Martes, 21 de mayo de 2019
La Opinión


15.10.15 | Iván Fernández (2393 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Euroliga 2015/16: La previa, por Iván Fernández (y II)


Los nuevos y ambiciosos proyectos de Barcelona y Panathinaikos marcan el paso en un Grupo C que encierra en sus entrañas una configuración más que engañosa. Junto a los equipos que protagonizaran la final del 96, un Lokomotiv sabiamente renovado y con Bartzokas al frente se perfila como alternativa, aunque sin descuidar lo que viene detrás. Y es que si Zalgiris ya lograba colarse en el Top 16, este curso parece claramente reforzado, mientras que el estimulante Pinar ha sabido reinventarse y el Stelmet ha configurado la que probablemente sea la mejor plantilla de su historia.

 

 

 

 

GRUPO C

  

 FC BARCELONA LASSA

 

Obligado a reinventarse tras un año en blanco a nivel local y sin clasificación para la Final Four en la Euroliga, el FC Barcelona Lassa se presenta como un conjunto muy renovado. En un verano de grandes y golosos nombres en el mercado de fichajes, el cuadro culé optaba por una planificación distinta apostando por dotar a la plantilla de profundidad y tono físico antes que de nombres propios.

 

Con una estructura un tanto frankenstiniana, el principal reto de Xavi Pascual pasa por exprimir y dar cohesión a un grupo que por otra parte este año sí parece enteramente de su gusto. Renovado un Ante Tomic llamado a ser decisivo por vías menos protagonistas, el conjunto catalán ha reforzado el juego interior con la llegada de Samardo Samuels y Olaseni Lawal cambiando de raíz la estructura un tanto duplicada del año anterior. Excelente en el uso del cuerpo y con facilidad anotadora, queda ver si Samuels puede aportar, al margen de su solvencia interior, minutos de calidad como cuatro tal y como vaticinaba un Joan Creus aparentemente satisfecho del final de su plan. Por su parte, Lawal está llamado a aportar intimidación, presencia en el rebote ofensivo y finalización. Un tanto peculiar en lo defensivo, el nigeriano (que llega de ganarlo todo, incluyendo el Afrobasket) sufre en el 1x1 pero su actividad y sus ayudad pueden contagiar al grupo, facilitando así la vida a jugadores como un Justin Doellman que con esta nueva estructura podrá lucir sus dotes en la defensa de anticipación y quizás tapar sus enormes lagunas en la interior. Con Alexander Vezenkov pidiendo paso a base de calidad, un mejor rendimiento del ex de Valencia podría ser fundamental para los culés.

 

 

En el perímetro la llegada de Pau Ribas y Stratos Perperoglou dota a los de Pascual de solvencia defensiva, puntuales recursos en ataque y disciplina ofensiva, quedando en el aire su papel en los días clave. Buenos jugadores de complemento, el estado físico de Juan Carlos Navarro, Brad Oleson e incluso Álex Abrines habrá de marcar la definitiva jerarquía. Con Tomas Satoransky en plena explosión, la otra gran novedad es la llegada de Carlos Arroyo. Auténtica leyenda del basket ofensivo, el boricua tendrá la misión de ser el gran generador de juego de la segunda unidad. Incuestionable en cuanto a su calidad, queda ver cómo responden sus piernas en el tramo final de curso.

 

En definitiva, el Barcelona presenta una plantilla sin casi nada que envidiar a las más fuertes del torneo pero con dudas claras. ¿Podrá Ribas confirmar su buen inicio y dejar atrás su historial de irregularidades en días clave? ¿Aguantaran las piernas de Arroyo el paso de los meses? ¿Podrá Navarro ser siquiera un factor? ¿Podrá Doellman ser un poco más efectivo en partidos trabados?. Muchos interrogantes (y nos dejamos unos cuantos), pero a poco que dos o tres tengan respuesta afirmativa nadie debería desdeñar a los blaugrana como claros candidatos al título.

