La Opinión
Delaney Rudd, Pequeñito pero Matón
Máximo Tobías  | 08.12.2012 - 14:49h.
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Pocos trabajos había en la NBA de los noventa más agradecidos que ser base suplente de los Utah Jazz. Con un entrenador que basaba su juego en el “pick’n’roll” y la presencia de un titular como John Stockton, empezar de suplente en los Jazz permitió hacer carrera a jugadores como Howard Eisley, Eric Murdock o Jacque Vaughn. No fue el caso de Delaney Rudd.


Edward Delaney Rudd nació y creció en el condado de Halifax, dentro del área conocida como “Tobacco Road” por su histórica producción de tabaco. En el instituto, el joven Rudd llegaba muchas veces a entrenar manchado del jugo de la planta del tabaco, resultado del trabajo que simultaneaba con sus estudios para ayudar a su madre, ya que era el hombre de la casa. Y luego fue en una de las universidades de la “Tobacco Road”, concretamente Wake Forest, en la que continuó su carrera en 1981. Después de un año “freshman” poco destacado, Delaney Rudd se hizo con el puesto de escolta titular en un potente equipo liderado por el base Danny Young y el pívot Anthony Teachey. Esa temporada, la 82-83, fue especialmente convulsa para los Demon Deacons, y culminó en un motín generalizado en el vestuario contra el entrenador Carl Tacy, al que se culpaba de una serie de estruendosas derrotas sufridas por el equipo. Contra pronóstico, el técnico consiguió recuperar la confianza de sus jugadores después de una reunión en la que todos hablaron con libertad, y alcanzaron las semifinales del NIT. Delaney Rudd se destapó como un peligroso anotador, pasando de promediar apenas un punto por partido en su primera temporada a unos 13 ppg en la segunda y tercera. En la semifinal del torneo regional de la NCAA de 1984 contra DePaul demostró además que no le temblaba el pulso: en el que sería el último partido del legendario entrenador Ray Meyer, Rudd forzó la prórroga con un canastón desde siete metros en el último segundo después de recibir el pase involuntario de un jugador de DePaul. Los Houston Cougars de Clyde Drexler y Akeem Olajuwon los dejaron fuera de la Final Four, pero al año siguiente la marcha de Young y Teachey le permitió a Delaney Rudd promediar casi 17 puntos por encuentro acompañando a “Muggsy” Bogues en el “backcourt”.


A pesar de ello, sus perspectivas cara al draft de la NBA de 1985 no eran buenas. En la universidad había destacado como anotador gracias a su cegadora velocidad y buen tiro, pero con apenas un 1.88 de estatura no podría jugar de escolta en la liga profesional. Los Utah Jazz lo escogieron en la cuarta ronda del draft, pero un gélido 3/17 en tiros durante pretemporada le dejó sin opciones y fue cortado. Delaney Rudd había pasado el verano jugando en los Westchester Golden Apples de la USBL, donde había sido escogido en el quinteto ideal de rookies, y después de ser cortado por los Jazz decidió continuar su carrera en la CBA, intentando adaptarse a su nueva posición de base. Fichó por los Bay State Bombardiers de Mauro Panaggio, pero en diciembre de 1985 fue traspasado a los Maine Windjammers. Fueron los momentos más duros para Delaney Rudd, cuando llegó a pensar que no podría ganarse la vida con el baloncesto y empezó a prepararse para un futuro lejos del deporte. Con la ayuda de Reggie Diller, un empresario miembro del Wake Forest Deacon’s Club que se había convertido en una especie de figura paterna para el jugador, Rudd creó una empresa de limpieza llamada DPR Enterprises. Con el tiempo DPR llegaría a contar con unos treinta empleados, pero en sus inicios el propio Delaney Rudd empleó sus veranos pasando la aspiradora por despachos y oficinas.


Finalmente, Delaney Rudd decidió aparcar el sueño de la NBA y probar suerte en Europa, concretamente en el PAOK. En principio solamente estaba inscrito en la Copa Korac, pero una serie de buenas actuaciones (incluyendo dos partidazos contra Estudiantes, con 31 puntos en la ida y 43 en la vuelta) le permitieron renovar para la temporada siguiente ya como extranjero de pleno derecho en la liga griega.


