La Opinión
Esos románticos transgresores
Roberto Tamayo (Baloncesto sin red)  | 18.01.2013 - 13:03h.
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La repercusión de un hecho suele medirse en función de números, pero aún sobrevivimos algunos románticos transgresores que huimos de los datos para entregar el protagonismo a detalles mundanos.


Por minutos como los que el pasado fin de semana se vivieron en Badalona y en el Palacio de los Deportes, el basket es el deporte más maravilloso que existe. Lástima que TVE conceda más importancia a asuntos tan sugerentes y sesudos como el abrigo de piel que se ha comprado mengano o el restaurante en el que cenaron mengano y zutana. Me contaba un amigo estudiantil que vio el partido en directo que durante unos segundos (cuando iban 34 arriba) la gente confiaba en alcanzar los 47 puntos de diferencia necesarios para apear al Barcelona de la Copa. ¿Qué alma desnortada hubiera apostado por ello antes de empezar el encuentro?


En apenas 6 meses, el Estudiantes ha pasado de ser cliente del purgatorio a construirse una parcela en el Olimpo. Su recuperación es una excelente noticia para el universo del baloncesto español porque suyas son muchas de las páginas de gloria. Ni siquiera Franz Kafka hubiera sido capaz de idear semejante guión. La fidelidad y animosidad de la afición estudiantil es el principal activo de una filosofía de sentir el basket que vuelve a abrazar la gloria.


El segundo factor de esta transformación es el dúo Germán Gabriel - Carl English. El primero se ha asentado como uno de los jugadores más resolutivos de la liga mientras que el escolta es ese americano que tantos años han estado buscando de manera infructuosa. Pero el arquitecto del éxtasis estudiantil es Txus Vidorreta. El entrenador vasco ha puesto cordura a un proyecto que caminaba de la mano de la improvisación y del despropósito. La otra persona que merece una mención aparte es Himar Ojeda, ideólogo del proyecto del Gran Canaria y actual director deportivo del Estudiantes.





Había un ingrediente que faltaba y que ha sido y es el ADN del Estudiantes: la emoción. A falta de unos 90 segundos, el Joventut ganaba de 13 al Obradoiro. La afición ya celebraba su presencia en la Copa cuando en la zozobra invadió el Palacio. El baloncesto volvió a rebelarse como un deporte en el que lo irreal siempre tiene una ventana abierta. Obradoiro tuvo la última posesión para alargar la tensión o incluso dejar en anécdota la proeza del Estudiantes. La primera vuelta del equipo gallego también merecía el premio gordo de estrenarse en una Copa del Rey, pero el tiro de Andrés Rodríguez rebotó en el aro.


El rival del Estudiantes en Vitoria será el Valencia Basket. En el torneo copero, la clasificación no es más que un dato al que agarrarse para etiquetar a los favoritos. Pero si por algo se ha ganado un prestigio esta competición es por tumbar una retahíla de pronósticos y mandar a la lona a los aristócratas. El sorteo permite que muchos años después, uno de los protagonistas de la final no sea Madrid, Barcelona o Baskonia.


Termino con una petición: cuidemos el baloncesto.





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Artículo publicado por Roberto Tamayo (Baloncesto sin red)

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