 

 PANATHINAIKOS

 

Sin duda otro de los grandes atractivos del Grupo B será el de observar la evolución del nuevo y ambicioso proyecto del Panathinaikos. Apurado por ciertas estrecheces económicas y buscando un rejuvenecimiento y helenización de la plantilla, el club verde se colocaba la temporada pasada en manos de Dusko Ivanovic. El montenegrino lograba dar protagonismo a Nikos Pappas o Vladimir Jankovic, mejoraba el concepto estilístico frente al mostrado por Pedoulakis, rotaba a los jóvenes a nivel local (incluso Charalampoulos tenía su espacio en Euroliga) y lograba el título de Copa derrotando en cuartos de final al Olympiacos, tal como acaba de hacer este año Djordjevic.

 

Pese a todo eso, la segunda derrota liguera ante los del Pireo hacía saltar las alarmas e Ivanovic era despedido. En su lugar, y tras la transición del final de curso, llega un Aleksander Djordjevic avalado por su reciente papel al frente de Serbia pero aún con un escaso bagaje a nivel de club. Intuitivo, inteligente, nada dogmático en las rotaciones y con carácter, el técnico serbio debe demostrar aún una mayor capacidad de reacción en los malos momentos y unas mayores dosis tácticas en la balanza con el tema motivacional. Para ello, Djordjevic contará con una plantilla no excesivamente larga, con espacio para el crecimiento durante el año pero sin duda claramente reforzada respecto a la del curso anterior.

 

Con un Dimitris Diamantidis en su gira de despedida, el regreso de Nick Calathes garantiza solvencia en la dirección. Con Jankovic asentado, el estado físico de Pappas pasa por ser una de las claves en un perímetro al que llegan James Feldeine y Sasha Pavlovic. El primero debe ser el soporte anotador en momentos de apagón, mientras que el ex de Partizan apunta a ser un jugador clave que incluso puede tener minutos como cuatro. Con James Gist y Antonis Fotsis poniendo exuberancia y tiro exterior en el cuatro, en el puesto de pívot Djordjevic se trae a Miroslav Raduljica y Ongjen Kuzmic configurando una línea interior de primera fila. Junto a ese núcleo duro, el papel de jóvenes como Charalompopulos (qué pintaza tiene) o en menor medida Lountzis o Papagianis completa un equipo que apunta a ser un rival duro, competitivo e incómodo y que a poco que logre minimizar sus carencias en el tiro exterior puede aspirar a pelear por colarse en los cuartos de final.

 

 LOKOMOTIV KUBAN

 

En la que será su segunda participación en la Euroliga, el Lokomotiv Kuban se presenta con un proyecto reformado y que debe intentar olvidar la pérdida de un Derrick Brown fundamental para entender la historia reciente del club de Krasnodar. Para lograrlo el primer aval parece llegar con la contratación para el banquillo de un ex campeón como Georgios Bartzokas. Una mala pretemporada y la derrota inicial en la VTB en la pista del Nymburk (pista que este año será muy complicada, todo sea dicho) sembraban un primer atisbo de preocupación que tiene su mayor vértice en el estado físico de Anthony Randolph. Con destellos deslumbrantes el curso pasado, un año más de adaptación y un equipo construido en torno a él deben de hacer de Randolph una de las grandes figuras del torneo.

 

 

Junto al ex de LSU, la continuidad de Malcolm Delaney dota al conjunto ruso de una amenaza extraordinaria en un puesto de base al que además llega Dontaye Draper para aportar equilibrio. Junto al ex del Efes, el Loko refuerza su plantilla con otros cuatro fichajes de notable nivel: Chris Singleton (que debe aportar solvencia ofensiva interior), Víctor Claver (nivel defensivo y polivalencia entre el 3-4), Kyrilo Fesenko (que debe ser de impactos cortos pero notables en la pintura) y, una de las grandes debilidades de quien esto escribe, el australiano Ryan Broekhoof. Junto a esa polivalente estructura de siete jugadores foráneos, Bartzokas dispondrá de una más que correcta base nacional en la que destacan jugadores como Bykov, Voronov, Zozulin o un Zubkov listo para dar el paso al siguiente nivel.

 

Equipo nuevo, entrenador de los que gusta ir construyendo... sólo queda ver si el Lokomotiv tiene el tiempo necesario para acoplar su nueva estructura. Una estructura peculiar, poliédrica pero de la que bien pudiera salir un gran animador del curso 15/16.

