Martes, 19 de octubre de 2021
05.05.2011 - 14:08h. [ Comenta la noticia ]
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Guía Final Four 2011: El perfil de... Lester McCalebb, por Jorge Díez




EL HURACÁN BO

El Huracán Katrina asoló las costas de Louisiana, y en concreto de New Orleans, el 29 de agosto de 2005. La labor devastadora fue terrible, dejando a miles de personas sin hogar, grandes daños económicos y un rápido pillaje en los días posteriores al suceso. En el aspecto deportivo supuso el traslado de muchos equipos a jugar a las afueras o en otras ciudades. Incluso los New Orleans Hornets de la NBA, tuvieron que trasladarse a Oklahoma City a disputar partidos.

Bastante más benigno era el huracán que New Orleans conocía antes de ese fatídico día. Simplemente era un huracán sobre la cancha, ya fuera parqué o cemento; sólo hacía falta una canasta enfrente y un rival al que superar a toda velocidad. Ese era el “huracán Bo”, un huracán metafórico en el que se convertían los 40 minutos de juego cuando Lester McCalebb estaba en la pista.

Sin embargo, New Orleans no es una ciudad netamente baloncestística. Es más bien una ciudad de football, con un equipo propio en NFL y varios jugadores profesionales de ese deporte que salieron de sus calles. Aún así, la representación de jugadores de baloncesto salidos de New Orleans es importante: D.J. Augustin, Danny Granger, Avery Johnson o Kerry Kittles (aunque no naciera en la ciudad), entre otros. Pero no fue jugando contra algunos de estos grandes nombres donde McCalebb se hizo su primer nombre, sino en las calles, jugando de sol a sol cuando apenas tenía 10 años con gente mayor que él. Ahí es donde desarrolló muchas de sus habilidades, ante la necesidad de suplir sus carencias tanto en altura como en edad.

Fue en la O. Perry Walker High School donde McCalebb disputó su etapa de instituto, dando ya muestras de su portentosa capacidad de anotación. Así conseguiría más de 32 puntos de media durante su temporada senior, pero la escuela, como New Orleans en general, es una institución de football (no en vano McCalebb compartió clases con tres jugadores que acabarían en el draft de la NFL), y a pesar de que era ya un huracán (78 puntos convirtió en uno de sus últimos partidos), a nivel nacional no recibía atención. A este hecho colaboraba también el que sólo disputase durante su último verano competiciones AAU, los torneos veraniegos que mueven más dinero, patrocinadores y medios en muchas ocasiones que la propia liga de institutos de cada Estado, y donde los jugadores brillan fuera de sus áreas natales.

Así, a pesar de suscitar el interés de algunas universidades, finalmente ninguna acabó por intentar reclutarle. Él mismo afirmaba a la revista SLAM que LSU le seguía desde principios del instituto, pero que finalmente se decantó por otro jugador; igual que Oklahoma State con quien se comprometió verbalmente, pero que no le firmaron finalmente, y Ole Miss, Wisconsin y USC. Lejos quedó el premio de Mr. Basketball de Louisiana en su año senior, que fue a parar a manos de Paul Millsap, ahora estrella en la NBA. McCalebb, por su parte, se tuvo que conformar con la oferta del equipo de la ciudad, los New Orleans Privateers para que jugase con ellos en la Sun Belt.

No era una opción muy atractiva baloncestísticamente hablando, pero al menos permanecería en casa unos años más. New Orleans es un equipo con apenas cuatro participaciones en el Torneo final, la última en 1996 , cuyo jugador de mayor empaque NBA en los últimos años ha sido el pívot, ya retirado, Ervin Johnson, y que sólo ha ganado un partido en el Torneo Final, en la primera ronda de 1987 ante BYU. No es precisamente el mejor lugar para saltar a los focos nacionales.

Para hacerlo, tienes que romper verdaderos moldes, que es a lo que dedicó Bo McCalebb durante su andadura universitaria, a pesar de que la debilidad del equipo no le acompañase. El equipo apenas mejoró en un par de victorias durante su primera campaña (17-14), pero McCalebb ya se hizo con el mando del equipo siendo el máximo anotador y acabando elegido tanto frehsman del año de la Sun Belt, como el mejor jugador del torneo de conferencia, algo que no había conseguido ningún novato en la historia de la conferencia. Los méritos eran obvios: había guiado a New Orleans hasta la final, a punto de ganar para los Privateers el quinto billete de su historia al Torneo Final. Y sólo era su primera temporada.

En la segunda el equipo perdió a muchos jugadores importantes, y el pequeño base se quedó sólo en la tormenta, cosechando los Privateers un 13-17 de récord. A pesar del escaso éxito colectivo, aquel pequeño anotador empezaba a llamar la atención de algunos programas universitarios de mayor calado, como se demostraría en el fatídico verano de 2005.

Tras el paso del Huracán Katrina por la ciudad, los New Orleans Privateers se tuvieron que trasladar a Texas para disputar sus partidos, y la NCAA permitió a los deportistas del área de New Orleans pedir el transfer sin ninguna penalización ante las dificultades en sus universidades de origen. Fue entonces cuando McCalebb fue cortejado por algunos programas que le querían, aunque finalmente pudo más su lealtad que la atracción de equipos y atención mediática mayores. Si en su momento había sido New Orleans quien había confiado en él, ahora él se mantendría fiel a New Orleans en esos duros momentos para la ciudad.

