24 también incluí a Nene –Hilario–, haciéndolo sentir libre de decidir si quería o no estar aquí, pero como no tuve un sí de él para el 15 de julio, la fecha límite para enviar la selección, decidí llamar a los jugadores que están aquí», explicaba a este respecto Aza Petrovic, todo un experto en el uso de la mano izquierda y menos estricto, al menos en apariencia, que Magnano. Según parece, con éxito.


La relación de amor-odio de Caboclo con la selección es proverbial. Después de "borrarse" a cuenta de querer labrarse un futuro en la NBA, Rubén Magnano poco menos que lo tuvo vetado de la canarinha, desoyendo las súplicas de todo un Oscar Schmidt para readmitir a la oveja negra. Sin el argentino en el banquillo brasileño, Aza Petrovic ha hecho gala de su proverbial mano izquierda –y una cierta mayor libertad y menor encorsetamiento que el que proponía Magnano– para hacerse con un jugador puntal en los puestos de alero y ala-pívot, un puesto este último que parece que cobra fuerza otra vez, después de que la época de los grandes pívots –con Nené, Varejao y Splitter sembrando el terror en las zonas ajenas, pero colapsando la propia al no terminar de acreditar un tiro exterior fiable– parece cerrada para siempre.


Terminada parecía la etapa de Caboclo con Brasil tras un acto de indisciplina de la Copa América de 2017, en el que acabó borrándose. Resulta extraño ver cómo de gacha traía la cabeza a la concentración de Anápolis, tan callado y discreto, como tratando de pasar desapercibido después de un pasado díscolo. "He pasado página. Sé que la última vez actué de forma algo inmadura, pero ahora he cambiado de vida y estoy dispuesto a dar lo que se me pida por la selección de Brasil", declaraba el jugador de los Memphis Grizzlies en el arranque de la concentración. Veremos si dura esta nueva imagen de un Caboclo más centrado; por lo pronto, Petrovic tuvo palabras de elogio a su trabajo en los intensos días de preparación en Anápolis, sabiendo repartir palos y zanahorias para ganarse adeptos a la causa.


Bruno Caboclo


Lo cierto es que sus 206 centímetros, su tiro y su versatilidad van a venirle de perlas a Aza Petrovic. Con bastante más talento que Marquinhos Vieira –que, como tantos otros, ha variado su posición en la cancha del alero al ala-pívot–, Caboclo ofrece juventud, físico y la opción de ampliar la cancha a Brasil, una carencia esencial en estos últimos años en los que la verde-amarelha ha adolecido de una excesiva falta de tiro y de un "cuatro" auténtico que rindiera al máximo nivel, con el debido respeto a un Guilherme Giovannoni –que divide su tiempo defendiendo los colores del Corinthians mientras ejerce de comentarista de la NBA para ESPN– que nunca tuvo el físico apropiado para tamaña exigencia, a pesar de su innegable clase.


Carlos "Didi" Louzada es la otra gran bocanada de aire fresco de Brasil. Recientemente elegido en el Draft de la NBA, número 35, en la segunda ronda, elegido por los Atlanta Hawks aunque traspasado a los New Orleans Pelicans, lo cierto es que el escolta nacido en Cachoeiro de Itapemirim defenderá los colores de los Kings, los Sidney Kings de la NBL australiana, un buen lugar donde foguearse antes de dar el salto a la NBA, después de dar una imagen aseada en la Liga de Verano norteamericana. Con su 195 centímetros, Louzada es un escolta de cierto atleticismo, pero que no padece ese falta de altura de los Álex García, Benite o Leandrinho. Capaz de echar el balón al suelo o de tirar, Petrovic puede encontrar en este joven jugador un buen desatascador exterior.


