Domingo, 19 de agosto de 2018
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11.03.18 | Marc Bret (1369 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Munich 1972: Tres segundos que marcaron la historia (y II)


CONSULTA LA PRIMERA PARTE DEL ARTÍCULO: Munich 1972: Tres segundos que marcaron la historia (y II)

LOS TRES SEGUNDOS

Vayamos a lo ocurrido. Mientras Doug Collins ejecuta su segundo lanzamiento suena la bocina de la mesa de anotadores. El árbitro brasileño Renato Righetto se gira hacia la mesa para ver qué ocurre, pero el búlgaro Artenik Arabadjan pone el balón en manos de Alzhan Zharmukhamedov. El kazajo se la pasa a Sergei Belov, que bota hasta media cancha, momento en el cual Righetto para el partido. En ese momento se puede ver a Sergey Bashkin, asistente de Kondrashin, hacer el gesto de tiempo muerto con sus manos, reclamando a la mesa un parón en el juego que supuestamente no había sido concedido. Según las reglas de aquel momento, el tiempo muerto debía pedirse antes de que se lanzaran los tiros libres, y podía ser concedido o antes de los lanzamientos, o entre el primero y el segundo, nunca después del segundo.

Primer punto de discusión: ¿fue el tiempo muerto pedido correctamente? Según el propio Kondrashin el tiempo muerto fue pedido antes de los lanzamientos, con la intención de hacerlo efectivo entre el primer y el segundo tiro libre. El hecho de que la mesa hiciera sonar la bocina cuando Collins ya tenía el balón en sus manos puede indicar un intento de evitar que se produjera el segundo lanzamiento para conceder el tiempo muerto en el juego. En cambio, Hans Tenschert, responsable de la anotación aquel día, explica que en aquel torneo se había dado a los entrenadores un aparato electrónico para señalar a la mesa la intención de pedir tiempo muerto. Según Hans, los entrenadores soviéticos no manejaron bien el aparato y acabaron pidiendo el tiempo muerto demasiado tarde. El periodista Robert Edelman, especialista americano en el deporte soviético, no está de acuerdo con esa versión. En su libro "Serious Fun: Spectator Sports in the USSR", dice que es improbable que un entrenador como Kondrashin, con amplia experiencia en el baloncesto internacional, cometiera un error como ese. Edelman opina que el error vino a causa de un fallo de la mesa, que no entendió que Kondrashin quería que el tiempo muerto se concediera entre el primer y el segundo tiro libre, pensó que el técnico había cambiado de opinión y anuló el tiempo muerto. El propio Renato William Jones, secretario general de la FIBA, reconocía que hubo un error de la mesa. Sin embargo, Collins y varios de los integrantes del equipo americano no están convencidos de que el tiempo muerto fuera pedido de manera correcta.

Con el partido parado, se ve a William Jones señalar tres segundos con sus dedos. Ese es otro punto clave, probablemente el más importante y polémico: ¿debería haberse reanudado el partido con tres segundos o sólo con uno en el reloj? De nuevo según Hans Tenschert, Righetto quería reanudar el partido con un sólo segundo y así se lo comunicó a la mesa, pero después de la intervención de Jones decide que se añadan dos segundos al reloj. En varios documentales americanos al respecto se menciona que William Jones no tenía autoridad para intervenir. Lo cierto es que si tenía autoridad como presidente de la comisión técnica que decidiría cualquier queja sobre el arbitraje, si bien no tenía poder de decisión sobre partidos en juego. Según la explicación de la FIBA dada por el húngaro Ferenc Hepp, publicada años más tarde en la revista oficial International Basketball, William Jones sólo había asesorado a Righetto, que fue el que tomó la decisión última de reanudar el partido con tres segundos. También hay que resaltar que uno de los mayores problemas en este momento fue de comunicación. La mesa hablaba solo alemán, y los árbitros Righetto y Arabadjan no tenían una lengua común, lo cual puede explicar lo que sucede a continuación.

