Lunes, 20 de mayo de 2019
La Opinión


05.06.09 | Pedro Serrano (1463 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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CB Murcia 08/09: Por los pelos (I)


A lo largo de veinticuatro temporadas, los fieles (y nunca suficientemente reconocidos) aficionados del CB Murcia han vivido con intensidad los azarosos tambaleos del equipo de sus amores, los ascensos y descensos, la lucha agónica por mantenerse en la máxima categoría y el papel de serio aspirante en la segunda liga del basket nacional. Pero de todos los acontecimientos que han zarandeado al CB Murcia, quizá el más traumático haya sido la salida de la empresa Polaris World. El club murciano caminó sobre el alambre y sin red durante el mes de junio de 2008, y gracias al trabajo de los gobernantes (de unos más que de otros), al compromiso de algunas empresas (unas más formales que otras) y a la ilusión de los aficionados, Murcia salvó el match-ball "in extremis". Entonces inició un camino deportivo plagado de problemas, algunos derivados de su difícil situación económica y otros no, que le llevaron a jugarse la permanencia en el último segundo del último partido de liga, y en la cancha de uno de sus más encendidos rivales. Podemos decir, por tanto, que entre junio de 2008 y mayo de 2009 el CB Murcia ha vivido en un "por los pelos" constante, y lo peor es que, al momento de escribir estas líneas, el culebrón sigue abierto. Sabíamos que este año sería duro, pero no nos imaginamos que lo sería tanto.


- La segunda piedra del camino: planificar muy tarde


Un análisis sobre la temporada 2008/09 del CB Murcia debía comenzar por fuerza con ese "background" económico, y si la primera piedra del camino fue la amenaza de desaparición, la siguiente (derivada de aquella) fue la tardía salida al mercado del equipo murciano. Limitados en presupuesto y en tiempo, Paco Guillem (Director Deportivo) y Manolo Hussein (entrenador) buscaron fichajes que cubrieran las bajas de Gavel (Aris), Hunter (CB Granada), Risacher (Chalon), Kammerichs (Regatas de Corrientes), Roe (Bruesa) y Triguero (Cajasol), y que acompañaran a los jugadores que seguían en el equipo: los bases Thomas y Marco, el escolta Robles, el alero Opacak (repescado a última hora), y los ala-pivots Fajardo y García. Con cuentagotas se fueron incorporando el veterano base Gonzalo Martínez (Estudiantes), el inédito escolta Taquan Dean (Casale Monferrato), el alero Bojan Bogdanovic (cedido por el Real Madrid), el ala-pivot Chris Moss (Menorca), y los pivots Lamont Barnes (León) y Jesse Young (Estudiantes). Quizá porque nuestras expectativas fueran todavía menores, o quizá porque aún teníamos el miedo a la desaparición metido en el cuerpo, a muchos nos pareció un equipo digno de luchar por la permanencia con otras cuatro o cinco plantillas de la ACB. Nadie en Murcia, en contra de lo que Hussein afirmaba en su última rueda de prensa de la temporada, pensó que este equipo podía hacer algo distinto de pelear por salvarse en la exigente liga española. Ahora bien, tanto a los jugadores como al propio técnico se les había de exigir lo mínimo exigible: pelear, y hacerlo con todas sus fuerzas.


- La máquina no arranca


Fuenlabrada mostró sus cartas en el primer partido de liga, mientras que Murcia no llegó a jugar siquiera. La falta de ritmo y la espesura ofensiva habían sido evidentes durante la pretemporada, pero sobre todo se echaba en falta más compromiso en defensa, característica fundamental de los equipos de Hussein. Que no se hayan asimilado los conceptos o que la pólvora esté mojada en ataque es normal en el inicio del año, pero no hay excusas para no doblar la espalda y morir en defensa. El carácter aguerrido que se vendió como principal argumento, a falta de una mayor calidad, no se veía por ninguna parte. El primer triunfo tardó cuatro jornadas en llegar (78-70 a Menorca). Sin embargo, en el primer tercio de liga ya vislumbramos que Gonzalo estaba demasiado maduro, que Bogdanovic estaba demasiado verde, que Moss aún estaba en su isla, que Dean iba a ser uno de los descubrimientos del año y que Hussein seguía sin confiar en Opacak, a pesar de haberlo repescado. También intuimos que el nefasto juego del equipo lejos de Murcia se iba a perpetuar en esta temporada. Si alguien en diciembre nos hubiera dicho que este año, el CB Murcia (con esta plantilla) iba a ganar más partidos fuera de casa que el año pasado, y que además iba a certificar la permanencia venciendo en cancha ajena, no nos lo hubiéramos creído de ningún modo.