 

 PINAR KARSIYAKA

 

Tras unos años de continuo crecimiento, salpicados con presencias en semifinales ligueras y algún que otro éxito copero, el pasado año el Pinar Karsiyaka se convertía en una de las grandes sensaciones europeas al logra el título de la TBL dejando en la cuneta de manera sucesiva a FenerbahÇe y Efes, y haciéndolo además con una propuesta de juego valiente, divertida y rica en lo tÁctico. Perdida toda su línea exterior (Dixon, Diebler y Strawberry, todos acomodados en la Euroliga) y su sexto hombre (Hersek), el club de Izmir sumaba su primer gran tanto con la continuidad del autÉntico arquitecto del proyecto, un Ufuk Sarica que deberá conjugar su apuesta por un basket directo con una plantilla sin tantos referentes claros pero probablemente más larga.

 

Debutante en el actual formato (su experiencia en Copa de Europa se limita a su participación en la 87-88, donde caía ante el Pau Orthez), el conjunto turco lograba en verano retener a su pareja titular interior. Con Palacios poniendo solvencia ofensiva, este debe ser el año de la definitiva eclosión de un Kenny Gabriel de infinitas posibilidades. Junto a los supervivientes del año pasado, Sarica dispondrá del ex baskonista Colton Iverson para aportar rebote y entrega y de un Kerem Gollum que debe sumar poso. Por fuera, la imposible tarea de olvidar a Dixon recae en las manos de un Joe Ragland que a su manera puede encontrar un hábitat más ideal para su juego que el vivido el año pasado en Milano. Para respaldarlo (y probablemente compartir pista en muchos momentos), el Pinar contará con la cesión de un Sipahi que necesita dar un paso adelante en el tiro y en la decisión ofensiva. En las alas, la llegada de los dos Carter (Justin y Josh) configura una pareja explosiva con tiro exterior por un lado y explosividad en el otro. En la recámara queda un Altintig con ganas de reivindicación y jugadores como Senturk o Koc. En definitiva, el Pinar se presenta como un equipo con un techo menor que el del curso pasado pero a la vez con una mayor cantidad de efectivos que deberían llevarle a la pelea por la clasificación al Top 16 cuanto menos en igualdad de condiciones que Zalgiris o Stelmet.

 

 ZALGIRIS KAUNAS

 

Tras su sorprendente temporada pasada, el Zalgiris de Krapikas vuelve a la carga respaldado en su ideario por la plata lituana en el EuroBasket y con el regreso al basket báltico de Kalnietis, Seibutis y Pocius en lo que debería ser una línea exterior de garantías a poco que el físico responda. Fiel espejo del actual basket lituano (en especial de la propia Kaunas) la llegada de los tres internacionales, las salidas de Milaknis y Anderson y y la continuidad de Lekavicius, Lipkevicius o Ulanovas conforma un perímetro competitivo, agresivo y feliz en campo abierto pero con problemas en estático, en la lectura de juego y el tiro exterior. Todo ello a expensas del papel que pueda dibujar un Oliver Hanlan clave por la configuración del resto de la plantilla.

 

Con la pareja Jankunas-Javtokas manteniendo el fuerte interior, la llegada de un excelente jugador como Brock Motum otorga una nueva dimensión al juego interior de un equipo lituano en el que hay que ver cómo acaba respondiendo Ian Vougioukas. Con capacidad para ser clave en la pintura, su falta de explosividad y sus buenos movimientos entran en contradicción con la corriente mayoritaria de opinión en un lado del mundo en el que se califica a Kavaliauskas como "la maricona de Vilnius" por su el excesivo refinamiento de su juego. En la recámara queda el papel para jugadores como Vecvagars o Vene tras su paso por el EuroBasket, especialmente fructífero en el caso del estonio.

 

A buen seguro competitivos como locales, la adaptación de Hanlan y el mantenimiento del espíritu del año pasado pueden ser fundamentales para un Zalgiris muy reforzado en líneas globales pero con las mismas debilidades pretéritas. Con todo, el Top 16 no parece, pese a la fortaleza del grupo, una meta nada inasequible.