Mientras la mesa está todavía preparando el cronómetro, que marca 50 segundos, los árbitros deciden reanudar el partido. Se pueden ver los gestos de uno de los miembros de la mesa intentando frenar a los árbitros, pero estos no lo ven y siguen adelante. En el alboroto, Edeshko ha entrado por Zharmukhamedov para sacar de fondo. Los árbitros no se dan cuenta de los mensajes de la mesa y ponen el balón en las manos del jugador soviético. Defendido por el pívot McMillen, Edeshko se la pasa a Paulauskas, que lanza el balón hacia el aro. Sin embargo, la bocina suena en el mismo momento que el jugador lituano recibe el balón, con el reloj todavía marcando 50 segundos. Los americanos creen que ha terminado el partido y empiezan a celebrar la victoria. La cadena americana también da el partido por acabado con 50-49 e incluso hay aficionados que saltan a la cancha a celebrar. Sin embargo, los árbitros ordenan que se despeje la cancha. El equipo americano no se lo puede creer, creen que se les está dando a los soviéticos una oportunidad tras otra de ganar el partido. Según declararía John Bach años más tarde, William Jones le amenazó diciendo que no volver a la cancha significaba perder el partido por renuncia. Hank Iba acaba aceptando a regañadientes: "I don't want to lose this game later tonight, sitting on my butt" ("No quiero perder ese partido por quedarme aquí sentado").

Esta vez sí, el cronómetro se sitúa en tres segundos y el partido se va a reanudar de nuevo. Arabadjan entrega el balón a Edeshko. Y aquí hay otra polémica: el búlgaro parece hacer un gesto a McMillen, que este interpreta como que se aparte del jugador soviético que va a poner el balón en juego. En lugar de molestar al sacador, McMillen se aleja de Edeshko y le da una visión clara del campo. Arabadjan más tarde explicaría que su gesto sólo era para que McMillen no rebasara la línea de fondo, mientras que el americano explica que se aparta porque no entiende lo que le pide el árbitro y quiere evitar una posible técnica a toda costa. En un especial de una cadena americana en 2012, Doug Collins declaraba que en la confusión no se puso a Tom Burleson, el techo del equipo con 2.18 metros, a molestar el saque de fondo. Curiosamente, en el mismo programa, John Bach explicaba que le había sugerido eso mismo a Iba, pero el entrenador había rechazado la idea diciendo que quería a McMillen ahí. Según algunas fuentes americanas, Burleson no jugó la final por haber recibido la visita de su futura esposa en el hotel. Sin ningún defensor para molestar el saque, Ivan Edeshko envía un pase al otro lado de la cancha, donde se encuentra Aleksandr Belov. El jugador del Spartak de Leningrado captura el balón con un fantástico salto ante la oposición de Jim Forbes y Kevin Joyce, que salen despedidos, finta una vez pese a que no hay nadie a quién fintar y anota una sencilla canasta bajo el aro. En un cruel giro del destino para los jóvenes universitarios americanos, las escenas de júbilo se repiten, pero esta vez en el otro lado. Esta vez sí, el partido ha acabado, pero la polémica durará un buen tiempo, para algunos jugadores el resto de sus vidas.

La canasta decisiva y posterior celebración

 

Treinta años más tarde, Ivan Edeshko, harto de hablar sobre los tres segundos de Munich en cada entrevista, responde con el vídeo de la jugada cada vez que le preguntan sobre el tema, y dice: "¿Qué siento cuando veo esto? Nada. Ya lo he dicho muchas veces, capturar el pase era más difícil que darlo, así que los tres segundos son mérito de Sasha Belov." Y para aquellos que creen que fue un pase milagroso añade: "Incluso ahora puedo dar ese pase. No diez de diez, pero siete igual sí. La dificultad no estaba en hacerlo bien en cuanto a técnica, sino en la presión psicológica del momento".

