Miércoles, 29 de enero de 2020
28.11.2009 - 18:52h. [ Comenta la noticia ]
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NCAA Profiles: Patrick Patterson (Kentucky)


#54 Patrick Patterson


Washington D.C. 14/03/1989
2´03” – Ala-pívot
Kentucky Wildcats




Rara avis. Un hilo de esperanza. En tiempos en los que las cabezas locas y los egos desproporcionados van poco a poco invadiendo las canchas de baloncesto, Patrick Patterson es uno de esos jugadores a los que todavía se puede admirar tanto dentro como fuera de la pista. Trabajador, comprometido, maduro. Un gran tipo. Un tremendo jugador.


Patrick creció en Huntington, West Virginia, punto casi estratégico, a mitad de camino entre Lexington (Kentucky), Columbus (Ohio State), Blacksburg (Virginia Tech), Cincinnati y Morgantown (West Virginia). Poderoso atleta, su progresión como jugador de baloncesto acompañaba de forma coherente al desarrollo de un físico casi privilegiado. En Huntington High School, donde compartió año senior con O.J. Mayo, se convirtió en All-American, y las cartas de las más prestigiosas universidades se acumulaban en el buzón de su casa. Apuró su decisión hasta el final, consciente de la importancia de su destino tanto en lo académico como en lo baloncestístico. Nada más comenzar el instituto, la universidad de Marshall, localizada en la misma Huntington, se apresuró por hacerse con sus servicios, prometiéndole un ambiente y un equipo donde sobresalir durante una temporada y así dar el salto a la NBA. Pero los Patterson, padres e hijo, tenían claro el objetivo. No todo en la vida es baloncesto, y Patrick buscaría alcanzar un graduado en Comunicaciones en tres años. Sólo entonces sería el momento de convertirse en profesional. Esperó hasta última hora para tomar su decisión. Descartaba las ofertas de Duke, Florida, Wake Forest y West Virginia, entre otras, para tomar la interestatal 64 camino de la cercana Lexington. Sería un Wildcat a las órdenes de Bill Gillespie.





Desde el primer momento quedó impresionado por la Big Blue Nation. Por la pasión por el equipo, por la magnitud de cada situación. También por su exigencia. Patterson se convirtió pronto en una figura especial en el campus de Lexington. Por su comportamiento tanto en la cancha (16’4 puntos y 7’7 rebotes en su temporada freshman) como fuera de ella. Siempre inmerso en actividades colectivas y voluntariado, se ganó el cariño de la afición gracias a su trato cercano y humildad. Mientras otros jugadores a su edad se metían en problemas. Patrick acababa cenando en casa de una de sus alumnas de las clases de conducción que impartía de forma voluntaria, compartiendo mesa y experiencias con la agradecida mujer y los impresionados marido e hijos, apasionados de Kentucky. O visitando a una de sus amistades forjadas a través de largas conversaciones por Facebook, una niña que esperaba en el hospital un doble trasplante de pulmón.



Durante su anio sophomore continuó mejorando como jugador, promediando 17’9 rebotes y 9’3 rebotes, progresando en múltiples facetas del juego. Pero la situación de Kentucky era complicada. Los resultados eran malos y la imagen del equipo, liderado por Patterson y Meeks, quedaba muy lejos de lo exigido por la afición y la directiva de los Wildcats. Bill Gillespie era despedido y se esperaba una revolución dentro de un equipo perdido en una dinámica negativa. Fue entonces cuando Patrick pensó que lo mejor era presentarse al draft. Diferentes mocks le colocaban entre los veinte primeros, una buena señal. Mientras tanto, John Calipari aterrizaba en Lexington, y se confirmaban los recruits de DeMarcus Cousins, Daniel Orton y, sobre todo, John Wall. De repente, Kentucky se convertía no sólo en el gran foco de atención del baloncesto universitario, sino que se abría paso dentro del grupo de cabeza de la competición.