- Más piedras


Jugando mal y perdiendo claramente contra rivales directos fuera de casa, y jugando regular y perdiendo también claramente contra rivales potentes en su propia pista, el CB Murcia dio leves y esporádicos síntomas de funcionamiento, lo que le sirvió para lograr 3 victorias en 11 partidos (Menorca, Bruesa y Cajasol) antes de entrar en el mes de diciembre. En la jornada 10ª se produjo la derrota más amplia y vergonzante de la historia del CB Murcia, 45 puntos de desventaja ante el TAU en Vitoria, y en el siguiente encuentro en casa el equipo murciano ofreció un penoso rendimiento para caer con claridad frente a Bilbao. A pesar de todo ello, el devenir del resto de equipos colaboró en la situación de relativa tranquilidad y moderada calma del club murciano.


Entre tanto, se confirmó que Hussein no confiaba en ninguno de sus dos aleros: Bogdanovic y Opacak calentaban el banquillo hasta prenderle fuego. Lo mismo sucedía con José Antonio Marco y Óscar García. Moss aún no llegaba, Jesse Young no salía de una lesión y se metía en otra, Barnes no jugaba todo lo que nos hubiera gustado, y ni Fajardo ni Robles sumaban con la regularidad con la que suelen hacerlo. El talento ofensivo de Thomas y de Dean daba frutos positivos dentro de la anarquía aparente, pero no parecían recursos de peso para alcanzar la difícil misión de permanecer otro año en la ACB.


En la primera semana de diciembre, Gonzalo Martínez, en un arresto de dignidad deportiva, admitía que ya no estaba para estos trotes y colgaba las botas. Las implicaciones de su decisión fueron variadas (y no todas positivas), pero al menos permitió al CB Murcia contar con algo de dinero en caja para encontrarle sustituto. Así fue como desembarcó poco después Donatas Slanina, un clásico de la ACB. El letal tirador lituano llegó algo pesado y con el punto de mira obstruido. Tardó demasiado en coger la forma, pero desde el primer día se vio con claridad de qué pasta está hecho: su carácter competitivo y ganador, su capacidad de liderazgo y su conocimiento del baloncesto elevaron los quilates del CB Murcia.


- La gran piedra y un pie sobre el abismo


El triunfo ante Cai fue el único respiro, pero sin duda, entre diciembre y febrero se vivieron los peores momentos de la temporada y se tocó fondo en todos los aspectos. Las sensaciones del CB Murcia sobre el parquet eran poco menos que lamentables, la actitud de algunos de los componentes de la plantilla era indolente y casi bochornosa, y la desidia parecía haberse contagiado a la dirección técnica y al palco de autoridades. La bomba estalló a principios de 2009, cuando un medio de comunicación local se hacía eco de una amenaza de plante por parte de algunos jugadores de la plantilla, debido al retraso en el pago de los derechos de imagen. En concreto, y según dichas informaciones, los jugadores de origen norteamericano anunciaron su intención de no entrenar hasta que cobraran lo adeudado, y esa noticia saltó a la luz la misma semana que el Kalise infringía la enésima paliza al equipo rojiblanco en Las Palmas. Le siguió otra paliza, esta vez en Badalona, y más tarde fue Fuenlabrada quien mojó la oreja al CB Murcia ante su afición. Un palizón en el Palau Blaugrana (39 puntos de desventaja) precedió al día del desastre total: Estudiantes venció en Murcia por 21 puntos arrollando a una caricatura de equipo, a una plantilla dividida, sin sangre y sin un sentido elemental en su juego. Por aquellos meses las caras de los jugadores y del entrenador lo certificaban, algo olía mal en ese vestuario y se notaba a la legua. Incluso pudimos ver a un desesperado Donatas Slanina gritándole a Hussein aquello de "¡No jugamos a nada!".


