Lunes, 21 de septiembre de 2020
La Opinión


04.03.15 | José Antonio Sánchez (3855 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Toni Kukoc, el talento hecho jugador


Cualquier página que se precie de tener el nombre 'jugón' en su portada debería rendir culto a uno de los jugadores más talentosos de los años 90 y que maravilló tanto en Europa como en el siempre descreído universo de la NBA americana.


Hablamos, claro está, de Toni Kukoc (Split, 1968). Decir Toni Kukoc es decir VICTORIA, tanto con la clásica Jugoplastika de Split como con la selección de la extinta Yugoslavia o la posterior Croacia, así como en la NBA, donde estuvo presente en la segunda trilogía de anillos en los Chicago Bulls.


Pero más allá de los títulos Kukoc poseía algo que ni se compra ni se vende ni se entrena: TALENTO. Una clase innata para jugar al baloncesto, una velocidad de ejecución y una inteligencia supina en pista que le hacían poco menos que imparable.


Si repasamos su palmarés, entenderemos el porqué de estas afirmaciones: 3 anillos de la NBA, dos medallas olímpicas, un campeonato mundial (aquella mítica Yugoslavia en Argentina 1990 y la tan famosa escena de la banderita…), dos Europeos y 3 Copas de Europa con la Jugoplastika de Split (y una final más recuerdo con Benetton Treviso).




 




Hablar de Kukoc es hablar de aquella mágica generación de Bormio 1987, con integrantes del calibre de Vlade Divac, Dino Radja o Zarko Paspalj, y de un jugador que, como todos los talentos emergentes, fue precoz ya que con sólo 17 años formaba parte de la mítica Jugoplastika (Ivanovic, Sobin, Tabak, Sretenovic…) convirtiéndose en la bestia negra del Barça de Aito y sumando tres Copas de Europa seguidas. De ahí marchó a la Benetton Treviso italiana, a la que llevó con un equipo “vulgar” (Iacopini, Rusconi y poco más) a la final de la Copa de Europa.


En la selección, como ya hemos mencionado los yugoslavos arrasaron en Argentina 1990 y ya anteriormente fueron medalla en Seúl 1988, siendo además dominadores en Europa (dos Europeos más). Luego vino la cruenta guerra en la ex-Yugoslavia, y Kukoc se convirtió en el bastión de Croacia siendo plata ante el mítico Dream Team (capítulo aparte), del que cuentan que los americanos querían demostrarle al “tal” Kukoc que no tenía sitio entre ellos.




 




Ese fue el punto álgido de la carrera de Kukoc. Estaba preparando para romper la gran barrera y dar el salto a la NBA americana. Su destino, el mejor: CHICAGO BULLS. Su llegada coincidió con el primer adiós de Michael Jordan, lo que de alguna manera facilitó su adaptación por la menor exigencia del equipo. La vuelta de Jordan le dio lo único que le faltaba por conseguir: luchar por el título. Tras un primer año donde los Magic de Shaq les arrasaron, comenzó la trilogía de anillos: 95-96, 96-97 y 97-98 (Seattle y dos veces Utah).


Y todo ello pese al recelo con el que le miraban otros jugadores como el propio Jordan o Scottie Pippen (contado por el propio Phil Jackson). Kukoc mejoró su físico y de ese chico enclenque de la Jugoplastika pasó a convirtirse en un fornido alero, con lo que a su talento como jugador sumaba un físico imponente. Ello le facilitó el ocupar diferentes posiciones y adoptar el “rol” de sexto hombre, tan valorado en Estados Unidos, lo que le valió también para ganar. Pese a los supuestos celos, formó un trio imparable junto a Jordan y Pippen por su polivalencia y variedad de registros tanto en ataque como en defensa. El gran Ramón Trecet les apodó “las tres vedettes” de Chicago.




 




Su carrera luego transcurrió entre Philadelphia (la temporada de la final con Iverson fue traspasado a mitad de campaña por Mutombo), Atlanta y Milwaukee. Una brillante carrera para un jugador de leyenda.


De Kukoc se pueden decir muchas cosas, y todas buenas. Fue para mí el primer jugador moderno con la polivalencia de jugar en todas las posiciones posibles (del 1 al 5) y sin desentonar en ninguna; al contrario, podía ser decisivo en cualquier de ellas. Desde mi modesto punto de vista, sólo en la era moderna Detlef Schrempf y Boris Diaw han podido llegar a ese nivel de polivalencia dentro de la pista. Con sus 2.07 podía defender a pívots por envergadura y a aleros por movilidad, y en ataque podía subir el balón como un base, ser una amenaza exterior como escolta, penetrar como un alero, abrirse al poste alto como ala-pívot o postear como si fuera un interior. Un jugador total.


Kukoc fue un digno heredero de los talentos yugoslavos de los 80 (Pavlicevic, Cosic, Dalipagic…) y con un valor añadido: ¡era ZURDO!, lo que le hacía aún más imprevisible a sus rivales. Y pensar que he conocido gente que odia a los zurdos...




 

Artículo publicado en

LA SONRISA DEL JUGÓN





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