Patrick se refugiaba en el cobijo de Tywanna, su madre, y compartía con su familia la evolución de la situación en pos de tomar la decisión correcta. Su rendimiento académico había sido excelente, y tenían en su mano conseguir graduarse en tres años. “I want to make my family proud”, confesaba. Nunca le importó ser el foco de atención de las cámaras, nunca buscó ser el protagonista, por lo que la llegada del fenómeno Wall no le incomodaba en absoluto. Un entrenador de prestigio, un equipo ganador, un rol importante, la posibilidad de seguir mejorando como jugador y una titulación académica esperándole. La decisión no podía haber sido otra. Patterson descartaba presentarse al draft y volvía a UK para su temporada junior.





Patrick Patterson encaja a la propuesta de juego de Calipari, en la que además parece que va a desenvolverse en situaciones hasta entonces nuevas para él. En los primeros partidos de temporada hemos visto como en muchas jugadas salía al poste alto para convertirse en el catalizador del juego de su equipo, abriéndose a una de las esquinas en ocasiones para recibir y lanzar (uno de sus puntos débiles, y objetivos a mejorar este anio) o entrar a canasta. Pero de momento sigue haciendo más daño siendo el jugador que ya es. Ese físico portentoso, todo potencia, que se mueve con agilidad y rapidez en la pintura generando juego para sí mismo y para sus compañeros. Sus movimientos de pies no son para nada excelsos, pero si lo suficientemente rápido y coordinado para generar ventaja suficiente para finalizar las jugadas en las cercanías del aro. Allí es agresivo, atacando la canasta con vehemencia, aunque desarrollando tacto y puntería en sus cada vez más utilizados ganchos y lanzamientos en movimiento lateral.


Sigue teniendo algunos problemas en el juego sin balón, pero su lectura de las situaciones es cada vez mejor. Gana la posición por músculo y actividad frenética en el poste bajo, siendo una pesadilla para sus defensores. Sale muy bien a bloquear y continúa las jugadas hacia el aro de forma magnífica, lo que le convierte en una gran pieza para el pick&roll. No es nada egoísta, y tiene una visión de juego más que decente, permitiéndole buscar al hombre abierto para el tiro o el corte a canasta cuando recibe ayudas en la pintura. Produce para sí mismo y para sus compañeros, dando muchísimas posibilidades al ataque de su equipo. Su repertorio ofensivo se completa con las llegadas en transición, corriendo muy bien la cancha, y las segundas acciones tras rebote ofensivo. Carga muy bien el rebote en el aro rival, y tiene la colocación, intensidad y precisión necesarias para puntear o capturar multitud de rechaces. Reboteando es cada vez más dominante, ganando la posición o llegando desde fuera.


Patterson tiene dos problemas principales. El primero es su exceso de pasión e intensidad. Excesivamente revolucionado a veces, se precipita en ocasiones perdiendo balones o cometiendo faltas tontas. Tanto en ataque como en defensa. Es precisamente la defensa su segundo problema. Tiene problemas para emparejarse con pívots hábiles bajo tableros, y su exceso de celo le lleva a perder la posición o saltar al tapón a la primera finta que le hacen. Cuando encuentra un timing adecuado, es un gran intimidador, pues si bien no va sobrado de centímetros, sus brazos son muy largos y su salto vertical es notable. Debe ser más inteligente y aprender a leer las situaciones defensivas.





Como decimos, Patterson no es demasiado alto para ser el jugador interior casi puro que es, sobre todo de cara a la NBA. Para él resulta una necesidad, y puede que una cuestión de supervivencia, ser más multidimensional en su juego. Tiene que ser capaz de salir fuera a lanzar con solvencia. Para ello, además de ganar puntería debe modificar ligeramente su mecánica de tiro, pues suelta el balón a demasiada poca altura, lo que hace fácilmente defendible su lanzamiento. No es nada torpe en el dribbling, pero debe seguir mejorando. Debe ser en definitiva un cuatro más móvil y una mayor amenaza de media-larga distancia. Y es que, incluso, podría convertirse en un alero NBA, pues su físico está preparado para desenvolverse bien en ello en ambos lados de la cancha.


Esta será, salvo cambio inesperado, su última temporada en la NCAA. Buscando el campeonato nacional y con una sólida candidatura para estar en el quinteto All-American a final de curso. Con su anhelado graduado bajo el brazo y un valioso aprendizaje en su estancia en Lexington, la parte alta del draft le espera. El futuro de Patterson promete poder premiarle por todo aquello que es dentro y fuera de una pista de baloncesto.






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Noticia publicada por Alejandro González

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