Domingo, 28 de noviembre de 2021
30.11.2009 - 23:44h. [ Comenta la noticia ]
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Eurocup: Perfil de Levance Fields (Spartak St. Petersburg)



“Nadie te va a regalar nada en esta vida, lo que consigas tendrás que ganártelo tú mismo”, decía siempre Koreen a su hijo cuando el pequeño Levance rompía a llorar de impotencia. Ambos jugaban en casa, en una de esas canastas de juguete, y Koreen no dudaba en defender con todas sus ganas y taponar los tiros del chico. Intentaba sacar orgullo y carácter del interior de Levance, valores fundamentales para crecer y sobrevivir en un entorno hostil. El barrio de Brownsville, en Brooklyn, siempre fue una de las zonas más peligrosas y conflictivas de Nueva York. Para una madre soltera, la principal preocupación era educar a su hijo y mantenerlo a salvo, fuera de los tentáculos de las bandas y del radio de acción del comercio de esquinas.


Su infancia y la figura de su madre marcaron para siempre el carácter, dentro y fuera de las canchas, de Levance Fields. Difícilmente la presión puede distraer o amedrentar a alguien acostumbrado a jugar durante años en una pista, la de su barrio, en la que el toque de queda lo marcaba el sonido de la primera ráfaga de disparos. Si tras el estruendo Levance seguía sano y entero, corría al encuentro de su madre, entraba a casa, echaba el pestillo y ambos se cubrían bajo la mesa o la cama esperando que pasase la tormenta. Para convertirse en un líder e influenciar de forma verdadera en los compañeros, antes un jugador debe confiar y sacarse adelante a sí mismo. Fields se acostumbró a cuidarse y sacrificarse desde adolescente. Koreen le había convencido para jugar en un equipo de la AAU en Brooklyn, donde compartió vestuario con el jugador de Georgetown Jessie Sapp, por lo que pasaba buena parte de su tiempo viajando por el país y disputando torneos. Lejos de casa, curtiendo su personalidad y viendo otros mundos.


Levance acudía cada día al Xaverian High School, una nueva prueba personal. Dos autobuses y un tren de ida, mismo trayecto de vuelta. De nuevo lejos de casa, del horror de las calles de Brownsville, consigo mismo como principal sustento. En su segundo año de instituto, pues Fields nunca llegó a aparecer por las pruebas del equipo de baloncesto, Jack Alesi, el entrenador, descubrió a Levance jugando con algunos chicos en un patio cercano. “Mitad base, mitad fullback”, pensó. Los inicios de ese base con cuerpo de jugador de futbol americano fueron duros. Simplemente un episodio más en la carrera de obstáculos que ha tenido que superar para salir adelante. Su físico, pasado de peso y demasiado frágil, convirtió cada entrenamiento en una pesadilla durante los primeros meses. No era nada raro que acabase vomitando en el vestuario. “Soy un cáncer para el equipo”, llegaba a decir. Incluso coach Alesi intentó justificar su retirada del quinteto titular y la pérdida de minutos alegando una gripe o cualquier otro problema menor. Pero Levance no iba a darse por vencido nunca. Tenía un sueño, un objetivo, una “deuda pendiente”. Su cuerpo fue aclimatándose a la exigencia de los entrenos y partidos, y su juego fue creciendo de manera exponencial. Poco a poco fue erigiéndose en el líder del equipo, conduciendo a sus Clippers al título regional.


A pesar de sus buenos números y su influencia en la cancha, Levance Fields no era uno de esos proyectos de jugador que desbordaban de elogios los cuadernos de notas de scouts y recruiters. No era uno de esos talentos deslumbrantes que en tan sólo cinco minutos dejaban claro que se trataba de alguien especial. Fields pasó desapercibido para muchas universidades, pero no para los ojos de Barry Rohrssen, uno de los scouts de Pittsburgh. Una visita al campus de los Panthers fue más que suficiente. “Me sentí como en casa”, comentaba Levance. Jamie Dixon, entrenador de Pitt, sabía que debía cuidar de forma especial al base llamado a comandar su proyecto. Brandin Knight, estrella de Pittsburgh unos años antes, se convertiría en el mentor y alma mater de Fields. En los Panthers el neoyorquino fue mejorando poco a poco, puliendo defectos y, sobre todo, ganando solidez física. Tomando galones hasta convertirse en “El General”, como le conocían sus compañeros. Pittsburgh crecía al ritmo del trío que formaban Fields, Sam Young y DeJuan Blair. Levance parecía haber encontrado de forma definitiva la senda adecuada.


