Sábado, 27 de noviembre de 2021
30.11.2009 - 17:31h. [ Comenta la noticia ]
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Eurocup: Spartak SPB, mirada íntima.



Rusia notó una sacudida desde le Norte durante la pasada temporada. Tambores históricos que permanecían dormidos. La monumental ciudad de San Petersburgo floreció junto a la primavera y el club de baloncesto más representativo, el Spartak, lograba acceder a las semifinales del campeonato ruso, su mejor resultado en una década, y retornar a las competiciones europeas, en esta ocasión ingresando en la Eurocup. La entidad que intentó ser una alternativa real al poder del CSKA dentro de las fronteras soviéticas volvía a dibujarse, tiempo después, en el firmamento ruso.

El Spartak, entonces en la comunista Leningrado, fue fundado en 1935 y desde el comienzo la dificultad estuvo apegada a las entrañas del club. Un inicio duro, entre las divisiones regionales del Norte, anhelando alcanzar la primera categoría del baloncesto de su país. Una trayectoria cortada de raíz por la II Guerra Mundial y de vuelta al origen, con una costosa ascensión hasta alcanzar plaza en el poderoso campeonato soviético, que no iba a llegar hasta 1960. El Spartak empezaba a competir en una liga que dominaba la Copa de Europa, con los primeros colosos de índole europea, equipos como el ASK Riga, el Dinamo Tbilisi o el CSKA Moscú. Comienzos difíciles que el Spartak superó con trabajo, estabilidad y formación. San Petersburgo iniciaba su destacada labor en la apuesta, progresión y aprendizaje de jóvenes talentos soviéticos. Entre 1966 y 1967 iban a producirse los dos hechos clave que rediseñaron la historia del Spartak. Primero llegó hasta el equipo de la ciudad que baña el Nevá Alexander Belov, posterior leyenda nacional, y un año después la dirección técnica recayó en Vladimir Kondrashin. El entrenador iba a convertir el banquillo del Spartak en su hábitat natural, donde permanecería durante 28 años. A estas dos relevantes figuras se unió un grupo sólido formado, entre otros, por jugadores como Pavlov, Ivanov, Fedorov o Arzamaskov. El equipo resultante advirtió de sus intenciones y crecimiento en 1969, terminando en la tercera posición del campeonato nacional.

Las bases de un equipo llamado al primer escalón soviético se habían conformado no sin esfuerzo ni dificultades. La confianza en el trabajo de Kondrashin dibujó un conjunto que en la década de los ’70 se convirtió en la principal amenaza del todopoderoso CSKA. San Petersburgo reclamaba la capitalidad del baloncesto en la Unión Soviética. La antigua ciudad de los Zares desempolvaba viejos laureles, esta vez con el deporte como principal exponente, y reclamaba su atención. El Spartak entre 1970 y 1978 ocupó el eterno segundo puesto de la clasificación soviética, en una batalla feroz entre ambos Belov por la supremacía nacional, con la excepción de 1975 donde se alzaron con el cetro nacional. San Petersburgo, entonces Leningrado, volvía a ser la capital del país. Una década donde el Spartak también puso su nombre en el firmamento europeo. La Recopa fue su coto de caza. En 1971 cayeron derrotados en la final ante la histórica Olimpia de Milano. A pesar de los esfuerzos de Alexander Belov, el dúo interior compuesto por Masini y Kenney decantó la final para los italianos. El Spartak tomó cumplida venganza en 1973 y 1975. En ambas ediciones los soviéticos eliminaron en semifinales al Joventut, y derrotaron para alzarse con el título a dos equipos balcánicos. La primera fue conquistada ante la Jugoplastika de Split. Fedorov, 25 puntos, y Belov, 18, doblegaron a un equipo liderado por Damir Solman, 24 puntos, y Rato Tvrdic, 18 tantos. La segunda Recopa llegó en 1975 ante el Estrella Roja de Belgrado. Un partido ajustado donde Arzamaskov con 17 puntos fue la figura más relevante de un Spartak que supo imponerse a un equipo balcánico liderado por Moka Slavnic, 21 puntos.