Parecía que el CB Murcia había echado el cierre, y claro, el público estalló contra el entrenador y el presidente. Tal vez hubo personas dentro del club que no lo entendieron, pero desde luego, un servidor lo entendió perfectamente. Como ya dije en su momento, sólo el compromiso que me une a los lectores de basketme.com evitó que me levantara de mi asiento el día del partido contra Estudiantes, y que me fuera corriendo del Palacio de los Deportes como quien huye de la peste. Jamás se me había pasado por la cabeza algo semejante en todos los años anteriores (y ya son unos cuantos). Las cinco derrotas consecutivas después del triunfo sobre el Cai, pero sobre todo, el modo en que se produjeron, llevaron a la afición a pitar a su equipo, gritar y exigir cambios y soluciones. La ilusión y el apoyo de los aficionados murcianos, que ya llevan mucha mili a sus espaldas, tiene un límite. Y el límite se sobrepasó.


- Remontando el vuelo


Cuando se había tocado fondo, cuando por primera vez en cuatro temporadas la cabeza de Hussein parecía correr peligro, el CB Murcia dio un giro de 360 grados y completó un partido redondo para vencer en Menorca. ¿Tuvo algo que ver el golpe en la mesa de la afición murciana? Lo cierto es que, una vez más, el equipo rojiblanco encontró su salvavidas en la isla merced a un juego inédito hasta esa fecha, y, más que a nada, gracias a la inmaculada actuación de Taquan Dean. El escolta igualó el récord de triples anotados sin fallo en un partido de la ACB: 8 de 8. Entonces varió el escenario: el CB Murcia jugaba más suelto y decidido como visitante que como local, lo que encontró su refrendo en la espectacular victoria frente al Unicaja en Málaga. En total, después del desastre de Estudiantes, el equipo murciano logró tres triunfos en cuatro partidos y lanzó un mensaje a la liga: no estamos muertos.


En ese periodo el base Nenad Mijatovic se incorporó a la plantilla, y con su llegada se le abrió la puerta a Bogdanovic. El alero regresó a la disciplina del filial del Real Madrid sin pena ni gloria. Pero como no todo iba a ser tan fácil, el gran momento de juego del equipo llegó en la parte más difícil de su calendario. El CB Murcia daba la cara en todos sus partidos e incluso era capaz de perder sin ser apalizado. Competía, luchaba y explotaba sus armas. Al buen estado de forma de Thomas y Dean se unió el excelente trabajo de Fajardo y Barnes, absolutamente fundamentales. El juego del equipo ya no era tan limitado y previsible, al fin se metía miedo a los rivales en la pintura y el catálogo de recursos con los que hacer daño se multiplicó por cuatro. Pedro Robles se incorporó a la fiesta con minutos de auténtico lujo, con su tiro certero y con su trabajo incansable. Donatas Slanina también empezó a sumar en ataque, pero su presencia en pista aportaba algo más que una seria amenaza desde el 6'25: el lituano era sinónimo de experiencia, carisma y saber estar. Con todo ello, la esperanza de alcanzar la permanencia volvió a brillar con fuerza en Murcia.


- Las derrotas por los pelos y el miedo al miedo


Las ajustadas derrotas ante Cajasol en Sevilla y ante Bruesa en San Sebastián fueron dos jarros de agua fría. En ambos partidos, prácticamente calcados el uno al otro, el CB Murcia jugó mejor que su rival y dominó el encuentro hasta los instantes finales. Entonces, dirigidos por un base sin criterio y sin saber gestionar de manera racional los segundos decisivos, el equipo incurrió en errores infantiles y echó por tierra su trabajo y su ventaja. ¿Pasarían factura mental esas derrotas tan duras? Todos teníamos miedo al miedo y le dimos muchas vueltas al tema. Una cosa estaba bien clara: de haber vencido, el camino sería mucho más llano, pero al no vencer, las hojas del calendario fueron cayendo y en el horizonte terminó por asomar una fecha llena de incertidumbre: el 9 de mayo.


