Miércoles, 20 de octubre de 2021
17.05.2010 - 02:09h. [ Comenta la noticia ]
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Análisis NIJT Paris 2010: INSEP, por Alejandro González


Pocos apostaban por los organizadores del torneo, especialmente tras la derrota de la primera jornada ante el Union Olimpija, en la que escenificaron a la perfección las grandes y las miserias del actual baloncesto francés. Pero los chicos del Centre Federale de Basketball se sobrepusieron al pinchazo inicial y se mostraron muy sólidos en los momentos decisivos, engarzando dos victorias de gran mérito y dominancia ante Zalgiris (el gran favorito de su grupo) y FMP.



El INSEP es posiblemente el equipo francés, tanto de categorías inferiores como senior, con mejor cohesión colectiva e inteligencia que hemos podido ver en el último lustro. Con los problemas ya endémicos de falta de tiro exterior y circulación de balón en estático, pero mayor paciencia, creatividad, capacidad de improvisación y reparto de tareas tanto desde un punto de vista global como en el entorno particular de cada acción de un partido. Ante equipos muy superiores técnicamente como Zalgiris y FMP los franceses supieron desplegar sus mejores virtudes ofensivas y una aplicación y ejecución defensivas francamente notables.

Livio Jean-Charles (16’3 puntos, 5 rebotes, 2’8 asistencias), considerado uno de los mejores proyectos del baloncesto galo, fue elegido MVP del torneo. Un premio de obligado sentido individual pero que debía servir para rendir honor a todo el equipo. Livio sacó partido durante todo el torneo de su gran versatilidad y sus estupendas condiciones atléticas. Delgado y nada potente, el ala-pívot es tremendamente ágil y coordinado para su estatura, disfruta de largos brazos y pies rápidos que le hacen mantenerse activo y móvil durante todo el partido en ambos lados de la cancha. Con tendencia a jugar de cara al aro, más que crear por si mismo anotaba gracias a su colocación (recibiendo balones en zonas cercanas a canasta), buenas manos, lectura de las defensas rivales y segundas opciones gracias a su gran trabajo en el rebote ofensivo. No ofreció ese juego lejos del aro que está empezando a insertar en su repertorio, pero si que mostró una mejor visión de juego y capacidad de pase. Livio no sólo ejecutó, sino que lo hizo en los momentos más importantes de los partidos, apareciendo siempre cuando su equipo más necesitaba el surgir de una figura.



Jean-Charles fue más regular, y quizá por eso recibió un galardón que bien podría haber ido a parar a las manos de Hugo Invernizzi (14 puntos, 3’8 rebotes, 2’8 asistencias, 54% en triples). El alero tuvo un papel fundamental en el éxito de su equipo, siendo el factor diferencial exterior que daba algo de equilibrio al INSEP. La única derrota de los locales coincidió con su peor día en el tiro, algo que no parece casualidad. El poderío interior y la capacidad de penetración de los escoltas y bases no era suficiente, y tenía que ser la muñeca de Invernizzi la que pusiese el punto extra necesario para vencer. Hugo es un excelente tirador, con una mecánica trabajada y rápida y un notable rango de acción. Capaz de crearse su propio tiro sin ser nada explosivo (debilidad que compensa con un buen manejo de balón), suele trabajar muy bien los bloqueos para ganar el espacio necesario y en estático es prácticamente infalible. En Paris, tal y como insinuó en el Europeo sub16 del pasado verano, mostró que puede hacer algo más que tirar, y fue un gran apoyo para la circulación de balón del equipo y aportó rebote y ayudas constante, sobre todo interiores, en defensa.



La dirección del equipo fue una tarea compartida por Mathis Keita (12’5 puntos, 3’5 rebotes y 5’3 asistencias) y Benjamin John. Keita ya tuvo un papel destacado en Mannhein y en Paris no hay hecho sino confirmar su progresión. El atlético combo-guard está mejorando muchísimo en los últimos meses, añadiendo características de director de juego que le pueden convertir en un base de gran calibre en el concierto internacional. Sin perder un ápice de velocidad, explosividad y capacidad de desborde, Mathis es mejor pasador y lee cada vez mejor el juego, aunque sigue teniendo algunos problemas en las situaciones de cinco contra cinco. Aun es mejor jugador de transición que de ritmos lentos, pero su evolución es palpable. En los últimos informes sobre el jugador podíamos leer su mejora del tiro, y si bien su mecánica esta más pulida, aun su acierto le deja algo lejos de poder ser considerado un tirador fiable.