LA DOCTRINA DE PETROVIC


Aleksander Petrovic es un viejo conocido del basket, y no sólo por ser el hermano mayor del llorado Drazen. Su carrera como jugador y como entrenador le dotan de personalidad propia al de Sibenik, un entrenador de un perfil mucho menos estratega de la escuela balcánica, como pudieran ser los Zeljko Obradovic o, entre los preparadores croatas, Velimir Perasovic. Mucho más influenciado por la "subescuela croata" de Mirko Novosel, Petrovic es poco amigo de los corsés tácticos y sí de dar cierta carta blanca a los jugadores, siempre y cuando estos tengan la aptitud necesaria para saber leer el juego y el contexto, clave en el famoso "juego libre" balcánico, en el que esa libertad precisa de control pero sobre todo, de un profundo entendimiento de lo que sucede en el parqué y en el vestuario.


Las ventanas FIBA han servido para que Petrovic haya ido introduciendo cambios en el seleccionado brasileño, a tal punto que el de Sibenik es de los pocos que se ha manifestado abiertamente a favor de estas ventanas tan engorrosas para otros muchos, porque la mejor parte de los planteles de cada selección se ha visto atascada en la NBA o en equipos de la Euroliga que han impedido –el calendario no les permitía– dejar marchar a sus jugadores –salvo contadas excepciones–.


Aza Petrovic


"Con las ventanas hemos tenido la oportunidad de poner en cancha a jóvenes jugadores que hasta ahora no habían tenido la oportunidad de representar a su país. Tenemos jóvenes jugadores con mucho talento. Estábamos sin Huertas ni Neto y brilló Yago Mateus –o Yago Dos Santos–, que apenas tiene 20 años. Pocos pensaban que podía rendir a este nivel. También tenemos a Lucas Diaz, de 21 años, a quien nadie había dado una oportunidad en la selección y los dos lo hicieron muy bien ayudando a renovar esta selección", declaraba Petrovic después de que la verde-amarelha brillara en los partidos de estas ventanas, sumando además muy buenas entradas de público en los pabellones.


Conocido por manejar sus equipos con mucha mano izquierda, Petrovic ha logrado integrar al díscolo Caboclo y recuperar a veteranazos como Varejao o Leandrinho para la causa, manejando un discurso en el que siempre intenta aglutinar pasado y futuro en un presente lleno de dudas. "Que los más jóvenes vean entrenar a Barbosa o Varejao les ayuda mucho para aprender lo que se necesita para ser un gran jugador", explicaba, al tiempo que remataba su condición de entrenador diplomático afirmando que «estas ventanas de Esperanza suponen el inicio de una nueva era en Brasil".


Brasil disputaba siete partidos de preparación, los dos últimos especialmente accidentados tras su llegada a Guangzhou, ya en tierras chinas, en un doble duelo frente a la selección anfitriona. Los dos primeros, en Anápolis, se cerraron con sendos triunfos ante Uruguay –por 100-53 y 103-82, respectivamente–, mientras que el triangular de Lyon, en Francia, se saldó con triunfo por 82-89 ante Argentina y derrota frente a Francia por 86-72. En Nanjing, los de Aza Petrovic derrotaban a Montenegro –sin Vucevic– por 80-69.


Evidentemente, los partidos de preparación, más allá decidir los descartes, son para preparar el Mundial. De esta guisa, se pudo ver que en el partido ante Argentina Aza Petrovic hizo jugar no menos de 14 minutos y medio a 10 jugadores, quedándose Rafa Luz sin saltar a la cancha y Augusto Lima con una presencia testimonial, mientras que quien más jugó fue Marcelinho Huertas, pero no más de 23 minutos y medio. Salvo una radical apuesta por una rotación larga –algo plausible teniendo en cuenta el frágil físico del quinteto de veteranos brasileños–, no parece que Petrovic esté enseñando todas sus cartas. Pero de creernos este modelo, podemos hablar de una anotación muy repartida, con hasta cinco jugadores anotando entre 10 y 15 puntos –Varejao, Caboclo y Huertas entre los titulares; Barbosa y Benite entre los reservas–, con buenos porcentajes de tiro –curiosamente, lanzaron peor desde la línea de tiros libres que en juego– y con los veteranos sumando más asistencias que nadie, especialmente para situaciones de triple tras pick and pop –muchos más triples frontales que desde las esquinas–.


