Miércoles, 20 de octubre de 2021
06.05.2011 - 16:35h. [ Comenta la noticia ]
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Guía Final Four 2011: El perfil de... Jeremy Pargo, por Jorge Díez




ANDANDO SU PROPIO CAMINO

Se suele decir que los hermanos pequeños lo tienen más sencillo que los mayores, por el hecho de que éstos ya han ido abriendo el camino, conquistando trocitos de libertad que permanecen para cuando el pequeño llegue a ese punto de su vida. Pero no siempre es fácil ser el pequeño, sobre todo si crees que lo logrado por tu hermano no requirió esfuerzo.

Jeremy Pargo es el hermano de Jannero Pargo, un pequeño jugador con amplia experiencia tanto en la NBA como en Europa. Ambos nacieron y crecieron en Chicago, acudiendo a la misma escuela: la Paul Roberson High School. Cuentan que estando Jeremy en sus primeras etapas en el instituto, una profesora trató de que se interesase por la lectura, y el joven Jeremy simplemente se metió en internet, buscó su nombre y se lo mostró a la profesora: ya tenía cierta fama, y el chico confiaba en sus habilidades dentro de una pista de baloncesto. Las mismas habilidades que habían dado miles de dólares a su hermano, y que permitieron a Jannero regalar a Jeremy un coche cuando este aún era sophomore en el instituto (16 años).

Por suerte para él, en la Paul Roberson había gente que se preocupó de hacerle ver que no sólo su juego le facilitaría su sueño, sino que necesitaría también de sus habilidades en las clases. Y es que, aunque Pargo destacaba en el área de Chicago como para llamar la atención de varias universidades (de hecho en su etapa en el instituto participó en varios All Star escolares de Chicago e incluso en el campus Adidas ABCD Camp, de gran prestigio), sólo una le ofrecería una beca para jugar en su programa.

Una de estas personas que se preocupó por él fue Charles Redmond, el entrenador del equipo del instituto, la misma persona que había ayudado a Jannero a progresar y servirle de consejo (no conviene olvidar que el hermano mayor tuvo que pasar por un JUCO antes de ir a la Universidad de Arkansas). El propio entrenador tuvo que telefonear al equipo AAU (donde Antoine Walker era asistente) de Jeremy durante el verano de su paso junior a senior, para que este volviese de Las Vegas y no se perdiese las clases de verano para lograr recuperar sus notas. Jeremy no tenía la misma facilidad en las aulas que en la pista, y todas las universidades de las que se empezó a hablar (Illinois, Kentucky, Cincinnati, Connecticut, Wake Forest…) se fueron retirando de su reclutamiento ante la perspectiva de que el joven no pasase las pruebas de acceso.

Pero Jeremy había comprendido la lección, y con la ayuda de Redmond y los profesores de la Paul Roberson logró durante su año senior mejorar sus notas hasta un punto aceptable. Importante fue también el consejo de su hermano, con el que había firmado un pacto para no consumir alcohol ni drogas, ya que el barrio en el que ambos crecieron, Englewood, es un barrio predominantemente negro y de cierta conflictividad, aunque su zona, Ogden Park, es más segura que otras.

Por su parte, en la cancha siguió con su buena labor y aunque no estaba considerado entre los 100 mejores jugadores de instituto, sí tenía la suficiente fama como para haber recibido diversas ofertas, sobre todo teniendo en cuenta que era uno de los 5 mejores jugadores de Illinois de su edad. Sin embargo, sus ofertas de becas se reducían a la cantidad mencionada: una. Esta oferta vino de Spokane, hogar de la Universidad de Gonzaga, a más de 1.700 millas de Chicago (la otra punta del país) y de una universidad predominantemente blanca. No parecía el plan soñado por Jeremy cuando enseñó su nombre en internet a aquella profesora, pero a pesar de las reticencias, las palabras de su entrenador fueron claras: “¿Quién más te está reclutando”?

Era un destino tan extraño para Jeremy, que incluso se planteó la opción de presentarse al draft de la NBA tras terminar el instituto. Es posible que fuera una suerte que finalmente no lo hiciera porque no había generado la suficiente atención y es más que posible que su nombre no hubiera sonado entre los 60 elegidos.

Así las cosas, decidió aceptar esa única oferta que tenía, la de unos Zags que venían de caer en segunda ronda del Torneo final, pero que tenían en sus filas a jugadores como Adam Morrison, J.P.Batista y Derek Raivio. Año a año, logró cambiar ese desconocimiento de Gonzaga por una especie de segundo hogar donde desarrollar su juego. Además de seguir aplicado en clase, aprendiendo de sus propios errores cometidos en el instituto.

Su primera temporada no fue idílica, pues Raivio era el base de aquel equipo y Pargo su suplente, disponiendo de menos de la mitad del partido para mostrar sus habilidades. Unas habilidades que le costó trasladar desde el instituto a la universidad, promediando un escaso 28% de acierto en el tiro. Aún así, tuvo destellos de juego, como en la segunda ronda del Torneo NCAA ante Indiana (donde jugaba Earl Calloway), pues tras caer Raivio lesionado dispuso de minutos importantes. Aquel equipo acabaría su camino en Sweet Sixteen ante UCLA, en un partido recordado por la remontada de los Bruins que provocaría las lágrimas de Adam Morrison en lo que suponía su último partido universitario.