La noche del 17 de Septiembre de 2007 pudo haber mandado todo al traste. Una noche de fiesta, clubs, demasiado alcohol y un grave error. Fields discutía con un agente de policía, agrediéndole y arrebatándole el arma. Acabó detenido acusado desarmar a un agente de policía, agresión y de exceso de alcohol. Cerca estuvo de acabar en prisión, pero la vida, el juez y la Universidad de Pittsburgh le concedieron una segunda oportunidad. 50 horas de servicios comunitarios y un programa de rehabilitación serian la penitencia, los requisitos a cumplir para volver a la cancha. Levance fue consciente de su error y tomó en serio la rehabilitación. Había salido de una infancia complicada, evitando demasiados peligros como para fallar tan cerca de su objetivo.


Compaginaba estudios, el programa de rehabilitación y el arranque de la temporada 2007/08. Casi tres meses después del incidente, el general Fields se liberó de todos sus nuevos fantasmas en el Madison Square Garden de su Nueva York natal. Pittsburgh, número 9 del país, se enfrentaba a Duke, numero 7, en uno de los partidos más importantes del año. Pitt había perdido a Cook por lesión y estaba dos abajo antes de su última posesión. Fields, que había perdido el balón en los dos anteriores ataques, encaraba a su defensor. Dribbling, paso atrás y el triple de la victoria.





Aquella jugada en el Madison fue el punto de inflexión definitivo. El juego de Fields alcanzó su máximo esplendor, y mientras Blair y Young ocupaban todas las portadas, él se asentaba como el comandante de la nave de los Panthers. Cuatro días después del partido ante Duke, Levance caía lesionado y Pittsburgh sufría su ausencia firmando una mala fase regular de conferencia. Pero daba igual, el paso adelante ya estaba dado. El general llegó a tiempo para la recta final de la temporada, y en el torneo de la Big East de 2008 los Panthers, que partían como séptimos cabezas de serie, derrotaban a los tres primeros clasificados de la fase regular para proclamarse campeones de la conferencia más dura del país. La temporada siguiente el equipo se mantuvo entre los mejores todo el año, llegando a ser número uno nacional. Con uno de los cuatro seeds número uno Fields y los suyos llegaron a la March Madness, en la que sólo una canasta sobre la bocina de Scottie Reynolds, de Villanova, privaba a los chicos de Jamie Dixon de la Final Four. Levance estuvo magnifico todo el torneo, tirando de un conjunto que se mostró irregular y algo atascado. Cada una de las tres victorias en el gran baile fue una exhibición de solvencia y liderazgo de Fields en los minutos finales. Los aficionados de Pitt difícilmente olvidarán el final del partido ante Xavier.





Levance Fields no es especialmente rápido, ni alto, ni duro, ni ágil, ni un gran anotador ni un excelso tirador. Y, sin embargo, es uno de los mejores bases de esta hornada universitaria. Por carácter, liderazgo, garra y fortaleza mental. Por su capacidad de dirección y hacer jugar a sus compañeros. Por estar ahí para ellos. Porque sí es duro, ágil y rápido cuando el partido se pone difícil. Porque si anota y lanza a las mil maravillas cuando su equipo más lo necesita. Es un base con una gran ética de trabajo y afán de superación. Inteligente, sacrificado.


Sus limitaciones físicas le apartaban de la órbita del draft, pero no iba a dejar escapar su objetivo tan fácilmente. Levance iba a ser profesional costase lo que costase. Iba a ganarse la vida en una cancha de baloncesto. Iba a emplear sus primeros sueldos en comprarle a su madre una casa y sacarla de Brownsville cuanto antes. Durante la post-temporada, entre exámenes y visitas a su casa, trabajó duro en el gimnasio, perdiendo varios kilos y ganando rapidez y agilidad. Realizó workouts con Knicks, Kings y Cavaliers, llegando a formar parte del roster de Orlando Magic en las ligas de verano de la NBA. Pero las puertas de su sueño se le cerraban. “Por el momento”, decía Fields. Sólo unos días después de abandonar Orlando llegaba la oferta del Spartak. Dos años y unos 450.000 dólares anuales. Llegaba su oportunidad profesional, el momento de saldar esa deuda que tenía consigo mismo y con Koreen, su madre. Muy lejos de casa. Ninguna novedad.


Un gran cambio, un nuevo país y un baloncesto distinto. Además, el Spartak comenzó mal e incluso su entrenador fue destituido. Pero Fields, máximo anotador y asistente del equipo, parece salir adelante ante la adversidad. Una vez más. La vida no le ha regalado nada, como decía Koreen. Levance se ha ido ganando una tras otra las oportunidades que ha tenido.



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Noticia publicada por Alejandro González

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