Sábado, 16 de octubre de 2021
15.05.2014 - 02:28h. [ Comenta la noticia ]
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Final Four 2014: El perfil de... Ettore Messina (CSKA), por Iván Fernández


Natural del sur, pero hijo de veneciano, Ettore Messina llega con tan sólo 16 años a la órbita del Reyer Venezia que dirige toda una institución del club como Antonio Zorzi. Trabajando con los juveniles del por entonces Canon, Messina inicia su relación con otros entrenadores de su generación, entre los que destaca la figura de un Lele Molin desde ese momento íntimamente ligado a su carrera.

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Haciéndose un nombre en la zona, Messina es reclutado por Massimo Mangano (al que por cierto con los años acabaría sustituyendo brevemente Moncho Monsalve) para un Superga Mestre que en la 79/80 con el histórico Chuck Jura a la cabeza firma un meritorio octavo puesto, cayendo en cuartos de final ante el Billy Milán de Dan Peterson. Ya en la 82/83 el propio Mangano se lleva al cada vez más conocido Messina a su nueva etapa en el A.P.U. Udine, donde el actual coach del CSKA comienza a ejercer también como asistente de la primera plantilla. Con todo, el gran salto, llega en la temporada 84/85, donde Alberto Bucci apuesta por el joven Ettore como asistente en la Virtus de Bolonia que acaba de campeonar tanto en la LEGA como en la Coppa.

Compaginando su labor de asistente con el trabajo de cantera, Messina se empapa de las enseñanzas de Bucci en una temporada donde ciertos problemas físicos del gran Van Breda y el peaje de disputar la Copa de Europa alejan a la Virtus de los puestos nobles del basket italiano. En verano Bucci es sustituido por otro gigante de los banquillos como Sandro Gamba, quien a su vez permanece en el cargo durante dos temporadas en las que la paulatina mejora de los blanquinegros no se transforma en títulos. Doble campeón de Europa con el Varese, triple medallista en el EuroBasket (oro 83, plata 91 y bronce 85), plata olímpica y 10 veces campeón liguero como jugador (2 más en los banquillos), basta enumerar el currículo de Gamba para imaginar todo lo que la esponja táctica del de Catania llega a absorber. Tras el paso de Gamba, la Virtus apuesta por un viejo mito de la casa: Kresimir Cosic. Genio absoluto en la pista como jugador, el paso del croata por los banquillos muestra tantas sombras como luces. Sin triunfar plenamente ni a nivel de club ni de selección, en el recuerdo queda su apuesta en Yugoslavia por la transición, que si bien no le dio frutos de manera directa acabó por ser el punto de despegue de la siguiente generación al introducir en el ámbito de la Reprezentacija a los Kukoc, Divac, Radja o incluso Komazec. Considerado por el propio Maljkovic (asistente de Cosic en la Universiada de Japón) como un absoluto genio, el dueto Kresimir/Ettore no puede ser más dispar.

Por un lado, el ex jugador genial dotado de un sexto sentido para el basket, tan amante de la libertad individual como tendente al despiste y alérgico a la metodología y por el otro el estudioso, el amante del orden y la táctica. Con choques reconocidos entre ambos, la experiencia acaba siendo altamente enriquecedora en lo personal para el italiano, mientras que en lo colectivo una temporada irregular deriva en sensación de fracaso cuando la Virtus es eliminada en los octavos de final ligueros por la vecina Fortitudo que lidera Wallace Bryant.

La salida de Cosic es cubierta por el estadounidense Bob Hill, aunque el gran salto del equipo lo proporciona la llegada de Michael Ray Richardson. Con experiencia en la NBA, Hill supone una nueva visión en la acumulación de experiencias de un Messina ya preparado para el salto. La temporada es un éxito, y a las semifinales ligueras se le une el título copero con Richardson pudiendo con los 41 puntos de Oscar en el Caserta.

En una época en la que el paso de los asistentes al primer plano empieza a ser algo más que una tendencia (Marceletti por Tanjevic en Caserta, Caseletti por Peterson en Milano…) la hora del de Catania parece haber llegado, y en el verano del 89 su nombre suena con fuerza para la Livorno que tan amargamente ha visto partir el título. Sin embargo, la vuelta de Hill a Estados Unidos acaba por abrir la puerta de la Virtus a un Messina que ya en el primer año marca unas pautas bien reconocibles. Muy influenciado por el legado de un Aza Nikolic al que conoce en sus primeros años en Bolonia, la felicitación de éste tras un torneo en Trieste (donde el profesor ejercía de asesor de Tanjevic) de pretemporada reafirma al de Catania en sus ideas.

Ese primer año se salda con un nuevo título copero y con la consecución de la Recopa ante el Madrid. Las semifinales del 91, la amarga eliminación en la Liga Europea del 92… pequeños o grandes sinsabores que se quedan en el olvido con la LEGA del 93. Con un Danilovic excepcional, la entonces Knorr barre por 3-0 en la final a la Benetton de Kukoc (ganadora de la Coppa y subcampeona de Europa).