Vitor Benite


Por contra, ante Francia Petrovic dio la titularidad a Hettsheimer para descartarlo después, y a un Vitor Benite que suele partir del banquillo usualmente. El propio Yago Mateuso Neymar do Basquetebol, según parte de la "torcida"– tuvo más presencia que Huertas y, aunque estuvo en partido hasta los últimos minutos, se puede decir que el preparador croata no quemó todas sus naves para buscar la victoria.


Ante Montenegro, que también dio descanso a Vucevic, la selección brasileña decidió no dar minutos a Leandrinho Barbosa, algo que aprovechaba Vitor Benite, uno de los más destacados de la preparación, para irse a los 21 puntos y ser el artífice de la victoria, junto con unos 18 puntos y ¡16 rebotes! de un Varejao que reverdecía viejos laureles.


En estos últimos partidos así Rafa Luz como sobre todo Álex García, que causará baja en los primeros envites del Mundial, han padecido diversos problemas físicos. Así, Luz causaba baja en varios partidos hasta retornar, y con buen tono, en el último partido frente a China, por culpa de una torcedura de tobillo. En el caso de García, amén de que sus 39 primaveras exigen que se ande con cuidado, ha padecido una contractura en el muslo izquierdo, motivo por el cual sólo jugó tres minutos en el primer triunfo brasileño ante China –90-84–, mientras que el retorno de Rafa Luz supuso un extra de intensidad en defensa para superar al gigante asiático por 73-70 en el último partido de los de Aza Petrovic.


A cuenta de estos contratiempos, el de Sibenik se ha visto obligado a hacer virguerías para ir casando el juego de sus muchachos, amén de rotar también los descansos –por ejemplo, Didi Louzada no jugó en el último partido por decisión técnica–, lo que ha provocado sensibles altibajos en el nivel del juego canarinho. "Jugamos 25 minutos de un gran baloncesto –llegando a disponer de hasta 17 puntos de diferencia– pero en el último período redujimos la velocidad y permitimos que China volviera al partido. Estando a punto de comenzar el Mundial, tenemos que recuperar a algunos jugadores y corregir los últimos errores para que podamos estar todos juntos el próximo domingo", dijo Petrovic tras el último ensayo general de la verde-amarelha.


Más que nunca, en el contexto de una Brasil en plena reconstrucción, los jugadores y el entrenador deberán buscar la sintonía óptima, y sobre todo no dejarse derrotar por sus limitaciones autoimpuestas. Parece que el esplendor de esta selección de Brasil se ha ido para no volver, al tiempo que los más jóvenes deben estar aún lejos de su techo; la lógica dice que solo un buen juego en equipo puede suplir esas aparentes carencias, y ahí debe entrar la doctrina de Aza Petrovic, con su capacidad de sacar lo mejor a sus jugadores.


Cristiano Felicio


"Es un tipo de entrenador distinto al que he conocido hasta ahora", admitía Cristiano Felicio, uno de los jugadores más importantes de la segunda unidad brasileña, visto lo visto, porque tendrá que dar descanso a Varejao y hacer olvidar a Hilario y Splitter. "Es un jugador que habla con todo el mundo y al que le gusta jugar en transición. Siempre está hablando con algún jugador, preguntándole cómo está creando un ambiente más ligero que creo que nos puede ayudar para cuando lleguen los partidos", explicaba el jugador de los Chicago Bulls.


