Domingo, 24 de octubre de 2021
21.05.2010 - 18:22h. [ Comenta la noticia ]
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Análisis NIJT Paris 2010: los españoles, por Alejandro González


Unicaja

El equipo malagueño fue seguramente el que practicó un juego más parecido al de un conjunto profesional, haciéndose notar la experiencia y buen hacer que aportan jugadores como Freire, Pozas o Fall, involucrados en la dinámica de los equipos senior de Unicaja y Clínicas Rincón. Los cajistas tuvieron que sobreponerse a la muy sensible baja de Servera, cuya ausencia tuvo una gran repercusión en la capacidad ofensiva del conjunto. Rafael Freire tomó la batuta y quiso, a veces con más corazón que razón o acierto, cargarse el equipo a sus espaldas en los momentos complicados.


El orden y el sólido trabajo táctico conferían mucha ventaja a Unicaja ante rivales como la Benetton y el Split, a los que acabó venciendo una vez que el base brasileño y los centímetros de Fall y Mambaye consiguieron anotar de forma medianamente regular. Sin embargo, en el mejor partido de los malacitanos llegó la derrota que le dejaba fuera de la final. El choque de la tercera jornada ante el FMP se convertía en una semifinal, pues sería el vencedor el que avanzase al partido decisivo del domingo. Unicaja trabajó muy bien el encuentro, secando algunas de las fuentes de anotación serbia y siendo bastante productivos en ataque, si bien el hueco dejado por Servera seguía siendo demasiado grande y frio. Quizá el liderazgo del mallorquín hubiese hecho que el equipo hubiese asimilado de otra manera la recta final del partido. Un encuentro que Unicaja parecía tener en el bolsillo, pero polémicas decisiones arbitrales y la falta de calma y sangre fría de todo el equipo y Fall y Freire en particular (en contraposición al temple de Bogdanovic) llevaron a la derrota.


Rafa Freire (13’5 puntos, 7 rebotes, 4’3 asistencias y 2’3 robos) fue uno de los jugadores que una ventaja más clara tenia sobre sus rivales. Como un adulto que jugase entre niños, el brasileño hacía y deshacía teniéndose a sí mismo como único límite. Superaba a sus defensores por rapidez y potencia más que por habilidad o un manejo de balón sobresaliente. Le cuesta crear en estático pero genera mucho juego gracias a los desequilibrios que nacen de su uno contra uno y el juego en transición, escenarios ambos donde su capacidad de pase se convierte en un regalo para sus compañeros. Enérgico, autoritario y muy aplicado al rebote. Sus lagunas, mas de autocontrol que de concentración, frenaron a Unicaja y acabaron por enfurecer a su entrenador en algún instante. Freire tiene mucho que aportar y una gran base para labrarse una carrera profesional, pero debe definirse, tanto a los demás (entrenadores y scouts) como a sí mismo. Debe salir de la dicotomía en la que está ahora encerrado (base o escolta), pues a este nivel puede ser ambos pero más adelante puede quedarse no siendo ninguno de los dos. Y debe saber que es capaz de hacer y que no. Y lo que no (tirar con mas solvencia tras bote o saliendo de bloqueos de la que cree tener, por ejemplo), trabajarlo y saber usarlo cuando esté mejor pulido. Tomar decisiones correctas que conduzcan por el buen camino su potencial y talento.


Unicaja echaba mano de oficio y superioridad física. En este segundo aspecto los dos jugadores de origen africano tenían mucho que decir. Los centímetros de Malick Fall (9’7 puntos y 7’3 rebotes) fueron una gran ventaja y dejaban el devenir de cada acción a la resolución de la lucha particular entre las dos caras del pívot. Siempre ágil y rápido, por momentos coordinado y habilidoso al poste bajo, por momentos débil y algo “torpe”. Fall va aprendiendo a marchas forzadas, de ahí su falta de consistencia actual. Para el corto recorrido de su carrera, lo que muestra sobre la pista dejan mucho espacio a la ilusión. Tiene maneras y, sobre todo, grandes condiciones físicas. La dureza mental viene con el tiempo, y la convicción para acabar las jugadas y pelearse en la pintura puede ser cuestión de gimnasio y madurez competitiva. A veces se le ve perdido, pero cuando tiene buenas reacciones y destellos de intuición y sentido táctico. Un “work in progress”, que dicen los americanos, de esos que pueden dar muy buenos frutos. Deme Mambaye (10’7 puntos y 4 rebotes) tampoco va escaso de estatura, pero su capacidad atlética es bastante superior que la de Fall. Jugando de cara al aro desde la posición de alero, genera de dentro a fuera entrando a canasta y cargando al rebote, siendo francamente incómodo de defender. Tiene mucho que pulir en el apartado técnico, al no tener ningún tipo de juego de medio-largo rango, pero va poco a poco madurando y ganando virtudes como para pensar en positivo.