 

 STELMET ZIELONA GORA

 

Dirigido por el técnico esloveno Sasa Filipovski, el Stelmet Zielona Gora regresa a la Euroliga tras sumar su segundo título de la historia. Para la empresa, el conjunto polaco presenta un conjunto muy renovado en el que no obstante mantiene la columna vertebral formada por los internacionales Koszarek, Zamojski y Hrycaniuk. Desparpajo, tiro exterior y trabajo interior para respaldar al que sin duda es el gran fichaje del año, un Mateusz Ponitka que tras su gran año en Oostende sólo parece estar a un punto de mayor regularidad exterior para acabar de reventar como la estrella que se intuye. Junto a Ponitka, la llegada de Gruszecki apuntala el bloque nacional a la par que genera una mayor respuesta ofensiva (ojo a su manera de atacar el aro).

 

 

Por lo demás, la llegada de Dee Bost debe generar un buen caudal de juego a falta de ver su compatibilidad con Koszarek. Por si fuera poco, desde Podgorica llegan JR Reynolds (algo irregular pero que debe ser importante) y el ala-pivot Nemanja Djurisic quien deberá buscar su sitio en un juego interior al que también llegan los brazos de Szewczyk, el buen hacer de Dejan Borovnjak y ese lujo que siempre es Vlad Moldoveanu.

 

Con estos mimbres, sumados a la apuesta de futuro encarnada en Zywert y en el otro Ponitka (Marcel), el Stelmet presenta la que probablemente es la plantilla más fuerte de su historia. Probablemente aÚn lejos de la elite continental, el conjunto de Filipovski debería convertirse en un hueso como local a la espera de poder asaltar a Pinar, Zalgiris o incluso Lokomotiv en busca de un nada imposible Top 16.

 

 

GRUPO D

 

La enésima tentativa del CSKA de rematar su condición de mejor equipo de Europa lidera el que probablemente sea el grupo más abierto de los cuatro en liza. Un mejorado Maccabi, un Unicaja reforzado pero con interrogantes ofensivos claros y tres equipos tan dispares como apasionantes: la magia de Sassari, el buen hacer del Brose y la laboriosidad y profundidad del Darussafaka acaban por conformar un grupo en el que probablemente sólo los partidos de Moscú y Tel Aviv cuenten con un favorito claro. El verdadero grupo de la muerte...

 

 CSKA DE MOSCÚ

 

Presente en 12 de las 13 últimas Final Four, nadie duda que el CSKA volverá a ser uno de los grandes candidatos a levantar el trofeo en Berlín. Vuelve a la carga con un equipo distinto, que visto desde fuera puede parecer un peldaño por abajo del de la edición pasada pero al que un vistazo más detenido arroja la conclusión contraria. Avalado por su papel de asistente de Obradovic, las dos primeras temporadas como primer entrenador de Itoudis han tenido un desarrollo similar: propuesta de juego atractiva, valentía táctica... pero naufragio en los partidos decisivos, generalmente por un excesivo nerviosismo y en el caso de la temporada pasada por cierta incapacidad para gestionar las rotaciones largas.

 

Ratificado al final de temporada el técnico griego, el CSKA ha optado por la mejor solución en estos casos: tener confianza ciega en el proyecto ahondando en la idea de su entrenador. Con querencia por situar a Teodosic, De Colo y Jackson incluso como trío exterior (algo en lo que se sienten cómodos), Itoudis cuenta en esta ocasión con una plantilla aún más abierta. Retirado Kirilenko, las dos principales salidas del club rojo se personalizaban en Sony Weems, Sasha Kaun y, en menor medida, Manuchar Markoishvili. Excelso y completo jugador el primero, su tendencia a amasar juego en ocasiones y su flojo papel en las Final Four (bastante por debajo en general del tantas veces denostado Teodosic) minimiza el tanto el peso de una baja, excelentemente cubierta con la llegada de Cory Higgins. De perfil más exterior, y probablemente todavía un peldaño por debajo que Weems en el global, Higgins tiene todas las papeletas para ser el alivio ofensivo del equipo sin menoscabo de la multidirección. Tremendo en la anotación hace dos años en la VTB, su paso la temporada pasada por las manos de Zdovc en Turquía ha acabado de moldear un jugador mucho más completo y apto para grandes empresas. Sin ánimo de gafarlo, desde aquí apostamos a que es el gran cambio positivo del CSKA.