Sin embargo, Pargo logró demostrar su calidad a partir de su segunda temporada. A pesar de que Raivio seguía en el equipo y que llegaban dos exteriores como Matt Bouldin y Micah Downs (ahora en el Autocid Ford Burgos), el base de Chicago se asentaba como segundo jugador con más minutos y su aportación, junto a la de Heytvelt, minimizaba en lo posible las marchas de Morrison y Batista al profesionalismo. Con todo, su récord final de 23-10 solo les alcanzó para perder en primera ronda ante la misma Indiana a la que habían derrotado el año anterior. Antes de eso ya habían ganado el torneo de la WCC (de nivel medio), conferencia de la que Raivio sería nombrado mejor jugador (compartiendo premio con Sean Denison) y en la que Jeremy Pargo formaría parte del equipo ideal de la misma.

Pero el verdadero salto a los focos nacionales lo dio en su temporada junior, tras terminar Raivio su periplo como jugador de los Zags. Pargo tomó el timón y guió a Gonzaga hasta un récord final de 25-8. La temporada tuvo un final agrio, pues tras perder con San Diego en la final del Torneo WCC, a pesar de los 22 puntos de Pargo, también cayeron ante Davidson en la primera ronda del Torneo NCAA, en la que sería la primera muesca en el revólver de un Stephen Curry (40 puntos) estratosférico.

Aún con estas decepciones colectivas, Pargo recibió elogios desde todos los ángulos de la NCAA. Fue nombrado Jugador del año de la WCC y Honorable Mention en los premios All America, que comprenden a toda la NCAA. Ya no era aquel anotador bajito al que solo una universidad había llamado para ofrecerle una beca, sino un gran jugador que había crecido como base en sus tres años en Spokane. Un jugador que sacrificaba su capacidad anotadora buscando lo mejor para un equipo que contaba ya con varios cañoneros.

Todos estos cantos de sirena llegaron a Pargo y le hicieron presentarse al Draft 2008 buscando sus opciones de ser elegido, aunque finalmente retiraría su candidatura para volver a cumplir con su temporada senior en Gonzaga. Aquel mal estudiante que se planteó no pasar por la universidad iba a cumplir su periplo universitario completo cursando Dirección y comunicación deportiva.

Esa última temporada sirvió para desquitar a Pargo y sus compañeros de sus dos últimos relativos fracasos en el Madness, pues salvo una mala racha en diciembre donde perdieron 4 de 5 partidos, solo perdieron otro partido durante el año (ante la Memphis de Tyreke Evans) y dominaron a su antojo la WCC en liga regular y durante el torneo (28-5 era su récord antes del Torneo NCAA).

A pesar de la labor del base de Chicago en beneficio del equipo, la calidad de sus compañeros le eclipsó un poco y “sólo” fue elegido Honorable Mention en los equipos ideales de la Conferencia. Lo que sí recibió fue el reconocimiento nacional, pues la prestigiosa Sports Illustrated le eligió como portada para su número sobre el Sweet Sixteen bajo el lema “Let´s get it on (Jeremy Pargo pushes the Zags to next round)”

Y es que Pargo se había quitado la espina de las dos primeras rondas perdidas en las últimas dos temporadas colaborando con sus compañeros en la eliminación de Akron y Western Kentucky. Sweet Sixteen sería su límite, pues el rival fue la futura campeona, la North Carolina de Hansbrough, Lawson y Ellington, que les avasalló a pesar de los 16 puntos de Pargo como máximo anotador de su equipo.

La etapa universitaria se cerraba y empezaba la profesional, la misma que estuvo cerca de abrirse 4 años atrás. Probó con Orlando Magic y Detroit Pistons en las Ligas de Verano, pero no logrando hacerse un hueco, hubo de recalar en Europa, continente donde jugaba su hermano desde el año pasado. La oferta que Pargo aceptó vino de Israel, del Hapoel Gilboa Galil, equipo que había quedado 3º la campaña anterior y que podría ser una buena pista de lanzamiento.

Y lo fue. Culminaron la temporada 09-10 con la victoria en la Liga israelí dando la sorpresa ante el siempre todopoderoso Maccabi, algo que ya había logrado ese equipo en 1993. Para ello fue fundamental la aportación de un Pargo que se adaptó fácilmente a Europa alcanzando promedios de 14 puntos y 4,5 asistencias.

Llegado el verano, era el momento de probar de nuevo el sueño del otro lado del Atlántico: la NBA. A pesar de probar con otro par de equipos: los Bobcats y los Wolves, la respuesta fue la misma, sin sitio. De nuevo tocaba pensar en Europa. Y el Maccabi debió recordar ese refrán que dice “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y tras la grave enfermedad de Mikhail Torrance, echaron las redes sobre Pargo.

Una vez más, el base ha sabido responder a quien confió en él, y ha guiado a los amarillos en su regreso a la Final Four, siendo vital en la eliminatoria de cuartos ante el Caja Laboral donde fue el máximo anotador, asistente y segundo máximo reboteador de su equipo.

Los jugadores con su corazón y talento, suelen llegar lejos, y aunque la NBA todavía no le ha abierto de par en par sus puertas, puede que no tarde en hacerlo. Y es que no hay un único camino, sino que se hace camino al andar. Y Pargo está haciendo camino a grandes zancadas.


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Noticia publicada por Jorge Diez

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