Viernes, 14 de diciembre de 2018
La Opinión


02.03.08 | Meej (1963 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Billy Paultz, el Mito Improbable (2ª parte)


Cuando traspasaron a Paultz a los San Antonio Spurs en 1975, parecía que sacarle de su ciudad justo cuando estaba más integrado, cuando había abierto su propio local (llamado “The Salty Dog”) y cuando un grupo de aficionados había sacado una pancarta en el Nassau Colisseum que decía “Welcome to Paultz’ Palace” era justo el tipo de cambio que hunde a un jugador. Especialmente a uno que se estaba abandonando y cuyo peso se había disparado hasta una cifra próxima a los 140 kilos. Sin embargo, Billy Paultz afirmó inmediatamente que el cambio tenía su lado positivo, al alejarle de distracciones externas y permitirle centrarse en el baloncesto. “The Whopper” adelgazó diez kilos, fue el máximo taponador de la ABA y volvió al All Star. Los Spurs pusieron en cancha uno de los frontcourts más impresionantes de la liga, con Billy Paultz, Larry Kenon y Coby Dietrick. Incluso crearon una jugada especial, “the whopper play”, en la que George Gervin lanzaba el balón al tablero del lado de Paultz para que éste cogiera el rebote y anotara (siempre sin bajar el balón).


Pareció que sus días tocaban a su fin cuando se unió a los Houston Rockets. Iba a ser el suplente nada menos que de Moses Malone, la gran estrella de la franquicia, garantía de pocos minutos. Pero una vez más terminaron recurriendo a “the Wopper” cuando Del Harris optó por hacer jugar a la vez a Malone y Billy Paultz, que juntos llevaron a los Rockets a la final de la NBA. Malone era la estrella, pero el ojo atento podrá percibir cómo constantemente los rivales fallaban tiros fáciles o perdían balones tontos cuando Billy Paultz estaba cerca, con aspecto inocente. Es probable que ningún otro jugador le haya sacado tanto partido a los diminutos uniformes de la época, enseñando carne sudorosa para desanimar los contactos con el rival. Estaba todo muy pensado.





Billy Paultz era además un bromista empedernido en el vestuario. En una liga tan joven como la ABA había ejercido de “líder veterano” desde los 25 años, y a estas alturas cada vez los equipos buscaban más esa virtud. Volvió a coincidir con Barry en los Rockets, y un día el entrenador pidió que hiciera un ejercicio de visualización, imaginando que metían todos los males del equipo en una bolsa y la tiraban al río. Al abrir los ojos, Paultz exclamó “Del, no ha funcionado, Rick Barry sigue aquí”. Durante su última temporada en Utah Jazz, Frank Layden recordaba un día de navidad en el que el equipo se quedó aislado en un aeropuerto por la niebla, con la moral por los suelos. Billy Paultz y Rich Kelley desaparecieron discretamente, y volvieron una hora después: habían alquilado un coche para viajar a la ciudad, comprar cerveza, refrescos y pizza, y montar una fiesta improvisada en el aeropuerto para animar a sus compañeros. “Ésa es mi definición de ser un líder”, comentó Layden.


Cuando llegó al equipo, Paultz le había dicho al entrenador que no se preocupara, que él siempre entraba en playoffs (algo que los Jazz aún no habían logrado desde su creación). Tenía truco, claro: cuando los Rockets traspasaron a Malone para ir a la lotería, el bueno de Billy se las arregló para que lo cortaran y poder volver a los Spurs como suplente de Artis Gilmore, su antiguo rival. Pero también tenía su punto de verdad; los Jazz no sólo entraron en playoff, sino que dieron la campanada eliminando a los Rockets en el que sería ya sí el último momento de gloria del “Whopper”. En el último partido de la serie, los Jazz sacaron al semi-retirado Billy Paultz para que hiciera lo que pudiera frente al jovencísimo Olajuwon. Y vaya si pudo, alternando codazos con pellizcos con tirarse al suelo para provocar la falta en ataque hasta que el entonces nigeriano se hartó y lo derribó de un golpe. Los árbitros no lo expulsaron, que es con lo que contaba Paultz, pero la agresión impune sublevó los ánimos de sus compañeros que se lanzaron a un parcial 23-12 y a la victoria en el partido y en la serie.


Fue seguramente el final más apropiado a su carrera. Lo suyo hubiera sido verlo aún un par de años más en Italia, donde menudeaba el fetichismo hacia los pívots voluminosos con pasado NBA. Es lo único que podría faltar a su carrera, pero su único intento se frustró por causas no muy claras: parece ser que estuvo a prueba el verano antes de firmar con los Jazz, pero lo descartaron alegando algún tipo de afección cardiaca totalmente incongruente con el hecho de que aún pasara otro año en la NBA. Quizás el club temió que un jugador de su aspecto terminara por el suelo con una angina de pecho al segundo partido, quizás el jugador recibió la oferta de Utah y buscó una excusa para volver a su país. Quién sabe.


Yo sólo sé que si hubiera podido elegir o soñar una carrera como jugador, la suya es la carrera que hubiera elegido o soñado. Con el gancho sin saltar, con el pelo que parecía rubiasco en las fotos en blanco y negro pero oscuro en las fotos en color, incluso con la papada, qué demonios. No necesita moverse rápido quien ya está en el lugar correcto.



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