Una década gloriosa que delimitó por siempre las hechuras históricas del club de San Petersburgo. Fronteras que no se detuvieron en el equipo. Kondrashin ocupó entre 1970 y 1976 el cargo de seleccionador soviético, y junto a Alexander Belov obtuvo amplio prestigio y reconocimiento internacional. Ambos fueron protagonistas de uno de los momentos más polémicos de la historia Olímpica. Munich’1972, Juegos de trágico recuerdo, supuso el oro soviético en la disciplina de baloncesto, conquistado por una canasta muy discutida del propio Belov, que arrebata por un día el protagonismo a Sergei, sobre el bocinazo final. Alexander también tuvo reconocimiento individual y colectivo en el Mundial de Puerto Rico, en 1974, donde la URSS se alzaba con la victoria final. La triunfal senda del equipo septentrional iba a teñirse de luto, desgraciado final a una huella mítica. Alexander Belov fallecía en 1978, a los 27 años, debido a un sarcoma cardiaco. El golpe y la ortodoxa sepultura enterraron también las ilusiones del Spartak. Un club que fue desalojado de la segunda plaza del campeonato en la década de los ’80, cayendo a una cuarta posición que resultaba incómoda a ojos del historial y el lustre de la vitrina a orillas del Nevá. La mala fortuna había iniciado una nueva época de dificultad. Una etapa que podemos indicar ha perdurado por casi 30 años, hasta la resurrección de la pasada temporada. Solo un oasis significativo, simbólico, una concesión al constante trabajo que continuaban desarrollando en San Petersburgo, pequeña recomposición del espíritu que enterraron con Belov. 1992 fue una fecha muy destacada tanto a nivel social como deportivo en Rusia. La desmembración soviética provocó la inauguración de las ligas únicamente rusas, y en su primera edición fue el Spartak quien se alzó con la victoria absoluta. El cetro nacional regresaba a una entidad que, abandonada la denominación de Leningrado, bautizaba en el éxito el nombre de San Petersburgo. Nuevos aires, viejos recuerdos. Otra figura interiore relevante surgía en el frío septentrional. Sergei Panov conducía un talentoso y joven conjunto formado por jugadores como Fetisov, Mikhailov, Kissourine y los hermanos Pashutin. Un año después el Spartak se proclamó subcampeón.

Fue un pequeño trienio de una esperanza que no iba a renovarse. El Spartak desaparecía de la faz del basket ruso. Solo la formación y aparición al máximo nivel de jóvenes talentos dejaban constancia de que la actividad seguía desarrollándose en el histórico club. Allí debutó Andrei Kirilenko con tan solo dieciséis años. También moldearon tiempo después a Anton Ponkrashov. El 5º puesto obtenido en 2000 bajo la dirección técnica de Rimantas Endrijaitis, y una plantilla formada por el regreso de Fetisov, el gigante Ershov y los exteriores Padius y Zamansky, era ridículo bagaje para el club en 10 años. No fue hasta la reciente 2008-2009 cuando el Spartak retornó a la primera línea del baloncesto ruso. Evgeni Pashutin regresaba a su alma Mater, esta vez como entrenador, para iniciar su nueva carrera tras haber aprendido al lado de Ettore Messina en Moscú. Lo hacía con la inestimable colaboración de Zakhar, quien había enriquecido su palmarés como jugador en las filas del CSKA y aun mantenía ilusión por permanecer sobre el parquet. Evgeni recogía un equipo destrozado, que venía de completar una gris campaña bajo el mando del técnico Igor Miglinieks, y su labor fue de primerísimo nivel. La 07-08 había sido una temporada harto complicada, con multitud de cambios en la plantilla, problemas de diversa índole, un caos. El hoy jugador bilbaíno Damir Markota pasó por la disciplina rusa durante aquella temporada, cambiando de aires a mitad de temporada, cuando Zalgiris y la Euroliga reclamaron sus servicios.

Reflotó la organización, se apoyó en un regalo de Navidad con forma de Savrasenko e hizo jugar de forma seria y ajustada al equipo, siguiendo el compás que marcaba Wisniewski desde el puesto de base. Hizo funcionar a Zozulin, llegado de Perm, de modo que el exterior ruso fue llamado para formar parte del combinado ruso en el pasado Eurobasket de Polonia, se apoyó en dos jóvenes que había formado en el junior del CSKA como Kurbanov y Zavoruev, y sacó brillo a la veterana figura de Meshcherakou. Dieron la sorpresa eliminando al Dynamo Moscú en cuartos, para después caer eliminados, no sin dar la cara, ante el Khimki de Scariolo. El Spartak volvía a caminar. Europa espera llena de incertidumbres a un proyecto que ya no cuenta con Evgeni Pashutin, el hombre cuyo trabajo devolvió parte de su pasado a San Petersburgo, y que le sirvió para ganar la plaza vacante de sucesor al trono de Ettore. Un vetusto gigante vuelve a caminar por Europa.



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Noticia publicada por Kantauri

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