 

 

A la espera de una mayor aportación de un Fridzon, algo infrautilizado el año pasado, el juego exterior se completa con las llegadas de Kulagin y de un Kurbanov que también puede dar minutos como cuatro. Un puesto de cuatro donde Nichols se mantiene como callada garantía y donde se espera que Vorontsevich repita el inicio del curso pasado donde, antes de diluirse, por momentos recordó al rendimiento ofrecido en la etapa Kazlauskas. La clave queda en el estado físico de un Khryapa que, a poco que esté bien, puede ser fundamental como bisagra entre el 4 y el 3 generando juego y gestionando las pausas. En la pintura Hines mantendrá su fortaleza, y si bien Freeland, lesionado de inicio, no puede ocupar el rol de Kaun, sin duda ofrecerá una mayor capacidad ofensiva y de juego de cara mientras que temporalmente Kravstov aporta presencia y Karabkov (muy del gusto de Itoudis) o Lazarev ponen el fondo del armario.

 

En definitiva, el CSKA se presenta de nuevo como un equipo interminable, conscientemente desequilibrado y con un juego exterior demoledor. Con Teodosic muy cómodo y De Colo destilando calidad, el impacto de Higgins parece suficiente para presumir que probablemente el moscovita vaya a ser un ciclón como local y un generador ofensivo sin parangón. ¿Suficiente? Las incógnitas, una vez llegada una hipotética Final Four, parecen claras y no, no tienen que ver con Teodosic y sí mucho más con la mentalización, el parón previo, el estado físico en la pintura, la defensa y la gestión de un entrenador que tiene a su disposición el equipo ideal para su propuesta. Historia o fracaso, esta vez no hay término medio.

 

              

 MACCABI TEL AVIV

 

Pese al decepcionante final de curso de la temporada pasada, el Maccabi Tel Aviv vuelve a confiar en la dirección de Guy Goodes su nuevo un proyecto, algo probablemente más que merecido para un entrenador novel pero sobradamente preparado. Afronta el curso el equipo israelí con una configuración de plantilla muy cambiada pero sin duda mucho más ambiciosa. En el puesto de base la salida de un Pargo que no estuvo al nivel de su primera etapa, se cubre con el regreso de un Jordan Farmar llamado a imprimir revolución ofensiva mientras comparte pista con Ohayon o con Taylor Rochestie. A un nivel de dulzura el año pasado probablemente irrepetible, el ex del NN partirá liberado como referencia ofensiva pudiendo anotar desde fuera o ayudar en la generación de juego con su excelente uso del pick and roll. Y es ahí donde se halla la primera gran clave de este Maccabi, pues de la capacidad de Farmar para mezclarse con los dos zurdos puede depender buena parte de un equipo a buen seguro decantado a lo ofensivo.

 

En las alas, la continuidad es la nota preponderante con matices. Matices porque se espera una mayor presencia de Landesberg y porque llega un tirador excepcional como Dagan Yizvori, aunque en principio lo haga con un rol pequeño. Con Devin Smith de nuevo como líder, el regreso de Pnini alivia el tiro exterior y fomenta la oportunidad de jugar con un cuatro abierto y reconvertido. Muchos más cambios ofrece en la pintura donde sólo continua (y es un decir tras su ida y vuelta a Krasnodar) un Brian Randle que esta vez tiene que aportar algo más que puntos. A la espera del papel de esa joya llamada Dragan Bender, la pintura se cierra con un trío poderoso: un Mbakwe que se va a ganar al Nokia Arena, un Faverani aún en proceso de recuperación del tono físico y el recientemente cerrado Onuaku, otro perfil muy del gusto macabeo.

 

En definitiva una plantilla larga, de calidad y hecha para jugar a ritmos vivos pero que genera algunas dudas en una pintura muy decantada a la finalización. Con todo, a simple vista este Maccabi pinta muy pero que muy interesante.

 

  UNICAJA

 

Consolidado los últimos años en el Top 16 pero sin grandes opciones de ir un paso más allá, el Unicaja vuelve a la carga con una plantilla en la que se ha buscado profundizar el tono físico. Con Joan Plaza renovado, uno de los primeros aspectos a valorar es la comunión que el técnico ha logrado con la grada y la mayor parte del entorno periodístico. Por un lado esa comunión vuelve a correr el riesgo de caer en la autocomplacencia y en la compra de todos y cada uno de los argumentos de un técnico en el fondo bastante conservador. En el lado positivo, la falta de distracciones y el apoyo del Carpena pueden dotar a Unicaja de una fortaleza local que se antoja clave en un grupo tan abierto.