Benjamin John (4’9 puntos y 3’3 asistencias) estuvo menos brillante, aunque en cierta forma porque se supo acoplar a un papel de actor secundario que vino muy bien a su equipo. Con la defensa rival establecida, John iniciaba las jugadas y dejaba hacer, apareciendo de nuevo si el ataque se atascaba, siendo en defensa donde concentraba gran parte de sus esfuerzos, luciendo fuerza y fundamentos. Salió del europeo sub 16 de Kaunas como un buen defensor individual y reafirmó sensaciones el pasado fin de semana. El tiro de media-larga distancia sigue siendo su principal punto débil y continúa generando ciertas dudas en el aspecto físico, pues su anchura de caderas y su constitución algo gruesa puede dificultar su evolución en el terreno profesional. El jovencísimo Charly Maraux (1994), apenas tuvo tiempo para enseñarnos todo su arsenal de movimientos en el uno contra uno y su habilidad para el pase en transición. El próximo europeo sub 16 de Montenegro debe ser su momento.



Números menos exuberantes pero, a nuestros ojos, un brillante futuro por delante, quizá mejor que cualquiera de sus compañeros. Hablamos de William Howard (6 puntos, 1’8 rebotes, 1’3 asistencias), hombre de complemento el pasado verano en la selección gala pero que cada mes que pasa va ganando más presencia, clase y fundamentos. Uno de esos jugadores que desprenden un halo de buenas maneras y luminosas promesas en cada una de sus acciones. Aun algo delgado, pero con buena envergadura y un cuerpo ya bastante potente y muy rápido, Howard hace casi cualquier cosa, todas ellas de forma correcta. Gran manejo del balón, buen pasador, correcto tirador (mucho mejor de lo que vimos en Paris), habilidoso penetrador, gran defensor (por timing, instinto y físico) y un cerebro bien amueblado y de lecturas rápidas y de amplio radio de cobertura. Un fruto de maduración lenta, pero, en teoría, tremendo valor.



Una de las grandes ventajas del INSEP fue su juego interior. Por su rotación y atributos atléticos. Por su actividad defensiva, llegando a las ayudas y punteando tiros. Por su tremendo trabajo en el rebote ofensivo, un aspecto desequilibrante en los momentos decisivos de partidos como el del Zalgiris. De las tres torres principales destaca Yannis Morin (8’5 puntos y 7 rebotes), cuya envergadura le hace parecer mucho más alto de lo que realmente es. Ágil, coordinado y con cada vez mejores movimientos al poste bajo, intentaba con trabajo de pies y buen touch con ambas manos equilibrar los problemas que su delgado cuerpo, carente de potencia y contundencia, le generaba para finalizar en la zona. Estuvo bien en Mannheim y volvió a dejar buenas sensaciones en Paris.

Mourad Benkoua (4 puntos y 7’5 rebotes) aportaba el músculo y la contundencia y se unió a Morin para dominar la faceta reboteadora en cada encuentro. Jonathan Radjouki, la cuarta opción interior parecía tener asignadas labores más oscuras pero tuvo ocasión de mostrarnos interesantes movimientos al poste bajo (rapidísimo giro hacia la derecha nada más recibir el balón) y un buen tiro de media distancia, especialmente desde la línea de fondo. Entre los tres grandes, más la aportación de Livio, consiguieron que su equipo no echara demasiado de menos al gigante Vincent Pourchot, ausente del torneo por una lesión.



Se suele decir que todo equipo campeón debe contar con una plantilla amplia y un jugador secundario capaz de erigirse en protagonista en los momentos decisivos. INSEP tuvo ese jugador en la figura de Ulysse Adjagba (11’3 puntos). El escolta (atrapado en la estatura de base) tenía la vitola de especialista defensivo, virtud que demostró con creces en el europeo sub16 del verano pasado. Un jugador con el que se aumentaba la intensidad y se subía el tono físico de los partidos. Adjagba no falló en su misión pero tuvo además ocasión de aportar mucho más que eso. Ulysse se encontró tan cómodo y confiado que pudo anotar con cierta solvencia, sobre todo saliendo rápido al contraataque aunque también tirando desde el exterior con acierto, faceta y resultado que rara vez habíamos visto en él. Su papel en la final contra el FMP fue decisivo, frenando a los exteriores serbios y anotando en momentos claves buscando con decisión el aro contrario.



INSEP desplegó casi todo lo necesario para ganar un torneo. Poderío físico, buena defensa, decisión, confianza y acierto en los momentos claves. Plantilla amplia, rebote ofensivo, reparto de roles y múltiples opciones y protagonistas. Líderes que cumplen y secundarios que emergen. Y algo de coco, todo un halo de esperanza para el baloncesto francés. Sorprendente pero justo campeón.



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Noticia publicada por Alejandro González

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