Retro NBA
Doing the Right Thing: Matt Maloney
Máximo Tobías  | 28.05.2013 - 19:54h.
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Máximo Tobías  | 28.05.2013 - 19:54h.


'Sabe tirar... no puede saltar, pero sí sabe tirar' (Jerome Allen sobre Matt Maloney)



Los Houston Rockets de Rudy Tomjanovich fueron uno de los primeros equipos en mostrarnos el futuro de la NBA. Con Hakeem Olajuwon como gran estrella, los Rockets apostaron por rodearlo de tiradores exteriores que castigaran las defensas rivales si se cerraban sobre el pívot, y que le dieran espacio para maniobrar si preferían puntear los lanzamientos exteriores. No era una estrategia nueva, la novedad era la decisión en esa apuesta; otros equipos ponían en pista a uno o dos tiradores exteriores, pero los Rockets llenaron su plantilla de ellos, desde jugadores conocidos como Vernon Maxwell, Kenny Smith o Robert Horry hasta virtuales desconocidos como Mario Elie, Scott Brooks o Matt Bullard. Llegaron al extremo de repescar a Chris Jent, una “leyenda” en el Joventut, o Tim Breaux, y de poner a tirar triples al ala-pívot Pete Chilcutt dejando a Olajuwon completamente solo en la zona. Supongo que sólo era cuestión de tiempo que se tropezaran con Matt Maloney.




Cumplía todos los estereotipos asociados a la “raza blanca, tirador”: hijo de entrenador (Jim Maloney, asistente en Temple durante más de 20 años), Maloney compensaba sus escasas capacidades atléticas con un profundo sentido de la disciplina y la ética de trabajo, y explotaba al máximo ese lanzamiento exterior que era su única virtud reconocible. Hasta llegó a pasar por el Camden Community College, el destino natural de un blanquito sin salto. En realidad no fue más que una estancia temporal mientras encontraba mejor acomodo, ya que Matt Maloney había abandonado Vanderbilt debido a la morriña.


Su destino final fueron los Pennsylvania Quakers, donde formó pareja con el base Jerome Allen y se proclamó campeón de la Ivy League tres años seguidos sin perder ni un solo partido de liga. Matt Maloney fue elegido mejor jugador de la competición en 1995, pero por algún motivo los escoltas blancos de 1.90 (a mí no me mires, ya sé que está exagerada pero es la oficial) procedentes de la Ivy League no tienen mucha demanda en la NBA. No fue elegido en el draft, y después de probar sin éxito con los Golden State Warriors su destino fue la CBA, concretamente los Grand Rapids Mackers de Brendan Suhr, que era amigo de su padre y aceptó trabajar con él.


Los números de Matt Maloney en la CBA no fueron especialmente impresionantes, pero un ojeador de los Rockets estaba convencido de que encajaría a la perfección en el sistema de Rudy Tomjanovich. En dos ocasiones la gerencia desestimó su fichaje, pero al final decidieron darle una oportunidad en 1996. Maloney tuvo que adaptarse a la posición de base, y su buen juego en la liga de verano Rocky Mountain Revue de Salt Lake hizo el resto hasta conseguir un contrato garantizado con Houston, aunque fuese por el salario mínimo ($200.000). El traspaso de Charles Barkley había dejado a los Rockets sin los bases Kenny Smith, Sam Cassell y Eldridge Recasner. Habían fichado al agente libre Brent Price, y buscaban suplentes baratos como Matt Maloney para completar su plantilla.


En principio su puesto en la rotación debía haber estado en algún lugar entre segundo y tercer base, pero Price se rompió un brazo en pretemporada. Emanual Davis, otro agente libre fichado por el mínimo, se lesionó la rodilla al poco de empezar, y eso dejaba como únicos bases en plantilla a Matt Maloney y Randy Livingston, un novato elegido a mitad de la segunda ronda del draft. Con Clyde Drexler, Charles Barkley y Hakeem Olajuwon en el quinteto titular, los Rockets sólo necesitaban un base que pasara la línea de medio campo, le diera el balón a Drexler y se plantara en la línea de tres a esperar un balón doblado. El elegido fue Matt Maloney, según la leyenda por recomendación del propio Barkley. Al segundo partido hizo un 5/10 en triples, y se terminaron las dudas a pesar del clásico bache a mitad de temporada.


Los Rockets, que reforzaron su perímetro con otros dos anotadores exteriores como Eddie Johnson y Sedale Threatt, terminaron con 57 victorias y eliminaron cómodamente a los Minnesota Timberwolves en primera ronda, para encontrarse con los Sonics de Gary Payton y Shawn Kemp. Y en el cuarto encuentro de esa eliminatoria tuvo su momento de gloria Matt Maloney.


Emparejado con Hersey Hawkins, Maloney falló sus dos primeros lanzamientos en movimiento, mientras Kemp y Olajuwon intercambiaban mates. Cuando se sentó cerca del final del primer cuarto, su intervención más destacada había sido dejarse robar el balón.