Sin embargo, parece que sólo había sitio para un huracán en esas semanas de incertidumbre, y McCalebb terminó la temporada a los 4 partidos tras romperse la mano, por lo que se pasó un año en blanco, aunque sin perder su elegibilidad. Sin su estrella, los Privateers cayeron en barrena hasta un récord de 10-19. En aquel equipo jugó algunos partidos el español Sami Badawi, sin mucha relevancia.

Este aciago pago de la suerte a la lealtad del jugador, sólo hizo que McCalebb volviese con más fuerza para disputar su cuarto año en la universidad. Más aún cuando los Privateers estrenaban entrenador, un joven Buzz Williams, que duraría solamente un año y que ahora es, desde hace 3, entrenador de una universidad potente como Marquette. Sin embargo, el resultado fue similar al de otras campañas: 14-17 y una temporada más sin jugar partidos de postemporada. A pesar de ello, McCalebb se ganó el respeto de todos con sus actuaciones, siendo nombrado Jugador del año de la Sun Belt y Honorable Mention en los All America.

Al fin, un poco de atención a nivel nacional, quizá era momento de coger el tren, ¿quién sabe si sólo pasaría una vez? O eso debió pensar McCalebb, porque se presentó al Draft 2007. Finalmente no contrató agente y decidió regresar a New Orleans para disputar su temporada senior, el que sería su quinto y último año al calor del hogar.

Un nuevo técnico acompañó la apertura de esta temporada tras la marcha de Williams. El elegido: Joe Pasternack, otro entrenador de apenas 30 años y con suficiente energía para tomar su primer banquillo, tras varios años como asistente en California. La conjunción del nuevo técnico y un McCalebb en su mejor nivel de siempre (incluso más allá de la línea de 3, que no es su especialidad) llevaron al equipo a un récord de 19-13 que quitaba el mal sabor de boca de los últimos años, pero poco más. McCalebb no pudo revalidar su título de Jugador del año en la Sun Belt, porque fue a parar a manos de Courtney Lee, pero sí ganó el de Defensor del año, una buena carta de presentación para la aventura que empezaba ahora: el profesionalismo.

Y es que no siempre es fácil explicar que un anotador incansable puede ser a la vez un jugador generoso (en el esfuerzo y con los compañeros) y rendir a ambos lados de la cancha. McCalebb no sólo dejaba New Orleans como el mejor anotador de la historia de la universidad, sino que también se situaba en el puesto 21º entre los anotadores históricos de la NCAA. Justo por delante de nombres como los de David Robinson, Wayman Tisdale o Stephen Curry.

New Orleans, por su parte, quedaba huérfana, tanto que después de dos temporadas con récord de 11-19 y 8-22, este año pasado todos los equipos de la universidad abandonaron la Sun Belt, participando como independientes y comenzando así la transición para jugar la División III del deporte universitario. La crisis económica ha sido la principal causante del cambio, pues en la tercera división no se otorgan becas a los estudiantes-atletas.

Volviendo a McCalebb, no fue elegido en el Draft 2008, y a pesar de jugar las Ligas de Verano, tuvo que poner rumbo a Europa. El Mersin turco sería su primer destino, donde hizo pareja con el ex estudiantil Chris Lofton. Allí, con libertad creativa, siguió anotando con fluidez y entre ambos lograron situar séptimo al Mersin, aunque cayeron en cuartos de final del playoff. McCalebb fue nombrado para el All Star, y acabó como máximo ladrón de balones de la competición (algo que ya había logrado los dos años anteriores en la Sun Belt). Aterrizaje del Huracán Bo en Europa, logrado sin turbulencias.

Sin embargo, el siguiente paso era mucho más difícil: afianzarse como un verdadero base en Europa dirigiendo a equipos de calado de Euroliga, algo para lo que había que ver si estaba preparado. El equipo que confió en él para la siguiente temporada fue el Partizán de Vujosevic, fichándole a última hora. Acierto pleno para ambas partes.

Mientras McCalebb jugó a gran nivel con la confianza del entrenador (segundo quinteto de la Euroliga 09-10), el equipo ganó la Liga Adriática, liga y Copa serbia, y disputó la Final Four de la Euroliga, algo que hacía más de 10 años que no lograban. Una Final Four donde McCalebb puso contra las cuerdas al poderoso Olympiacos.

Y como huracán que es, no ha parado quieto en estos tres años, curioso para alguien que hasta entonces no había salido apenas de su New Orleans natal. El ascenso en el escalafón europeo culminó este pasado verano, cuando accedió a la ciudadanía macedonia, país con el que disputó la clasificación para el EuroBasket.

Con el pasaporte bajo el brazo, McCalebb fue fichado por el Montepaschi Siena, uno de los mejores equipos de Europa en los últimos años. Allí ha sustituido a McIntyre a gran nivel, y probablemente sólo su lesión, que le impidió disputar el Top 16, le ha apartado de un segundo reconocimiento en los quintetos de la Euroliga.

Ya recuperado de su lesión, el huracán Bo está dispuesto a arrasar con todo en la Final Four de Barcelona. Un huracán benévolo para los amantes del baloncesto, un huracán que es un placer ver, ¿asolará y dominará Europa?


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Noticia publicada por Jorge Diez

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