La plantilla cajista ofrecía un grupo de jugadores complementarios que aportaban en multitud de facetas y mantenían una cohesión bastante solida, dando un soporte consistente sobre el que trabajar en los partidos. Bien coordinados y activos atrás, sacrificados en sus tareas e intentando ayudar en ataque, si bien se pudo echar de menos algo más de acierto anotador de jugadores como Nicolas Ciano o Luis Conde. José Pozas tardó en arrancar, cohibido por la frialdad del inicio de torneo de su equipo, pero tuvo grandes minutos ante FMP, atacando el aro y corriendo la cancha con sentido y decisión, ofreciendo oficio e intensidad atrás. Interesantes trazas del checo Jan Svandrlik, con buenas maneras y tiro exterior. Tautvydas Sabonis, sin brillar ni tomar protagonismo, dejó entrever esa inteligencia y control de las situaciones que la genética y “el roce” han tenido que inculcarles casi por obligación. El lituano no es especialmente físico o técnico, pero su trabajo sin balón y su lectura de juego son francamente buenos, produciendo desde ellos acciones positivas en forma de canastas fáciles, pases providenciales, faltas en ataque provocadas, etc. Un chico que podría ganarse muy bien sus minutos como especialista en eso que llaman intangibles.



CAJASOL

Uno de los equipos mejor trabajados desde el banquillo y mas aplicados en la cancha. Cajasol, a las órdenes de Juan Manuel Pino, ofreció su marcado estilo de entrega, orden y cuidada dirección, con directrices del entrenador casi en cada acción del juego. Una delicia para los amantes de la disciplina táctica, ejecutada con una corrección difícil de ver a estos niveles. Sobreponiéndose a evidentes déficits, en comparación con otros equipos, de capacidad atlética y calidad individual.


No le falta calidad al pívot brasileño Gabriel Darin (14’3 puntos, 8’3 rebotes), Darin nos enseñó su versatilidad, inteligencia y variedad de opciones para hacer daño en ataque. Moviéndose bien por la cancha, su radio de acción se concentraba lejos del aro, donde salía a ayudar en la circulación de balón y dar inicio a sus acciones individuales, en ocasiones atacando la canasta con una buena mezcla de coordinación, agilidad y manejo del balón, pero sobre todo levantándose para lanzar con buena mecánica y mejor acierto. Lee bien las situaciones y se entiende bien con sus compañeros, cumpliendo una importante misión de catalizador de un ataque, el de su equipo, no demasiado eléctrico o sobrado de calidad. En las cercanías del aro se desenvolvía con más pericia y pillería que fuerza. Buen juego de pies y fintas y timing para sacar un tiro que finalizaba con buen touch. Listo para buscar los huecos y recibir la bola anotando fácil. Con altura suficiente para jugar de cinco, pero características claras de ala-pívot abierto, pudiendo llegar a ser una pareja ideal para un interior puro.
De momento, en Cajasol Darin ejercía de falso cinco ya que su compañero interior era un forward claro. Hablamos de Pape Amadou (15’3 puntos, 10 rebotes y 2’7 tapones), una de las sensaciones del torneo. Con 2’05 y una presencia excelente, Amadou es mucho más que el “típico” jugador alto africano. Muy atlético, rápido y de potente salto, con un tren inferior como incansable y enérgico motor. Pero sobre todo, un jugador inteligente que toma buenas decisiones y ejecuta las acciones con mayor precisión y coordinación de lo esperado por edad y estereotipos. Muy activo en ambos lados de la cancha, moviéndose bien sin balón y buscando el aro constantemente. En defensa llega con pasmosa facilidad a las ayudas e intimida muchísimo por timing y brazos largos. Aun no puede ser considerado un tirador fiable, pero su mecánica está mejorando continuamente y si consigue cierta constancia desde media-larga distancia pasaría a convertirse en un arma completísima.


El tercer gran nombre del compacto equipo sevillano fue Pablo Villarejo (18’7 puntos), un anotador natural con facilidad innata para el lanzamiento. Sin estar tan acertado como en Hospitalet, siguió mostrándose como un gran peligro exterior, pudiendo tirar desde distintas situaciones. Se mueve bien y sabe aprovechar los bloqueos para sacar la ventaja necesaria para levantarse. Su buen tren inferior le permite posicionarse y equilibrarse sin problemas. Tiene la habilidad suficiente para crearse su propio tiro saliendo de dribbling aunque el “catch and shoot” es sin duda su primera opción. Inspirado, puede romper un partido en cuestión de segundos. Sin ser especialmente explosivo o atlético, puede penetrar y acabar las jugadas. Se aplica dentro de las tareas colectivas, aunque debe desarrollar su defensa y echar un cable en facetas menos agradecidas.


Manuel González (10’3 puntos, 5’7 asistencias y 3 robos) se ganó sus galones en Hospitalet y en Paris demostró por qué. Descarado, rápido y de buen manejo de balón, es un buen director y genera mucho peligro desde el uno contra uno y saliendo rápido a la contra. Pequeño y nada físico, pero listo y muy buen pasador. Muy activo de pies y manos en defensa, dificultando las acciones del base rival y leyendo las líneas de pase para robar balones e iniciar el contragolpe. Deja a Pámpano, campeón de Europa sub16 el año pasado, en un actor secundario.


Las labores de intendencia eran cosa de Anastasio Vázquez y Antonio Izquierdo. Chicos de trabajo y entrega, ofreciendo relevo y minutos de intensidad, defensa y ayudas constantes en cada jugada. Parecía que la dirección técnica tenía especial atención en la evolución y aprendizaje del pívot, Vázquez, un chico de buen tamaño y un físico ya bien formado pero que puede trabajarse más. A la voz de Tasio, los entrenadores se preocupaban por rectificar y/o congratular cada acción del joven center. Un ejemplo más de la atención y el cuidado con el que Pino y los suyos dirigen a su equipo.



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Noticia publicada por Alejandro González

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