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RetroNBA: El Hermano de Dick Stockton
Máximo Tobías  | 16.03.2013 - 11:38h.
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Máximo Tobías  | 16.03.2013 - 11:38h.



El draft de 1984 tuvo tanta trascendencia para la historia de la NBA que ha dado para un libro entero que trata de la llegada simultánea a la liga de Michael Jordan, Akeem Olajuwon y Charles Barkley, más una constelación de magníficos jugadores que no alcanzaron ese nivel de estrellato pero sí influyeron en la marcha de varias franquicias. Con la llegada al año siguiente de Pat Ewing y Karl Malone, la NBA completó la base de lo que sería la década de los noventa.


Un buen ejemplo del tipo de jugador que hizo legendario al draft de 1984 fue John Stockton, el base de los Utah Jazz que se convirtió en una de las estrellas menores de la NBA a pesar de que casi nadie esperaba de él una carrera profesional, y de que Utah no parecía el mejor lugar para que sucediera.


John Stockton nació y creció en Spokane, y nada hacía prever que se alejaría más allá de un par de kilómetros de la casa de sus padres. Su padre era copropietario de un conocido bar situado a pocas manzanas de la universidad de Gonzaga, y el joven Stockton pasó su adolescencia entre su casa, el bar y el instituto, siempre bajo el amparo de los jesuitas de St Aloysius Gonzaga: su colegio era el St Aloysius, y de él pasó al instituto de Gonzaga Prep, relacionado la Universidad del mismo nombre. John Stockton era un gran aficionado al baloncesto desde muy pequeño y se pasaba las horas en el jardín imitando a su ídolo Gus Williams de los Sonics, pero no era más que un chaval blanquito de 1.80 cuyo techo sería llegar a titular en el equipo de su instituto. Ni siquiera era el mejor base de la ciudad, ese honor correspondía a una futura estrella de la NFL llamada Mark Rypien que llevó al instituto de Shadle Park al campeonato estatal. Las únicas universidades que se interesaron por John Stockton fueron centros de segunda o tercera fila como Idaho, Montana, Seattle Pacific... y Gonzaga.


En Gonzaga dudaron mucho antes de decidirse a ofrecerle una beca, y el mismo hecho de proceder de la localidad jugó en su contra. Resultaba demasiado fácil imaginarlo pasando las tardes con sus amigotes en el bar de su padre, bebiendo cerveza y olvidándose de los entrenamientos y los estudios. El entrenador de Gonzaga pensaba que quizás sería mejor que acudiese a una universidad lejana donde encontrase menos distracciones, pero finalmente decidió apostar por él. Y tampoco es que John Stockton se convirtiera en una gran estrella de la noche al día: fue suplente en su primer año, el segundo llegó a titular y el tercero por fin se convirtió en el mejor jugador de la historia de la universidad, batiendo récords de puntos, asistencias y balones robados y permitiendo que los Zags llenaran su diminuto pabellón por primera vez. A pesar de ello, su impacto se limitaba a lo local. Gonzaga permanecía anclada en la mitad de la tabla en una conferencia de segunda fila, la WCC, en la que los jugadores que destacaban buscaban su futuro en Europa, no en la NBA (Orlando Phillips, Victor Anger).


Quizás el ejemplo más ilustrativo del nivel percibido se dio durante la visita de Steve Kerr, un jugador casi desconocido que había pasado sus años de instituto en el extranjero. Kerr jugó un partidillo contra John Stockton, y cuando éste lo barrió de la pista el entrenador de Gonzaga le comunicó que la universidad había decidido no ofrecerle una beca. Al fin y al cabo, ¿qué futuro podía tener un jugador incapaz de superar a John Stockton?


Stockton terminó su temporada senior siendo elegido mejor jugador de la WCC y eso le grajeó una invitación para las pruebas de selección del equipo olímpico de 1984 (invitación que estuvo a punto de tirar a la basura sin abrir al confundirla con un sobre de publicidad). Durante las pruebas, John Stockton y Terry Porter se convirtieron en dos de las sorpresas más positivas de la preselección, al meterse entre los veinte finalistas cuando nadie apostaba por ellos. Sin embargo, la realidad era que no tenían posibilidades reales: Steve Alford era la apuesta personal de Bobby Knight y Leon Wood era una estrella universitaria (lo sé, lo sé) que el año anterior había sido líder de asistencias en la NCAA y miembro de la plantilla enviada a los Juegos Panamericanos.