 

En cuanto a la plantilla en sí, la llegada de Nedovic debe aportar un punto de explosividad en un puesto de base que puede ser de primer nivel si el ex valencianista confirma su mejora en el tiro y si Markovic se mantiene fresco. En las alas, las llegadas de Jamar Smith y Edwin Jackson parecen sin duda la mejor noticia para los malagueños, conformando junto a Kuzminskas una línea exterior de primer nivel, a falta de la adaptación de un Dani Díez que es una incógnita a este nivel. El que debe ser el año del lituano y la llegada de Díez trasladan a Carlos Suárez a un puesto de 4 donde se espera un impacto mayor de Thomas, mientras que en la pintura las dudas por el estado físico de Richard Hendrix marcarán junto a Fran Vázquez el techo. Completan la plantilla Alberto Díaz y Germán Gabriel, bien como solución económica, guiño a la cantera o decisión política, un aspecto en el que en caso de lesiones puede generar más de un problema.

 

En definitiva, Unicaja vuelve a conformar un equipo sólido, algo mejorado en lo físico y con capacidad para competir casi con cualquier rival. Las dudas, de nuevo, llegan con la respuesta ante la necesidad de usar un plan B, de la capacidad para crecer durante el año y sobre la ambición. Dudas sin duda solventables, pero a las que quizás este año haya que responder antes dado el nivel del Grupo D.

 

 DINAMO SASSARI

 

Segunda temporada consecutiva para el proyecto que dirige Romeo Sachetti y en el que ha logrado eso tan difícil de conjugar lo heterodoxo con lo bello y todo ello consiguiendo grandes resultados. Flojos en la Euroliga pasada, la continua reinvención del equipo de Cerdeña pasó factura en los primeros meses de un año que acabaría en todo lo alto con la primera LEGA de la historia. Un guión que, salvando las distancias, bien pudiera repetirse este año.

 

Fiel a su filosofía, Sachetti ha vuelto a diseñar un equipo con gusto por la velocidad, el riesgo y el estilo directo. Y todo pese a tener que empezar casi de cero de nuevo. Con mimbres para acabar siendo un equipo redondo y con capacidad para generar un caudal de juego singular, Sassari deberá pagar de nuevo el peaje de adaptación necesario para rendir, algo que puede costar muy caro en una Euroliga tan exigente como la de este año. A la espera del tiempo requerido, lo cierto es que el conjunto sardo parte con una estructura quizás algo más corta pero sin duda de más calidad que la del año pasado. En especial en su juego interior. Con Janis Varnado llamado a cerrar el aro, intimidar y ayudar a que el equipo vuele, Sachetti contará con un Joe Alexander capaz de alternar el 4/5 con sus poderosas piernas y su indudable tacto ofensivo que le convierten en candidato a ser una de las sensaciones del año. Como guinda, Brent Petway abrirá espacios con su zurda y los disfrutará en transición, mientras Brian Sachetti tira de oficio y Denis Marconato pone la nota de experiencia.

 

 

Más riesgo parece conllevar la apuesta en los bases, encarnada en el ciclotimia, y más cómodo como escolta, Marquez Haynes y en ese poor Popovic en el que se ha convertido Rok Stipcevic. Por suerte, la continuidad de David Logan asegura tiro exterior desde el escolta y muchas dosis de ayuda en la generación de juego. Por lo demás, la exuberancia de Eyenga debe servir en un rebote no siempre bien gestionado a la espera de que DeVechi, D'Ercole o Formentini den un paso adelante. En definitiva, un equipo con carencias muy reconocibles, muy alejado de la aburrida y ortodoxa propuesta general y que probablemente sufra en el primer tramo de la competición para asentar su juego. Pero frente a eso, frente a todo eso, un equipo de nuevo diferente, fresco y de esos que no hay que perderse.

