Martes, 19 de octubre de 2021
06.05.2010 - 16:13h. [ Comenta la noticia ]
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Euroleague F4: Los recuerdos de Johnny Rogers (campeón '02 y '00)


En las competiciones baloncestísticas a nivel de clubes no hay nada más grande que ganar un título de Euroliga (bueno, a menos que juegues en Grecia… luego os lo explicaré).

Participar en un evento como la Final Four de la Euroliga es fantástico. La atmósfera es increíble y es genial el sentimiento de saltar a la pista para formar parte del espectáculo junto a los otros tres mejores equipos de Europa. A algunos jugadores les puede la responsabilidad y en cambio otros se crecen ante estas ocasiones…

Yo tuve la fortuna de poder participar en cinco Final Four con tres clubes diferentes: 1992, 99, 2000, 01 y 02, consiguiendo el título con Panathinaikos en 2000 y 2002.

Para afrontar los partidos hay que mirar más allá, anticiparse a los acontecimientos. Sabes que la historia esta esperando a ser escrita. Una de las claves más importantes para conseguir el éxito es no preocuparse por las estadísticas individuales. Cada acción en la pista se realiza con un propósito, ya sea un extra-pass, un buen bloqueo, hacer una falta para evitar una canasta fácil… cada posesión es importante. Todas esas cosas no suman en el cuadro de valoración, pero nadie se acordará de la estadística uno o dos días después.

Sin embargo, la gente sí recuerda de cuántos títulos consigue un jugador. Desafortunadamente los jugadores no suelen darse cuenta de ello hasta que finalizan sus carreras. No nos acordamos de cuántos puntos anotó Bodiroga en aquellas finales, pero sí que consiguió el título en tres ocasiones. Eso es lo que perdura, lo más importante de todo.

Teníamos buenos jugadores con carácter en nuestra plantilla. Y lo más importante, al mejor entrenador de Europa, Zeljko Obradovic, dirigiéndonos. La química era fundamental, ya que proveníamos de diferentes partes del mundo pero estábamos muy compenetrados tanto dentro como fuera de la cancha. En el equipo del año 2000 teníamos jugadores nacidos en Grecia, Serbia, Italia, Alemania, Israel, Irlanda y Estados Unidos, mientras que en 2002 éramos una mezcla de Grecia, Croacia, Serbia, Argentina, Turquía, Rusia y EE.UU.

Lo que sin duda nunca podré olvidar de aquellos títulos son las celebraciones junto a los compañeros, familiares, amigos y aficionados. Fue muy emocionante lograr un sueño tan complicado de alcanzar. En el año 2000 en Salónica señalé hacia mi mujer para dedicarle el título cuando me llegó el turno de alzar la Copa ante nuestros aficionados. Después de todo ella hizo un gran sacrificio personal trasladándose a un país extranjero con dos hijos recién nacidos y así poder tener yo la oportunidad de jugar en un equipo de máximo nivel en Europa.

Tampoco olvidaré nunca a nuestro fisio gritando en el vestuario para que detuviéramos la celebración y tener un momento de atención por nuestra parte después de ganar el título. Nos dio la enhorabuena por la victoria y también nos dijo que cuando saliéramos del pabellón debíamos olvidarlo todo y pensar en el título más importante: vencer al Olympiacos (lo que significaba conseguir el campeonato de liga griega). Nos lo dijo con mucha seriedad, y aunque me llevó un tiempo acostumbrarme a vivir tal rivalidad había mucho de cierto en sus palabras. Los jugadores griegos y el staff técnico no querían pasar un verano en el que los aficionados de uno y otro equipo les estuvieran recordando en la playa, restaurantes, bares, etc., que habían perdido la liga. ¡Contaban que las veces que había ocurrido fue una experiencia inaguantable!.

Por supuesto en ese momento no queríamos oír nada de eso porque habíamos logrado la objetivo más importante que nos habíamos marcado desde el primer día de entrenamientos en las lluviosas montañas de Eslovenia, donde algunos compañeros se reían al imaginar que la sesión de footing se suspendería por la lluvia… Pero no sólo no se suspendía sino que Obradovic nos provocaba aún más preguntándonos a voz en grito si “había fichado a un montón de señoritas”. Ese más o menos fue el tono general de toda la preparación y la posterior temporada, porque el equipo trabajó muy duro. Estuvimos fuera de casa 34 días consecutivos en pretemporada, sumando a los 18 días en las montañas los torneos en Ljubjana, Italia, Belgrado y Chipre. Ese trabajo tan duro finalmente obtuvo grandes resultados.

La experiencia en los días previos a la Final Four de 2002 fue igualmente muy buena. En los entrenamientos me sentía muy bien de piernas, con puntería cara al aro y la atmósfera del pabellón era única, a pesar de que jugábamos ante el equipo local. Al contrario que en anteriores ediciones nadie esperaba que pasáramos de semifinales, e incluso plantarse en la Final Four había sido un gran éxito teniendo en cuenta las dificultades, lesiones, etc., que habíamos padecido durante la temporada. Vencimos a un gran Maccabi en semifinales, básicamente el mismo equipo frente al que habíamos caído un año antes en las finales de París y al que habíamos derrotado en 2000 en Salónica. Y nos plantamos en la final, donde nos esperaba el máximo favorito, la Kinder Bologna.

Las cosas no comenzaron bien para nosotros, yendo más de diez puntos por debajo en el marcador, llegando a 17 en el segundo cuarto. Me recuerdo a mí mismo pensando que no podíamos dejar que nos avasallaran de esa manera, que teníamos que hacer todo lo posible por mantenernos cerca. La Kinder jugaba en casa y aquello parecía una fiesta de celebración con una atmósfera en la que todos pensaban que los de Bologna iban a conseguir el título, normal teniendo en cuenta su plantilla y la gran ventaja de poder jugar en su ciudad. Jaric, Anderson, Smodis, Ginobili, Griffith, etc… la mayoría de sus jugadores han sido elegidos recientemente entre los 50 mejores de la década en la Euroliga.

Pero se pusieron nerviosos cuando comenzamos a acercarnos en el marcador… teníamos un equipo veterano que no quería dejarse ganar de aquella forma… y finalmente lo conseguimos, nos pusimos por delante y ya no dejamos escapar el partido.

En el vuelo de regreso a casa aquella noche la atmósfera estaba más apagada de lo que se puede pensar de un equipo que acaba de conseguir un título como ese. Estábamos exhaustos y eran nuestras esposas y los directivos los que celebraban el triunfo en el avión. Llegamos a Atenas a las 5 de la mañana y allí nos esperaban miles de aficionados con sus banderas, pancartas, etc., para recibirnos y vitorearnos. Cientos de ellos siguieron al autobús del equipo en sus coches haciendo sonar el claxon, ondeando las banderas por las ventanillas… y nosotros haciéndoles fotos y grabándoles en vídeo, porque aquella escena era absolutamente increíble. ¡Había que verlo para creerlo!



JOHNNY ROGERS


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Noticia publicada por BasketMe

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