Después de dos buenos años en Grecia, Rudd decidió intentar volver a los EEUU con motivo del nacimiento de su hija, buscando un equipo que le permitiera estar más cerca de su familia. Delaney Rudd probó primero en las ligas de verano con los New York Knicks, y luego Southern California Summer League con los Milwaukee Bucks. Parecía que todo estaba hecho con los Bucks cuando en el último momento se decidieron por el veterano Gerald Henderson debido a su experiencia como campeón de la NBA con los Celtics años atrás. El sueño de la NBA se le escapaba entre los dedos a Rudd, camino de los Tulsa Fast Breakers de la CBA, pero entonces aparecieron los Jazz. Se habían cansado de Jim Les, un base tirador que apenas había encestado el 30% de sus tiros el año anterior, y decidieron darle una oportunidad a ese jugador que tan buena imagen había dado en la liga de verano del sur de California. Delaney Rudd tendría que competir por el puesto de suplente de Stockton con Eric Johnson, el hermano de Vinnie Johnson que terminaría jugando en Valencia. Durante sus tres temporadas en Utah, Delaney Rudd ofreció un rendimiento consistentemente irregular: cuando disponía de minutos debido a alguna ausencia de Stockton (por ejemplo, debido a una lesión), su aportación era más que digna; pero cuando su papel se restringía a salir como suplente en breves momentos, se convertía en un jugador inseguro incapaz de ayudar a su equipo.





Por eso no fue una sorpresa que los Jazz eligieran a un base con su elección de primera ronda del draft de 1991. El elegido fue Eric Murdock de Providence, un jugador claramente superior a Rudd pero que no se aclimató a los Jazz. Murdock llevaba muy mal el papel secundario que le correspondía como suplente de Stockton, y el entrenador Jerry Sloan no destacaba precisamente por su paciencia con los jugadores problemáticos. Eso hizo que Delaney Rudd adelantara a Eric Murdock en la rotación en ocasiones, por ejemplo el 31 de enero de 1992 contra los Suns. Cuando John Stockton fue eliminado por personales cuando quedaban por jugar tres minutos de la prórroga, Rudd fue elegido para dirigir al equipo en esos instantes críticos a pesar de que no había salido en todo el partido. A falta de dos segundos y medio anotó su única canasta, que permitió que los Jazz se alzaran con la victoria por 117-116. Era un aviso de lo que estaba por venir en playoffs. La temporada 1991-92 fue el punto más alto de los “antiguos” Jazz, los de Mark Eaton, Jeff Malone y Mike Brown. Ganaron 53 partidos y se colaron en la primera final de conferencia de la historia de la franquicia, pero allí se dieron de bruces con los Portland Trail Blazers de Clyde Drexler y Buck Williams. Los Blazers de principios de los noventa fueron un equipo muy completo al que sólo una inesperada derrota en 1991 contra Lakers impidió encadenar tres finales seguidas, y pronto tomaron ventaja en la eliminatoria tras ganar cómodamente dos primeros encuentros. En Utah los Jazz se rehicieron ganando el tercer partido después de una muy buena primera parte, y empataron la serie 2-2 después de un cuarto encuentro marcado por las cinco técnicas que le pitaron a su rival. Eso convertía al quinto partido en un momento casi decisivo, y las cosas no pintaban bien para los Jazz cuando se vieron catorce puntos abajo en el primer cuarto debido al buen juego del pívot Kevin Duckworth. En el segundo cuarto remontaron hasta ponerse a tres puntos gracias a que John Stockton se dedicó a meterle pases al alero Tyrone Corbin, pero Jerome Kersey logró volver a estirar la ventaja para los Blazers. Y entonces, el desastre: en la última jugada de la primera parte, una penetración a la desesperada de Clyde Drexler terminó en un manotazo involuntario al rostro de Stockton que le provocó un arañazo en la esclerótica del ojo izquierdo. Con el ojo inflamado y la visión borrosa, los Jazz tendrían que afrontar la segunda parte 8 puntos abajo y sin el jugador que hasta ese momento los había mantenido en el partido.