De manera brillante, Messina cierra esa primera etapa siendo sustituido por el propio Bucci para hacerse cargo de una selección italiana deprimida tras su horrible Preolímpico del 92. El inicio no es nada halagüeño y en el EuroBasket de Alemania, una temprana derrota ante la Letonia de Muinieks (a la postre segundo máximo anotador del torneo tras Bilalovic) marca a un conjunto transalpino que no pasa del noveno puesto, quedando así fuera del Mundial de Canadá. Una mejor versión en el 95 no basta para acceder a los Juegos de Atlanta, pero un año más tarde, en la primera fase del EuroBasket 97 la Italia de Messina se convierte en el primer equipo europeo en derrotar a Yugoslavia desde el levantamiento de la sanciones de la ONU. Finalmente, el cuadro italiano accede a la final, donde en un partido trabado hasta el delirio acaba sucumbiendo ante los plavi por 61-49.

La plata del EuroBasket pone punto y final a la carrera en la selección de un Messina que vuelve a la Virtus. El resto es historia bien conocida: su llegada supone la primera Euroliga de su historia a la Virtus (58-44 ante el AEK), mientras que un increíble 3+1 de Danilovic da una nueva LEGA en un agónico quinto partido ante una Fortitudo que llegaba como campeona copera con los dos últimos MVP de la Euroliga, David Rivers y Dominique Wilkins. La cura de humildad del Zalgiris de Kazlauskas o la pérdida de la Saporta ante el AEK de Ivkovic son el germen de la espectacular Kinder de 2001, y con ella del ascenso definitivo de Ettore Messina a su actual condición.


El gran semifinalista y su particular némesis


Dentro del impresionante palmarés de Ettore Messina (4 Euroligas, 1 Recopa, 1 plata en el EuroBasket, 5 ligas rusas, 3 italianas…) llama la atención un dato: su impresionante solvencia en las semifinales. Hasta la pasada Final Four de Londres, en la que el Olympiacos hizo añicos su racha, el técnico de Catania presentaba un espectacular balance de 8-0 (2 con la Virtus Bolonia, 1 con la Benetton y 4 con el CSKA) en las semifinales. Dicha fiabilidad se refuerza con su victoria en la semifinal de la Euroliga de 2001 (formato play-off), así como con los triunfos en sus dos únicas participaciones europeas fuera de “la Copa gorda”: Recopa del 90 y Saporta de 2000. Por si fuera poco, a nivel de selección su única experiencia en un penúltimo cruce se saldaba con un 67-65 ante Rusia. En definitiva, a nivel continental Ettore Messina ha afrontado la friolera de 13 semifinales, con sólo una derrota.

El reverso del dato puede buscarse en un balance en las finales mucho más discreto: 5-7. Jonas Kazlauskas (Euroliga 99), Dusan Ivkovic (Saporta 2000) y Svetislav Pesic (Euroliga 2003) fueron alguno de sus verdugos, pero ninguno tan contumaz como un Zeljko Obradovic al que Messina aún no sabe lo que es ganar en el partido decisivo.

El EuroBasket 1997 o la Final Four de Atenas en 2007 con el Panathinaikos como local aparecen como derrotas llenas de lógica, pero mucho más dolorosas en cambio resultaban la de 2009, con el PAO barriendo al CSKA en una primera parte antológica y, sobre todo, la de 2002 en Bolonia, donde una Kinder que ejercía de local dejaba escapar rentas de más de 10 puntos ante una demostración de flexibilidad táctica tremenda. A esta particular leyenda negra podría añadirse la eliminatoria de cuartos de final de la Euroliga 92, donde una Knorr de Bolonia claramente favorita caía en el tercer y decisivo partido por 65-69 ante un Partizan que daba así su primer gran hachazo a su particular Euroliga.

Más allá de la broma puntual, obvia decir que siendo un dato curioso perder 7 finales europeas implica la capacidad de disputarlas en una prueba más de la grandeza del italiano. A modo de curiosidad, el récord a nivel de jugadores bien pudiera ser de Ferdinando Gentile. El mágico zurdo casertano llegó a ser campeón de Europa en el año 2000 a las órdenes del propio Obradovic, pero en el camino tuvo que paladear el sabor de la derrota hasta en ocho finales europeas (Korac y Recopa con Caserta, 3 Korac y una Saporta con Trieste/Milan, una Suproliga con Panathinaikos y el EuroBasket 91 con Italia).

Otro italiano ilustre, Dino Meneghin, comparte el número de derrotas en finales (5 Copas de Europa con Varese y 1 Copa de Europa y una Recopa con Milán), aunque a cambio el pívot puede presumir de haber sumado 7 Copas de Europa, 1 EuroBasket, 2 Recopas y 1 Korac). A nivel de banquillos, otro ilustre como Bogdan Tanjevic (campeón de Europa con el Bosna y del EuroBasket con Italia) también conoce lo que es perder 7 finales: una mundialista con Turquía, otra en el EuroBasket de 1981 con Yugoslavia y, lo más curioso, hasta 5 Copa Korac con Bosna y Stefanel.

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