En su vuelta a la pista, Maloney realizó su primera aportación cortando un contraataque de los Sonics, y lo siguió con su primer triple: la defensa local se cerró sobre Olajuwon, y éste le devolvió el balón para un lanzamiento perfecto, en estático y con todo el tiempo del mundo. En el siguiente ataque, nadie frenó a Maloney cuando subía el balón y éste aprovechó para encestar su segundo triple consecutivo, que provocó el tiempo muerto de Seattle. A pesar de sus problemas para poner el balón en el suelo frente a la defensa local, Matt Maloney seguía aportando en su área de especialización. Poco después falló un triple desde el lateral, pero cuando el balón volvió a sus manos después de un rebote ofensivo de los Rockets no vaciló en volver a lanzar, esta vez con acierto. Sus 9 puntos en el cuarto obligaron a los Sonics a defenderle más de cerca, y eso le permitía fintar el tiro, iniciar la penetración y doblar el balón en ventaja.




El partido llegó igualado a la segunda parte, con los Sonics explotando su velocidad mientras que los Rockets buscaban imponer su poderío exterior. En esas circunstancias, un jugador como Maloney valía su peso en oro para servir de contrapeso al juego cerca del aro, como cuando anotó su cuarto triple gracias a un pase cruzado de Olajuwon. Ése era su papel, castigar a Seattle cuando se cerrara en defensa y obligarles a salir a puntear los triples. Un “give’n’go” con Barkley le proporcionó la que sería su única canasta de dos en el partido, y lo dejó como máximo anotador de su equipo con 14 puntos. Convencido de su papel, volvió a repetir jugada cuando falló un triple al contraataque y al recuperar el rebote lanzó de nuevo para anotar su quinto lanzamiento de tres. Con Detlef Schrempf anotando a placer por encima de Mario Elie y Clyde Drexler, los Rockets se aferraban a su rebote ofensivo para seguir en el partido; y necesitaban todos los puntos de Matt Maloney.












Maloney empezó el último cuarto con otro triple, aprovechando que se había quedado emparejado con Jim McIlvaine, alcanzando los 20 puntos y 5 asistencias. Hersey Hawkins taponó su siguiente lanzamiento, pero una racha de acierto de los Rockets y la eliminación de Shawn Kemp puso a su equipo con 8 puntos de ventaja a mediados del último cuarto. Los Sonics remontaron a pesar de la ausencia de su gran estrella, y el partido se decidió en sus últimas posesiones. Maloney anotó un triple a falta de dos minutos y medio, pero los fallos de Barkley desde el tiro libre permitieron a Hawkins empatar el partido a falta de unos segundos. A Maloney se le escapó el balón en el último ataque de Houston, y se fueron a la prórroga.






Los Rockets estaban al borde del KO. Se habían dejado remontar sin el mejor jugador rival, habían concedido el triple final y luego Seattle anotó los cuatro primeros puntos de la prórroga. Pero un 2+1 de Barkley a falta de dos minutos volvió a meterlos en el partido y dio pie a la última heroicidad de Matt Maloney. Había fallado sus dos lanzamientos en la prórroga, incluyendo un contraataque donde iba en ventaja y terminó siendo taponado por Hawkins de manera humillante, pero cuando le llegó el balón doblado por Olajuwon no vaciló. Fintó el tiro haciendo volar a Hersey Hawkins, dio un pasito y clavó su octavo triple en el partido que ponía a los Rockets por delante 108-106 a falta de medio minuto. Ahí se terminó el partido: los Sonics fallaron sus lanzamientos, y Mario Elie aseguró la victoria desde el tiro libre. Los Rockets se ponían 3-1 en la eliminatoria, y aunque Seattle lograría forzar el séptimo partido la diferencia fue demasiada para culminar la remontada.






Matt Maloney, elegido en el segundo quinteto ideal de rookies, se había convertido en una de las mayores sorpresas de la temporada en la NBA. Jugó un segundo año como titular en los Rockets, y en 1999 firmó una renovación desorbitada (siete temporadas por $18 millones), así que pocos podían pensar que su carrera profesional se acercaba a su fin, pero la verdad es que las señales se habían podido ver desde 1997. Después de la serie contra los Sonics, la final de conferencia contra los Utah Jazz fue un anticlímax. John Stockton se comió con patatas a Matt Maloney, y luego escupió los pedazos. El base de los Jazz promedió más de 20 puntos y dirigió a su equipo con maestría, mientras que su rival se quedaba en un 27% de tiro y en un problema para su entrenador, que tampoco tenía recambios para sentarlo. Al año siguiente volvió a pasar lo mismo en primera ronda, Stockton destrozó a Maloney y los Jazz eliminaron a los Rockets, así que no queda claro qué demonios estaban pensando cuando le firmaron su renovación.


En noviembre de 1999 los Houston Rockets cortaron a Matt Maloney para hacer sitio a Steve Francis, a pesar de que aún le quedaban seis temporadas de contrato. Por lo visto, renegoció los pagos para cobrar en plazos más largos, y después de pasar por Bulls y Hawks se retiró para dedicarse al negocio de la música. También dicen que Jeremy Lin sufre un escalofrío cada vez que oye su nombre.




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Artículo publicado por Máximo Tobías

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