Delaney Rudd no había pisado el parqué en toda la primera parte. La falta de confianza de Jerry Sloan en su banquillo llegaba al extremo de que el sustituto de Stockton durante su mínimo descanso había sido el escolta Jeff Malone, pero ahora no quedaba otro remedio. Rudd intentó no complicarse la vida, y salió con la instrucción clara de buscar constantemente a Karl Malone al poste olvidándose de los “pick’n’roll”. También aprovechó su velocidad para hacerse con un balón suelto y asistir a Jeff Malone, pero su principal aportación fue no perder balones y meterle todos los pases del mundo a la estrella del equipo. Karl Malone anotó 28 puntos en la segunda parte y Delaney Rudd sumó 9 asistencias, y entre ambos consiguieron meter a los Jazz en el partido. En defensa su inferioridad física le pasaba factura, pero demostró no tener miedo cuando terminó rodando por el suelo al frenar en falta un contraataque de Jerome Kersey o al poner un bloqueo a Buck Williams. Su equipo consiguió entrar en el último cuarto con empate en el marcador, y hasta cogieron cuatro puntitos de ventaja que pronto se volatilizaron. A falta de 20 segundos, una violación de los Jazz devolvía la posesión a unos Blazers cuando estaban un punto arriba. Delaney Rudd no tuvo más remedio que hacer falta antes de que corriera el reloj, y Terry Porter anotó los dos tiros libres que ponían el 107-104 en el marcador.


Fue la primera canasta de Rudd, y su momento de gloria: subió el balón con calma, aprovechó el bloqueo de Karl Malone para dejar pillado a Porter y, aprovechando que Cliff Robinson no había salido, anotó cómodamente el triple que forzaba la prórroga. Por desgracia, la gasolina se le estaba terminando a unos Jazz que en el tiempo extra buscaron en vano a un Malone que falló tiro tras tiro. A falta de minuto y medio la ventaja de los locales llegó a los siete puntos, y un par de canastas finales de Delaney Rudd sólo sirvieron para maquillar el resultado. Fue un triste final para tanto esfuerzo, y un par de días después los Blazers remataron la faena en Utah eliminando a los Jazz por 4-2.


Al mismo tiempo, los días de Rudd en Utah llegaban a su fin. Los Jazz traspasaron a Eric Murdock a Milwaukee a cambio del veterano Jay Humphries, y ficharon a otro base como John Crotty. Delaney Rudd terminaba contrato y se vio así sin sitio en la plantilla, y los Houston Rockets lo cortaron después de jugar con ellos la liga de verano. Tuvo que volver a la CBA con los Rapid City Thrillers, y en diciembre firmó con el Paris Saint-Germain francés, donde tuvo un arranque espectacular promediando 26 puntos en los dos partidos que jugó. Sin embargo, en enero de 1993 estaba de vuelta en la NBA, en las filas de sus antiguos rivales los Portland Trail Blazers. Los Blazers buscaban reforzar el perímetro después de la lesión de Clyde Drexler, y decidieron darle una oportunidad a un jugador al que recordaban demasiado bien. Su papel en el equipo no pasó de marginal, y al terminar la temporada Delaney Rudd dejó atrás definitivamente el sueño de la NBA.





Volvió a Francia, donde jugó para el Asvel Villeurbanne durante seis temporadas. Con ese equipo disputó varias finales de liga, ganó dos copas y un MVP (1996), y se clasificó para la Final Four de la Euroliga en 1997, cuando el entonces Barcelona lo eliminó en semifinales. Fueron sus años de gloria, reconocido como uno de los mejores anotadores del baloncesto europeo, que llegaron a su fin en 1999 con su fichaje por el Ulker de Turquía. Sin embargo, a los pocos días de formalizar el contrato, Delaney Rudd abandonó el club por “razones personales” (según algunos rumores, el motivo era el susto que le había producido el terremoto de agosto de 1999, que provocó más de 17.000 víctimas mortales en el país) y pocos días después anunció oficialmente su retirada. Después de probar como agente, Delaney Rudd se dedica a organizar campamentos de baloncesto en Carolina del Norte y a entrenar a equipos femeninos en la AAU.


No cabe duda de que el paso por la NBA de Delaney Rudd queda muy por debajo de su etapa en Francia, donde se convirtió en una auténtica estrella a nivel continental. Pero con todo, los aficionados de Utah siguen recordando ese triple final contra los Blazers. Si Michael Jordan se disfrazó de dios un día, esa noche Delaney Rudd se puso el disfraz de John Stockton, y consiguió salir airoso.




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Artículo publicado por Máximo Tobías

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