El equipo americano firma el acta con protesta, alegando que el tiempo total transcurrido en el partido es de 40 minutos y 3 segundos. La protesta se eleva al jurado de apelación. De nuevo según la versión de Ferenc Hepp en International Basketball, el jurado se reúne a las dos de la madrugada y la discusión se extiende hasta las diez de la mañana. No se consideró la posibilidad de repetir el partido, sino de dar la victoria por 50-49 a los Estados Unidos o a la URSS 51-50. Esa decisión se toma por votación secreta de los miembros del jurado, donde la URSS sale beneficiada de la votación. Aquí hay otra polémica. Ferench Hepp declara que la decisión no es unánime sin dar más detalles. El jurado de apelación estaba formado por el propio Ferench Hepp (Hungria), A. Baqla-jewski (Polonia), Dr. C. Coccia (Italia), A. Keiser (Cuba) y R. López (Puerto Rico). Pese a que Hepp no dice el resultado de la votación, el italiano y el puertorriqueño declaran haber votado en contra, haciéndose casi imposible no pensar que se ha votado en base a los bloques políticos. Los americanos no aceptan la medalla de plata y el segundo puesto queda vacío en la entrega de las medallas.

El pódium vacío

 

 

La protesta americana se extiende al comité olímpico, pero en febrero de 1973 dicen que eso es una decisión que atañe a la FIBA, cerrando el tema. Al menos de manera oficial, 40 años más tarde, los jugadores americanos, con sólo un par de excepciones, siguen diciendo que les robaron la medalla de oro y que no aceptan la medalla de plata. Para recibir la medalla de plata todos los miembros del equipo deberían estar de acuerdo. Sólo Tom McMillen dice públicamente que aceptaría la medalla, pero después de un encuentro entre todos los jugadores relatado en el especial "Silver Reunion" de ESPN, todos los miembros del equipo olímpico están todavía de acuerdo en seguir rechazando la medalla de plata.

Algunos de los jugadores americanos creen que hubo una conspiración en su contra, y que William Jones deseaba una victoria soviética para romper la hegemonía norteamericana, de ahí su intervención. Lo cierto es que si se quería favorecer a la URSS había mejores maneras de hacerlo que darles la oportunidad de anotar con tres segundos sacando desde su propio campo. Viendo el partido, el arbitraje parece en líneas generales bastante correcto, y el desastre del final parece más debido a una cadena de errores y a fallos de comunicación que a una voluntad explícita de perjudicar al conjunto americano. Repasando los hechos y tras leer opiniones y ver el video numerosas veces, mi opinión es la siguiente:

1. La versión de Robert Edelman sobre el tiempo muerto pedido por Kondrashin es probablemente correcta. Sería raro que un entrenador de su experiencia y familiarizado con las reglas de partidos internacionales no pidiera un tiempo muerto en esa situación, y siendo ya el partido final parece difícil de creer el dúo Kondrashin-Bashkin no supiera como manejar el aparato electrónico. Lo lógico era hacer efectivo el tiempo muerto entre el primer y el segundo lanzamiento para entorpecer lo máximo posible al tirador. La mesa no entendió la intención del entrenador soviético de pedir el tiempo muerto entre los dos lanzamientos hasta que ya era demasiado tarde. La bocina que se oye cuando Collins está lanzando el segundo tiro libre es probable que fuera la propia mesa intentando advertir a los árbitros del tiempo muerto pedido por la URSS, pero como el balón ya estaba en manos del americano el parón en el juego no se podía conceder.