"Tengo facilidad para conectar con los jugadores", respondía el propio técnico de Sibenik. "Puede que, como exjugador, sepa cómo funciona mejor, pero también creo que en este momento los jugadores saben exactamente en qué línea y límite tienen que trabajar duro y cuándo pueden relajarse", añadía. En ese sentido, hacer que case una marcada mezcla de generaciones es su principal deber, ahora que en octubre se cumplirán dos años de su llegada a la selección brasileña. "Este Brasil va al Mundial sin ninguna presión. Vamos a China para disfrutar, al principio, de los tres partidos contra Nueva Zelanda, Grecia y Montenegro y luego es una obligación para calificarnos para la segunda fase. Pero no queremos pasar solo por pasar. Tenemos que pasar a la tercera fase. No pongo límites adonde vamos, pero creo que es mejor así, sin demasiada presión, aunque creyendo que podemos vencer a todos", explicaba sobre el torneo en cuestión, pero con un punzante corolario para, palabra mágica, el futuro de la verde-amarelha.


"El futuro del baloncesto brasileño es enorme, pero tenemos que cambiar la forma en que jugamos. Aquí el juego es muy individual. Somos buenos con la pelota pero necesitamos ser más colectivos cuando no la tenemos. Necesitamos implementar un estilo más colectivo porque los atletas, los fundamentos y el dribbling que tenemos. Aquí todos tiran bien, pero pasar la pelota y jugar colectivamente no existe".


Así las cosas, Augusto Lima y Rafa Luz parecen los jugadores llamados a ser quienes menos jueguen, o al menos reservarlos para un papel especialista y de sustitución si las faltas o los problemas físicos acucian a otros compañeros, mientras que parece decantarse por Marcelinho Huertas la titularidad en el puesto de "armador", con Álex García aportando trabajo y los jóvenes Didi Louzada y Caboclo flanqueando a Varejao en el quinteto titular. Por primera vez en años, Brasil tendrá espacios en la zona, dejando a un veteranazo como Leandrinho la labor de revulsivo con su verticalidad y Vitor Benite con su tiro. Mientras, Yago Mateus intentará ponerle un extra de imaginación al puesto de base suplente, Marquinhos Vieira ejercerá cada vez más de "cuatro" a tiempo completo, desplazando a Caboclo al "tres" si Petrovic apuesta por un quinteto alto –sobre todo si los hace coincidir con Louzada–, con Felicio como el pívot suplente de Varejao, o quizá el titular si el ex de los Cavs baja su rendimiento físico.


Didi Louzada


Más que nunca, Brasil deberá "buscar sinergias" –si es que eso significa algo– para que la bizca mirada entre el pasado y el futuro halle un punto de encuentro en el presente. Es decir, hacer que funcione desde el primer día una mezcla tan marcada de veteranos en el tiempo añadido de su vida deportiva y de novatos que todavía no pueden asumir la responsabilidad de una potencia baloncestística que aspira a volver a ser grande después de quedarse tantas veces a las puertas.


Lo cierto es que la cita mundialista llega o muy pronto o muy tarde para Brasil, tan pronto o tarde como llegará la cita olímpica de Tokio, si es que Brasil logra meterse entre los participantes. Pero la vida sigue y en China se vivirán los últimos días de un verano largo, larga como una travesía del desierto y que ahora, casi a contrapié. Quizá, pues, no sean los resultados lo que Brasil deba juzgar, sino ver si su juego tiene alguna coherencia lógica y sirve para remontar el vuelo. No en vano, es "o pais do futuro", pero alguna vez ese futuro deberá tener un horizonte cercano, como lo pudo tener en el período entre 2010 y 2016. Larga ha sido la travesía y la incertidumbre es grande, por mucho que la preparación brasileña parezca ir por buen camino. Y además, quedan la esperanza y la música; como cantan Elis Regina y Tom Jobim en la fabulosa "Águas de Março" –concesión al Cono Sur–, "Es un palo, una piedra / Es el fin del camino / El resto de un tronco / un poco solito / Son las aguas de marzo / al final del verano / la promesa de vida / en tu corazón".


 


 




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