Retro NBA
Andrew Toney y el horror sobrenatural en el baloncesto
Máximo Tobías  | 25.04.2013 - 13:20h.
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Máximo Tobías  | 25.04.2013 - 13:20h.


“I feared Andrew Toney even more than Michael Jordan.” (Danny Ainge, NBA Vintage)


No era el único. Los jugadores y aficionados célticos no temían a “Magic” Johnson, ni al Dr J, ni a Kareem Abdul-Jabbar, ni a Moses Malone, ni tampoco a los más jóvenes Hakeem Olajuwon, Pat Ewing o Michael Jordan. El único jugador que les provocaba sudores era Andrew Toney, más conocido como “The Silent Assassin” o “The Boston Strangler”.


Andrew Toney fue siempre un anotador. En sus dos últimos años de instituto en Birmingham (Alabama) fue elegido all-american tras promediar 31 y 37 puntos por partido, y al graduarse lo nombraron “Mr Basketball” del estado. Alabama y Auburn intentaron hacerse con sus servicios, pero Toney decidió salir de su estado natal y tomó la decisión sorprendente de comprometerse con la University of Southwestern Louisiana, una universidad de segunda fila a la que aún le quedaba un año de sanción por pasadas irregularidades en el reclutamiento. Además de obtener su licenciatura en sólo tres años y medio, Andrew Toney batió varios récords en la USL y fue el máximo anotador de la selección estadounidense en la Universiada y en la Spartakiada de 1979. A pesar de ello, debido a que competía en una conferencia poco prestigiosa y a la ausencia de éxitos en los torneos nacionales (lo más lejos que llegó fue a la eliminatoria de cuartos en el NIT su temporada senior) Andrew Toney era un jugador relativamente desconocido cuando se presentó al draft de la NBA de 1980.




Los Philadelphia 76ers estaban hartos. Estaban hartos de perder finales que podían haber ganado, como en 1977 cuando tuvieron un 2-0 contra los Blazers o en 1980 cuando Kareem se lesionó en el quinto partido, y estaban hartos de las lesiones de Doug Collins y la ineficiencia de Henry Bibby. Así que trajeron a Lionel Hollins, cortaron a Bibby y con el número ocho del draft escogieron a Andrew Toney para que aportase puntos desde el banquillo.


Aunque de cara me recordase a su futuro compañero Moses Malone, Toney se parecía mucho al Vinnie Johnson que recibiría el apodo de “Microondas” en Detroit. Especialmente cuando cogió músculo para compensar su falta de físico, adquiriendo un aspecto casi trapezoidal similar al del jugador de los Pistons. Andrew Toney no carecía de virtudes técnicas como el manejo con ambas manos y la capacidad de penetración, pero destacaba sobre todo como tirador de lo que hoy llamaríamos media distancia. Sacaba el balón desde delante de su frente con una extensión muy extraña, una mecánica surgida de los playgrounds que ningún entrenador se había atrevido a cambiar. Parecía fácil de taponar, pero Toney sabía evitar a su defensor combinando la velocidad de ejecución, su notable capacidad de salto, sus fintas de tiro y su tolerancia a los contactos. Con frecuencia se elevaba en contacto con el defensor, pero era capaz de aguantar en el aire sin desequilibrarse hasta lanzar el balón por encima del rival hacia la canasta. A pesar de basar su anotación en el tiro menos eficiente del baloncesto, el lanzamiento de dos largo, su porcentaje de acierto durante su carrera es de exactamente el 50% incluso contando sus últimas temporadas, asoladas por las lesiones.


Su temporada de novato terminó con una nueva decepción para los Sixers, que dejaron escapar una ventaja de 3-1 en la final de conferencia contra los Celtics. Andrew Toney dejó su marca en la serie anotando un total de 61 puntos sumando los dos primeros partidos, pero en los dos últimos fue incapaz de alcanzar los dobles dígitos y ésa fue una de las claves de la derrota. En 1982 estaba decidido a resarcirse, y a pesar de seguir saliendo desde el banquillo tuvo una de sus mejores actuaciones cuando anotó 46 puntos en 35 minutos contra los Lakers. En el segundo partido de la eliminatoria de primera ronda contra los Atlanta Hawks, Lionel Hollins se vio involucrado en una trifulca durante la cual se partió la mano izquierda al darle un puñetazo al pívot “Tree” Rollins (las consecuencias aún se pueden ver en los dedos deformados del actual entrenador de los Memphis Grizzlies). Era muy difícil ser jugador de la NBA en los ochenta y no pelearte en algún momento con “Tree” Rollins. Con Hollins de baja, Andrew Toney fue ascendido a titular para el resto de los playoffs.