La principal consecuencia de los “trials” para la carrera de John Stockton vino a través de un antiguo entrenador de la Universidad de Utah, que informó a Frank Layden de los Utah Jazz de la buena imagen que había dejado el jugador. Layden ya había oído hablar de él, pero elegir en primera ronda del draft a un jugador blanco de 1.80 procedente de una universidad desconocida era el tipo de decisión que le podía costar el cargo. Lo que pasa es que las recomendaciones empezaban a amontonarse, sobre todo después de las pruebas pre-draft en Chicago. Su hijo Scott Layden había acudido como ojeador de los Jazz, y pudo ver cómo John Stockton formaba pareja con Kevin Willis de Michigan State en los partidillos. Como un avance de lo que sucedería después con Karl Malone, Stockton se dedicó a meterle pases a Willis que se convirtió en una de las revelaciones de la jornada. Frank Layden empezaba a pensar que no iba a tener más remedio que elegirlo, y un encuentro casual en Chicago terminó de decidirlo: cuando se tropezó con Stockton en el ascensor de un hotel, Layden le estrechó la mano y aprovechó para palparle discretamente el bíceps. Bajo su aspecto menudo y blanquecino se ocultaban unos músculos de acero, y Frank Layden se pasó los días siguientes conversando durante horas con los técnicos de Gonzaga para confirmar su intuición. En cuestión de días, los Jazz habían pasado de no atreverse a apostar por Stockton, a temer que otra franquicia se les adelantara. Hasta entonces el plan de John Stockton había sido dar el salto a Europa para seguir jugando, pero después de su paso por Chicago era evidente que había equipos como los Cavs que se estaban planteando elegirlo quizás en segunda ronda del draft.


Los Utah Jazz iniciaron una completa táctica de distracción, eliminando toda posible mención de su nombre en sus documentos internos y en la lista de candidatos facilitada a la televisión local (que incluía 13 nombres, entre ellos los de Jay Humphries, Terence Stansbury o Michal Cage, pero no a John Stockton), para que nadie supiera que estaban interesados en él. No les fue difícil porque en 1984 nada hacía indicar que los Jazz buscasen un base: el puesto de titular pertenecía al veloz Rickey Green, que había sido all-star sólo unos meses antes tras promediar casi 14 puntos y 10 asistencias por partido. Tampoco era demasiado veterano (29 años), y contaba con un suplente sólido como era el “combo-guard” Jerry Eaves, campeón de la NCAA con Louisville. El único indicio positivo para John Stockton era que Eaves acababa de operarse la rodilla, y su recuperación era incierta. En cualquier caso, las maniobras de los Jazz tuvieron éxito, y cuando anunciaron su elección los aficionados locales sabían tan poco de ese diminuto base de Gonzaga que llegaron a preguntarse si sería familia de Dick Stockton, el conocido comentarista televisivo.





Incluso dentro de la misma NBA, algunas franquicias pensaron que los Jazz no sabían el auténtico valor del jugador, y que lo habían seleccionado con la idea de traspasarlo. Stu Inman de los Trail Blazers estaba interesado en John Stockton desde que fue elegido MVP del Far West Festival celebrado en Portland en diciembre de 1983, y se puso en contacto con Frank Layden para ver si estaría interesado en un intercambio. Irónicamente, el resultado fue que Layden se convenció de que su elección había sido un acierto, ya que Inman estaba considerado como uno de los mejores evaluadores de talento de la liga. Si estaba interesado en John Stockton, eso significaba que John Stockton era bueno.


Frank Layden se llevó una sorpresa desagradable cuando el jugador no mostró ningún tipo de agradecimiento, sino que se negó a firmar un contrato hasta que aumentaron su duración. Pero una vez en Utah, tanto los técnicos como los jugadores se dieron cuenta inmediatamente de que habían acertado de pleno. Rickey Green era una antigua estrella universitaria que había caído hasta la CBA antes de remontar su carrera en los Jazz, pero su principal virtud era la velocidad. Stockton era el suplente ideal para compensar sus carencias en estático, y aunque sólo jugaba unos 18 minutos por partido eso le bastó para promediar 5 asistencias por encuentro y para dejar unas cuantas pinceladas de calidad durante la temporada. Los entrenadores apreciaban su actitud humilde y trabajadora, mientras que en la intimidad del vestuario mostraba un espíritu bromista que sabía sacar la carcajada a sus compañeros. Podían burlarse de él por ir a misa cada mañana junto a Frank Layden, pero la realidad era que confiaban en él cuando saltaba a la pista.





