Los play-offs van quemando días y la principal preocupación de la NBA es... la
injured list. Pocos años las lesiones no han dejado tan huérfanos como la presente edición, directos al
repeat de Miami sin milagro aparente que pueda evitarlo. Si un lado del cuadro está claro, el otro aparece mucho más abierto como consecuencia de la lesión de
Russell Westbrook, abriendo la puerta a las alternativas y reclamando un hecho histórico: vecino pobre, dé usted un paso al frente. Ha llegado la hora que los Clippers sueñen con una final.
Donald Sterling compró los Clippers, entonces en San Diego, por 12,5 millones de dólares. Era 1981 y de las primeras cosas que hizo fue llevárselos a Los Angeles, a la sombra de los Lakers. Ni le intimidaba, ni le daba rabia... ni le importaba lo más mínimo. Su gestión siempre ha sido un ejemplo desde el punto de vista financiero y un desastre en lo deportivo. Una rutina enfermiza de conseguir jugadores jóvenes y cuando explotan, dejar que se fueran a firmar un contrato millonario en otro sitio y dar paso a los siguientes. Así no ganaba partidos, pero siempre estaba entre los propietarios que ganaban dinero.
Así se explica que tardara una década en ver un partido de play-off. Con
Danny Manning y
Ron Harper de referentes, 3-2, poniendo las cosas difíciles a los Jazz de
Karl Malone y
John Stockton. En la temporada, siguiente, y con el ahora técnico de los Warriors
Mark Action Jackson de fichaje estrella, 3-2 contra los Rockets. Cuatro años más tarde, sería un contundente 3-0 de nuevo ante Utah. A partir de aquí, y a pesar de llegar a ser el equipo de moda y una de las camisetas más vendidas de la NBA con el grupo de jóvenes formado por
Lamar Odom,
Darius Miles,
Quentin Richardson,
Michael Olowokandi y compañía, otros diez años de mediocridad. Con
Elton Brand y
Corey Maggette de líderes, los Clipps vivieron una experiencia nueva: superar una ronda. 4-1 a Denver en la 2005-2006 para caer 4-2 ante los Suns de
Steve Nash y
Mike D'Antoni (evitad risas, que no eran como ahora).
Una y otra vez la misma canción. Elecciones de draft a los que se ignora cuando hay que subirles el sueldo y hacer un equipo competitivo. Hasta hace poco. No queda claro qué generó el cambio de chip. Unos dicen que la edad. Nacido en 1933,
Donald Tokowitz (lo de
Sterling fue posterior) tenía ganas de disfrutar de su franquicia, de ver a la gente orgullosa de su equipo, dejar de ser el vecino pobre, el de los chistes, el que tiene a Billly Cristal de famoso fan... porque casi no hay más. Otros dicen que fueron las acusaciones de racismo con una de sus propiedades las que le llevaron a pensar que un equipo exitoso sería un buen lavado de imagen. O la versión alternativa que viendo alguno de sus herederos (su hijo Scott de 32 años fue hallado muerto de sobredosis en fin de año confirmado las sospechas) decidió que gastar unos cuantos de los muchos millones que le había reportado su imperio immobiliario en caprichos como los Clippers era una opción recomendable.
Por lo que sea,
Sterling ha sacado el talonario. Supera el límite salarial, aunque con mano experta para no meterse en impuesto de lujo, que la generosidad tiene sus límites. Renovó a
DeAndre Jordan (43 millones/4 años) y
Blake Griffin (95 millones/5 años), se hizo con una estrella como
Chris Paul y ha hecho una de las plantillas más completas de la NBA, seguramente la más profunda con permiso de los Spurs. La temporada pasada sirvió para volver a play-off, superar ronda por segunda vez en LA (4-3 a Memphis) antes de verse atropellados por San Antonio (4-0). Por eso mejoraron la plantilla con
Crawford,
Odom,
Barnes,
Turiaf,
Willie Green,
Grant Hill y
Hollins.
La plantilla da envidia a muchos entrenadores, que ya quisieran la profundidad de banquillo de
Del Negro. Y ha llegado su hora. Oportunidad histórica. Con su vecino rico ya en casa después de una temporada terrorífica por falta de química y exceso de lesiones. Con el gran favorito perdiendo a su número dos (
Westbrook). Con las dos revelaciones perdiendo piezas clave (
David Lee y
Danilo Gallinari). Con unos Spurs más sabios, pero con las piernas menos ágiles. Lo primero es eliminar a Memphis, pero no hay duda que están ante una oportunidad histórica de pisar una final por primera vez en su historia. Ni que sea la de conferencia. Las lesiones les han despejado el camino y es una ocasión única porque el verano puede ser cruel si se va
Chris Paul y con 12 jugadores terminando contrato. ¿Volverá el viejo y avaro
Sterling? Quizá una final pueda convencerle que gastar dinero (él que lo tiene) es divertido. Y repita. Y el vecino pobre deje de ser el pobre. Pero entonces los Clippers dejarían de ser los Clippers. ¿O no?