 

 BROSE BASKETS BAMBERG

 

Tras su ausencia la temporada pasada, el Brose Baskets regresa a la Euroliga en condición de campeón de la BBL alemana. Una Bundesliga en la que el equipo de Andrea Trinchieri iba de menos a más para acabar firmando un tramo final excepcional. Con una idea similar y una plantilla, sobre el papel, ligeramente inferior, el técnico italiano dispone a su disposición de un equipo al que no conviene infravalorar. Con un estilo de juego definido, un nivel defensivo por encima de la media y un pabellón que aprieta, el Bamberg posee argumentos para no renunciar al sueño de meterse en el Top 16... pese a su historial de derrotas absurdas sobre la bocina.

 

En lo que la plantilla se refiere, el Brose vuelve a contar con la excelente pareja Wanamaker-Strelnieks en un puesto de base al que además llega Nikos Zisis y en el que incluso guardan en la recámara del vinculado a Aleksej Nikolic. Con esa configuración, es muy probable que el griego salga desde el banquillo para gestionar las pausas, el estadounidense sea el alma ofensiva mientras que el letón juegue más liberado ejerciendo en muchos momentos como escolta y siendo sin duda una de las grandes atracciones del equipo. El otro punto fuerte del cuadro teutón aparece en una pintura larga y llena de presencia. Con Olaseni como garante titular, la llegada de Idbihi añade centímetros y desahogo a nivel local, siendo el puesto de 4 donde resida la clave. La llegada de un Nicolo Melli a muy buen nivel en la pretemporada y la plena recuperación de Theis dibujan una pareja de cuatros con capacidad para jugar de 5 que por si fuera poco se ve respaldada en la primera de sus posiciones por Elias Harris. Por si fuera poco, la continuidad de Darius Miller resulta un lujo. Muy cómodo el año pasado ejerciendo de falso anterior, la configuración actual parece llevarle al puesto de tres. Por lo demás, Tadda seguirá siendo el especialista defensivo mientras que la llegada de Staiger debe servir como puntual revulsivo en el tiro exterior y todo ello dejando un hueco a un Patrick Heckmann que parece listo para dar el siguiente paso en su carrrera.

 

En definitiva un equipo algo descompensado en su principio y su final, pero con ideas muy claras y varios jugadores estimulantes, lo que debe cristalizar sin duda en un más que legítimo aspirante al Top 16.

 

 DARUSSAFAKA DOGUS

 

Otra de las grandes novedades de la Euroliga es la presencia de un Darussafaka que hace tan sólo dos años se batía en la segunda división turca y que ahora, de la mano de la poderosa Dogus, vuelve a una "Copa de Europa" que no disputaba desde el año 1963. Tras una gran temporada regular y un decepcionante play-off, el equipo de Estambul llega a la Euroliga dispuesto a demostrar la legitimidad de la wild card recibida.

 

Lo hace con una plantilla de la que salen jugadores clave como Farmar, Shurna, Seibutis o Vidmar, pero que en el global parece muy reforzada y, lo que es más importante, muy del gusto de Oktay Mahmuti. Entrenador serio y con gusto por lo estructurado, Mahmuti tiene a su disposición un equipo coral, polivalente y que aspira a mostrar un gran nivel defensivo. En el otro lado de la balanza, la pareja Arslan-Yamgur no parece ofrecer grandes cosas en el puesto de base y no está clara la continuidad ofensiva de un equipo que puede sufrir en el tiro exterior. Con Jamont Gordon como hombre para todo y la llegada de Emir Preldzic, el Dogus puede encontrar un alivio a la falta de dirección. Tras un año en el Fenerbahce, donde su estilo era más un cortocircuito que un plus, Preldzic puede encontrar en el Dogus un hábitat perfecto para su heterodoxia. La ausencia de grandes referentes ofensivos y el juego pausado deben darle carta blanca para volver a destacar.

 

Junto al bosnio/esloveno/turco, el gran fichaje del cuadro turco es sin duda un Reggie Redding al que sólo su estilo pausado separa de la condición de estrella reconocida. A esa configuración los de Estambul añaden la solidez de Markoishvili y el tiro exterior de Cetin. En la pintura, la continuidad de Dagli/Dudley se ve arropada con la llegada de Erden y Savas desde el Fenerbahce, la actividad de Marcus Slaughter y la amenaza exterior de Harangody o incluso Milko Bjelica.

 

En definitiva un equipo largo, sólido y a buen seguro incómodo que probablemente no enamore pero que a buen seguro va a dar que hablar.





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