Así se pudo ver en el quinto y último partido de primera ronda de playoffs contra los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon y Ralph Sampson. Los Rockets eran los grandes favoritos, pero los Jazz tomaron una ventaja de 1-2 y a punto estuvieron de cerrar la serie en el cuarto partido. Una espectacular remontada liderada por Ralph Sampson permitió a los Rockets forzar un quinto partido en casa, y ése parecía que iba a ser el final de los Jazz. Rickey Green con 6 puntos era el único jugador del equipo que lograba ver aro, y sólo los rebotes ofensivos mantenían a Utah en el partido. John Stockton no tuvo una salida a pista fácil en el primer cuarto, ya que en su primera intervención cayó al suelo cuando salía al contraataque y los árbitros pitaron falta de John Lucas. Las airadas protestas del entrenador de los Rockets se saldaron con una técnica, y Stockton tuvo que lanzar sus tiros libres mientras el estadio entero le abucheaba. Volvió a salir en el segundo cuarto para intentar frenar a Lucas y aportar tiro exterior, pero no pudo impedir que los locales adquirieran una cómoda ventaja que rondaba los 10 puntos. Los Jazz no conseguían meter una canasta ni pagando, y cuando consiguieron remontar gracias a los tiros libres recibieron una noticia aún peor: a falta de dos minutos para el descanso, Lewis Lloyd fue derribado en una penetración y cayó sobre la rodilla de Mark Eaton, que tuvo que retirarse lesionado.


Eaton había sido un factor decisivo en defensa para frenar a Sampson y Olajuwon con 10 rebotes y 4 tapones, y sin él los pívots de los Rockets empezaron la segunda parte martilleando el aro de los Jazz. Seis puntos de Olajuwon en minuto y medio provocaron el primer tiempo muerto de Layden, pero todos los tiempos muertos del mundo no bastarían para evitar que el nigeriano siguiera dando vueltas alrededor de Rich Kelley, el pívot suplente. El tercer cuarto terminó con una ventaja de 9 puntos para los Rockets, y eso gracias a unos cuantos contraataques de Darrell Griffith que impidieron una diferencia mayor.


Desesperado, Frank Layden decidió sacar en el último cuarto un quinteto sorprendente: John Stockton, Fred Roberts, Thurl Bailey, Rich Kelley y Billy Paultz. Lo más sorprendente para el espectador avezado es la presencia de Roberts (futuro jugador de Boston Celtics y del entonces Barcelona) en la posición de escolta, pero lo cierto es que resultó ser un acierto en ataque y en defensa. Con Stockton y Roberts corriendo como ardillas por el perímetro, Kelley distribuyendo desde el poste alto y Paultz metiendo cuerpo frente a Olajuwon, Bailey quedaba como único titular y referente ofensivo. Por increíble que parezca, funcionó. Paultz consiguió descentrar a Olajuwon (que respondió lanzándole una tremenda bofetada que los árbitros no vieron), y la actividad defensiva de Roberts, Kelley y Stockton volvió a meter a los Jazz en el partido. A falta de menos de cuatro minutos Utah consiguió ponerse por delante, y los nervios empezaron a hacer presa en los Rockets. Lo habitual hubiera sido volver a meter a los titulares, pero nada era habitual en este partido y Frank Layden decidió mantener a los suplentes y sólo introdujo a Adrian Dantley para que fuese el encargado de lanzar los últimos tiros libres que pusieron el 104-97 definitivo en el marcador.


Al terminar el partido todos los comentarios se centraban en la defensa de Billy Paultz o los puntos de Thurl Bailey, y pocos se fijaban en el base pequeño e hiperactivo que había dirigido a sus compañeros en los momentos decisivos de la primera serie de playoffs de su carrera. Se llamaba John Stockton, y pronto lo sabríamos todos.







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Artículo publicado por Máximo Tobías

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