2. Arabadjan no se da cuenta de que Righetto se ha girado a la mesa y pone el balón en juego.

3. Righetto para el juego cuando se da cuenta de lo que ocurre en la mesa pero no concede el tiempo muerto y quiere reanudar el partido con un sólo segundo. Aquí es donde los americanos pueden tener más quejas. Es lógico pensar que Righetto cambia de opinión a causa de la presión de William Jones. El secretario general de la FIBA se dio cuenta del error de la mesa de no dar el tiempo muerto e intenta "compensar" restableciendo los tres segundos, pese a que añadir tiempo al cronómetro era una decisión sin precedentes como declararía más tarde el cronometrador oficial del partido André Chopard. Según explicaría el director de la NCAA Ed Steitz años más tarde, William Jones le había confesado que pese a restablecer los tres segundos no esperaba que los soviéticos lograran anotar. Es probable que el propio Jones estuviera intentando cubrirse las espaldas ante una queja soviética después del partido a causa del error de la mesa. De hecho, pese a que no hubo tiempo muerto, entre todo el caos Kondrashin pudo dar instrucciones a los suyos e incluso efectuar un cambio.

4. Por culpa de la mala comunicación entre la mesa y los árbitros, estos últimos deciden reanudar el encuentro pese a que el cronometro todavía marca 50 segundos. La bocina suena inmediatamente cuando Paulauskas recibe el balón, con el cronómetro todavía marcando los mismos 50 segundos. Parece probable que la bocina fuera un intento de la mesa de evitar que el balón se pusiera en juego, pero de nuevo llega demasiado tarde y se interpreta por los jugadores como el bocinazo final.

5. Después de las celebraciones, el equipo americano es obligado a volver a cancha bajo las amenazas de William Jones. Dados los problemas de comunicación, lo más probable es que los americanos no entendieran en aquel momento que ocurría y les pareciera que simplemente se estaban dando varias oportunidades a los soviéticos de anotar.

6. El cronómetro esta vez sí se pone a tres segundos. Tom McMillen no entiende las indicaciones del árbitro y por precaución se aparta de la jugada, cosa que aprovecha Edeshko para sacar su fantástico pase.

El resto es historia. Alzhan Zharmukhamedov relata que todo el equipo se quedó hasta las tres de la mañana en los vestuarios del pabellón, con la incertidumbre de si su victoria sería invalidada o si el partido se tendría que repetir. Lo cierto es que habían dominado el marcador durante 39 minutos, y de hecho deberían haber cerrado el encuentro antes de que se llegara al final de infarto. El propio Kondrashin declararía al respecto: "No quería que nos hicieran falta esos tres segundos". De todos modos, cuando parecían tocados y hundidos, habían anotado una genial canasta ganadora.

Deportivamente hablando, se podían considerar justos vencedores. Varios jugadores americanos también apuntan al estilo conservador de su entrenador, explicando que si les hubiera dejado correr como hicieron en los últimos minutos no se habría llegado con marcador ajustado al final. El conjunto americano tenía razones de sobra para estar furiosos con lo ocurrido, pero dado el caótico final ambos equipos podían tener motivos de queja dependiendo del lado en el que hubiera caído el partido.

Pese a los evidentes progresos del baloncesto soviético, este equipo americano es probable que fuera el más flojo de cuantos habían presentado los americanos a los JJ.OO. hasta la fecha. La baja de Bill Walton mermó sensiblemente el poderío interior y privó al equipo americano de su jugador más diferencial. Eso sin tener en cuenta que los soviéticos presentaban un equipo con sus jugadores más experimentados, mientras que los americanos no podían llevar a sus estrellas de la NBA o la ABA. Y, aún así, la URSS solo había conseguido una victoria por un punto en el último segundo con muchísima polémica. El reinado americano seguía vigente. Eso no es óbice para que los integrantes del equipo soviético consideren esa medalla de oro como el mayor logro de su carrera, una victoria que les catapultaría hacia un estatus de semidioses. Si bien eso no evitaría la caída en desgracia de varios de ellos: Aleksandr Belov, Ivan Dvorny, Sergey Belov y Alzhan Zharmukhamedov tuvieron problemas con las autoridades. En el caso de Dvorny incluso llegó a pasar tiempo en prisión. El régimen soviético, al igual que en aquel "Roma no paga a traidores", no pagaba a aquellos que no se adherían estrictamente a sus reglas.





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