La Opinión
Carta abierta a Pablo Laso
Roberto Tamayo (Baloncesto sin red)  | 20.12.2012 - 10:44h.
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Como amante del baloncesto sin bufanda, quiero agradecerle la transformación del concepto de diversión que ha patentado. Podría sustentar este sentimiento de gratitud desplegando una retahíla de datos, porque los hay y son inquisitoriales. Prefiero, no obstante, abrazar el romanticismo para explicar el cambio de escenario que se ha producido tanto en el Madrid como en la Liga Endesa con su desembarco en el vestuario blanco. Si es usted un prosaico ya le tengo enganchado, pero en caso de que sea menos amante de la lírica le invito a convertirse solo durante 4 minutos.


Convendría recordar que usted fue cocinero antes que fraile. Jugó un porrón de años en la elite y vistió la camiseta blanca. Desconozco si en esos dos años que duró su experiencia madrileña su corazón tuvo tiempo para teñirse de merengue, pero sus declaraciones actuales (ruedas de prensa, previas, Twitter) me hacen pensar que aquel periodo le marcó. En una época en la que la fachada adquiere una importancia suprema, su comportamiento cumple con los mandamientos que se exigen al inquilino del banquillo blanco.


Convendría recordar que usted llegó al Madrid por la puerta de emergencia. Las primeras opciones del club eran nombres con curriculum más o menos notable. Pero ninguna fructificó y Alberto Herreros, ex compañero suyo en el Madrid, apostó por un entrenador de perfil bajo. Usted apenas sumaba tres temporadas en la ACB, las dos últimas en un equipo cuyo objetivo era la salvación. La sección de baloncesto navegaba sin rumbo por enésima vez tras la espantada de Messina, oscarizado maestro cuyo paso por la capital fue sombrío.


Sentimiento de pertenencia


En medio de ese fregado aparece un hombre con carencias capilares, una figura tirando a oronda y al que el espectador medio no conocía oficio ni beneficio para implantar un estilo dinámico que reengancha a los escépticos y llena el Palacio de los Deportes. Frente a los resultadistas, ha demostrado que jugar bien y ganar no tienen por qué ser antónimos. Jugadores y entrenador van ahora unidos. Disfrutan y hacen disfrutar a los aficionados. El proyecto tiene una identidad y eso es lo que permite que el espectador se acerque al equipo, al basket. La gente quiere identificarse con una hoja de ruta pegadiza y ahora tanto los fans del Madrid como los de sus rivales saben que sus partidos son garantía de espectáculo.


En los dos últimos partidos del equipo blanco en liga he escuchado la siguiente afirmación salir de la boca de gente que se sitúa en las antípodas del madridismo. "¡Cómo mola ver al Madrid!" La parte positiva de este estilo es que produce un efecto contagio. Los partidos del Madrid son una oda al baloncesto desenfadado en los que también hay hueco para presenciar notables acciones defensivas individuales y colectivas. Mientras esta propuesta se perpetúe creo que no importa el horario que imponga TVE porque la calidad unida al divertimento siempre acaba encontrando su público, o al menos debería.


Coherencia


Para desarrollar una idea es aconsejable rodearse de las personas adecuadas. Correcto, es una perogrullada pero no se cumple con excesiva frecuencia. ¿Qué es lo primero que necesito para ser un equipo eléctrico? Dos bases con ese ADN. Ha apadrinado a Sergio Rodríguez y Sergio Llull hasta convertirles en directores de juego solventes sin que hayan perdido su magia. No solo fue valiente al apostar por Jaycee Carroll, la estrella de un equipo de media tabla del que muchos recelaban para un grande, sino que ha sabido convencerle para jugar la mitad que en Canarias pero siendo también decisivo. Fue coherente y valiente al dejar salir a Ante Tomic, muy talentoso en ataque y blando en defensa, y quedarse con Mirza Begic. Tuve el coraje de entregar la titularidad a Nikola Mirotic con 20 años a costa de mandar al banquillo a Felipe Reyes, capitán y mandamás del vestuario, sin que el rendimiento de este último se viera afectado.


Y a todo este compendio de haberes personales le sumo un factor diferencial: el fichaje de Rudy Fernández. El escolta mallorquín ha cambiado la etiqueta de aspirante a favorito en todas las competiciones.


En este remanso de felicidad que es el Madrid, debo decirle que también ha tenido un patinazo como no dar respuesta a la zona planteada por Xavi Pascual en el cuarto (que podría haber sido definitivo) partido de la última final ACB. Pero incluso en esa dolorosísima derrota para su equipo, gran parte del madridismo no respiraba desánimo sino ilusión por los cimientos que se habían construido.


Su equipo ha sobrepasado los 90 puntos en numerosas ocasiones, ha terminado por encima de la centena de valoración en otras tantas, firma casi cuatro mates de media, suma 12 partidos invicto el liga.. Perdón. Tiene usted razón. Le había prometido que no iba a hablar de datos.


Atentamente,


Roberto Tamayo


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Artículo publicado por Roberto Tamayo (Baloncesto sin red)

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