Los Sixers eliminaron a los Milwaukee Bucks por 4-2 en segunda ronda, y volvieron a la Final de Conferencia contra los Boston Celtics. Los Celtics ganaron de paliza el primer encuentro, pero los Sixers se apuntaron los tres siguientes con un Andrew Toney imperial que anotó 30, 16 y 39 puntos respectivamente. Sin embargo, los de Philadelphia parecían empeñados en repetir el desastre del año anterior, y permitieron que los Celtics empataran la eliminatoria 3-3 después de perder el sexto partido en casa al desplomarse en el último cuarto. Toney no había jugado bien el quinto encuentro en Boston (6 de 20 en tiros), pero tocó fondo en el sexto con un horripilante 1/11 en lanzamientos a canasta que reforzaba la idea de que los Sixers se asustaban en los momentos de la verdad. Al fin y al cabo, el equipo en conjunto apenas había alcanzado un 35% de acierto en tiros de campo. Y el séptimo partido se jugaría en el Boston Garden, donde los recogepelotas se burlaban de los Sixers y un grupo de aficionados locales se presentaron cubiertos de sábanas que pretendían representar a los “fantasmas” de eliminatorias pasadas pero más bien recordaban al Ku Klux Klan.



El partido comenzó igualado, con un intercambio de canastas entre Larry Bird y Bobby Jones, al que intentaba meter balones Andrew Toney ante la imposibilidad de conectar con Julius Erving. Toney cortaba una y otra vez entre un bosque de bloqueos, y logró anotar un par de canastas explotando un movimiento característico suyo que consistía en lanzar echándose hacia adelante una vez que había rebasado al defensor. A pesar de ello, los Celtics estaban consiguiendo contenerlo con una defensa de ayudas muy dura, que incluyó una zancadilla del escolta ML Carr que los árbitros no apreciaron. Toney se vengó poco después, anotando una suspensión mientras caía al suelo para provocar la segunda falta personal de Carr, que tuvo que dejar su puesto a Danny Ainge a falta de cuatro minutos y medio para el final del primer cuarto. A pesar de que los constantes dos contra uno de los Celtics culminaron en un tapón del base Gerald Henderson, Andrew Toney siguió castigando el perímetro rival encargándose incluso de subir el balón y forzando faltas de Henderson y Ainge. Los Sixers terminaron el primer cuarto con dos puntos de ventaja liderados por los 14 puntos de Toney, que compensaba así la escasa aportación del Dr J con la ayuda de los lanzamientos de Bobby Jones y los rebotes de Caldwell Jones.


Después de un merecido descanso, Andrew Toney volvió a la pista a mediados del segundo cuarto, y volvió a alternar los cruces por la zona con la posición en cabeza como si fuera un base. Falló un lanzamiento de tres, pero lo compensó inmediatamente recogiendo un balón suelto y dirigiendo un contraataque culminado con una asistencia al doctor para un 2+1. Aunque no pudo explotar el emparejamiento con el veterano Chris Ford y sólo sumó una única canasta en ese período, los Sixers llegaron al descanso en ventaja y con Toney como máximo anotador.




El segundo tiempo empezó con los mejores minutos de Julius Erving, que amenazaba con romper el partido, pero Larry Bird y Robert Parish lograron mantener a los Celtics mientras Andrew Toney cometía dos faltas rápidas. A pesar de ello, Toney anotó tres canastas casi consecutivas para mantener la ventaja de su equipo con la ayuda de Maurice Cheeks, y una racha final de Julius Erving puso el 83-71 en el marcador al terminar el tercer cuarto. A los Celtics se le acababa el tiempo, y Bill Fitch decidió apostar por un quinteto alto introduciendo a Cedric Maxwell como alero y moviendo a Larry Bird a la posición de escolta, recurriendo incluso al pívot Rick Robey cuando Kevin McHale recibió un golpe. Andrew Toney empezó inmediatamente a explotar su ventaja de velocidad en el emparejamiento con Bird, y anotó cinco puntos casi consecutivos que obligaron a los Celtics a pedir tiempo muerto cuando la diferencia en el marcador alcanzó los 16 puntos. Incluso hubo hueco para el espectáculo, como un alley-oop del Dr J en un saque lateral de Toney. El apresurado regreso a la cancha de Danny Ainge tampoco surtió efecto, y otras dos canastas de Andrew Toney provocaron otro tiempo muerto de los locales. Aún quedaban cinco minutos de juego, pero un airball de Larry Bird demostraba que por una noche la épica no estaba del lado de los Celtics. Ainge intentó en vano provocar una pelea con Toney y los de Boston encadenaron unas cuantas canastas, pero era un caso de “too little, too late”. No consiguieron bajar de los 11 puntos de desventaja, y Andrew Toney anotó un último mate al contraataque antes de ser sustituido y unirse a la celebración en el banquillo.


Al final, 34 puntos con 14 de 23 tiros, más 6 asistencias. Los Sixers aún tendrían que esperar otro año más para ganar el anillo con la ayuda de Moses Malone, pero esa noche nació el asesino silencioso de la ciudad de Boston, que no volvería a dormir tranquila hasta que unas desgraciadas lesiones en los pies provocaran la retirada tan prematura como polémica de Andrew Toney. El Boston Strangler, el Silent Assassin; el horror, el horror.






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Artículo publicado por Máximo Tobías

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