La última gran victoria antes de la final de Zaragoza, fue la que el CB Murcia infringió al Joventut de Ricky Rubio y compañía. Fue un partido en el que la afición murciana disfrutó de lo lindo, no sólo porque su equipo venciera y desarrollara un juego vistoso y efectivo, sino también, y sobre todo, porque se mostró seguro de sus posibilidades y no pareció verse afectado por las duras derrotas anteriores. Esa cima de la montaña precedió a un ligero e inesperado declive. Así había sido durante todo el año, y así debía ser también en el final.


- La vuelta a las andadas y el fugado


Dos partidos, dos, eran los que otorgaban al equipo murciano la posibilidad de evitar un final de infarto en la pista del Cai. Dependía de lo que hiciera el equipo maño, que tenía un calendario muy complicado, pero dos victorias del CB Murcia en esos dos partidos (contra Kalise en Murcia y contra Pamesa en Valencia) podían asegurarle la permanencia anticipada. Incluso una sola victoria podía facilitarle un colchón de 9 puntos en su visita a Zaragoza. No llegó ninguna de esas dos victorias, pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que la imagen, una vez más, semejaba la un equipo en liquidación, dividido, inseguro y abocado al desastre. Desde luego, no era la mejor manera de presentarse al último examen, pero Zaragoza tampoco hizo sus deberes y sobre el papel, la situación era de total igualdad.


En la semana previa al Partido con mayúsculas, y mientras en una parte importante de la afición murciana cundía el desánimo, llegó otra bomba, otra más en este año convulso: Thomas, CT, se bajaba del barco por quince mil euros. O eso dijo él, cuando se le llamó para saber la razón de su incomparecencia a un control médico. Ya lo analicé sobradamente en otro artículo de opinión en esta misma Web. Los datos están ahí y son los que son. Los matices, el contexto, las opiniones del resto de sus compañeros y la de su entrenador, incluso la actitud de unión sin fisuras con la que salió a jugar el CB Murcia en el último partido de liga... todo habla bien a las claras de lo que pasó en esa semana y de qué clase de jugador es Chris Thomas.


- La final


Ha pasado sólo un mes, pero ya se ve algo lejano. El Cai Zaragoza-CB Murcia suma nuevos precedentes y añade más picante a un enfrentamiento que, queramos o no, ya se puede catalogar como de todo un clásico. El marco, "incomparable", como diría un pomposo. En ese mismo marco, donde tres años atrás el CB Murcia de Hussein y Robles lograba el ascenso a la ACB, ahora se ha licenciado el base murciano José Antonio Marco Gaona. El "zagal tranquilo" no torció el gesto, ni siquiera en los breves momentos en los que, asfixiado por el esfuerzo, pidió el cambio a su entrenador para poder respirar. El mismo entrenador que apenas contó con él durante el resto de la temporada. José Antonio repartió juego, dominó el tempo y no dudó, por fin, en lanzar a canasta cuando debía hacerlo. Es así de sencillo y así de difícil: tirar cuando tienes que tirar, y el resto del tiempo mover la pelota y buscar al mejor compañero. Esa tarde todos sus compañeros fueron buenos compañeros, todos aportaron, aunque además del murciano tengamos que destacar a Barnes, Dean, Slanina y Robles, autor de sólo tres puntos, pero tres puntos que pudieron valer un año más en la ACB. Young, Moss (forzando una falta en ataque fundamental de Quinteros), Fajardo... El CB Murcia venció al Cai en el último segundo y logró su objetivo en la temporada más difícil, y además lo hizo sin CT. Lo hizo a la heroica, con los soldados que estaban dispuestos a luchar y que son dignos de esa camiseta, en palabras de Hussein.


Ya sabéis, estimados lectores de basketme.com, que resumir un partido de baloncesto no se me da todo lo bien que me gustaría. Así, seguro que no os sorprende este extenso análisis. Apiadaros de mí, porque nunca vieron mis ojos una temporada tan rara, tan llena de hechos sorprendentes y reseñables, y tan difícil de condensar en unas líneas. Fijaros que, incluso habiendo escrito esta parrafada, estoy seguro de que se me olvida algo importante. Si así fuera, lo dejaremos para el siguiente artículo.



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