Martes, 5 de julio de 2022
La Opinión


27.01.22 | Iván Fernández (7655 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Las Historias de Sunara: 50 años de la primera gran Jugoplastika


 

Estamos en 2022, y por lo tanto algunos de los discos más importantes de la historia van a cumplir medio siglo. El "Exile on Main street" de los Stones, el "Ziggy Stardust" de Bowie, el "Emergency" de Aretha o el "Live in Europe" de Rory… solo por citar alguno de mis preferidos. Si de cine hablamos, estaríamos en el año de "El padrino", de "El rey loco" de Visconti, "La huella" o "Solaris". Vamos, un año sin desperdicio. Pero ¿y en basket?. Si hablamos del deporte de la canasta lo primero que se nos va a venir a la cabeza, y sin duda lo más representativo, será la canasta de Belov en la final de Múnich. Pero hubo mucha más historia ese año…

Munich sería, precisamente, la ciudad donde 17 años más tarde la Jugoplastika de Split sumaría la primera de sus tres Copas de Europa consecutivas. Una Jugoplastika que en aquel 1972 estuvo muy cerca de lograr la primera, cayendo solo en la final tras superar una temporada de lo más accidentado… e incluso una epidemia

Considerada por muchos como un período de más nivel incluso que la de los 80, la década de los 70 en la liga yugoslava estuvo presidida por una igualdad tremenda. Basta echar un ojo al palmarés de aquellos años para comprobar la cantidad de equipos que pelearon por Liga y Copa y el increíble reparto de títulos. Ese nivel no solo se circunscribió a las fronteras yugoslavas. El Bosna Sarajevo fue campeón de Europa en 1979, la Jugoplastika perdió por un punto (y con polémica seria) la final de 1972 y a semifinales de "la Copa gorda" llegaron el Estrella Roja en 1973 ,el Radnicki en 1974, el Zadar en 1975 y, en la liguilla de 1978, el propio equipo de Split se quedaba a un solo triunfo de la final. Fuera de la Copa de Europa, el Estrella Roja alzaba el título de la Recopa en 1974 en un decenio que también contemplaba los subcampeonatos del propio Crvena (1972 y 75), Jugoplastika (1973) y Radnicki (1977). Unos éxitos que tuvieron su continuidad en la Copa Korac, torneo que se inaugura en la 1971/72 con la Lokomotiva de Zagreb venciendo en la final al OKK Belgrado y que, solo en sus primeros años, vería los títulos de Jugoplastika (1976 y 77) y Partizan (1978 y 79) o los subcampeonatos de Partizan (1974) o Bosna (1978). Y todo eso sin contar con innumerables presencias en semifinales, incluyendo la del Rabotnicki en la Recopa de 1976.

Pues bien; en medio de ese ecosistema tan salvaje (6 campeones distintos de liga entre 1970 y 78), ningún equipo fue tan regular a nivel doméstico como la Jugoplastika. Campeones ligueros en 1971 y 77, subcampeones en 1972, 75, 76, 79 y 80, y terceros en 1970 y 78… todo ello aderezado con tres títulos de Copa y tres subcampeonatos. A ese gran nivel local la Jugoplastika sumó un muy buen papel europeo, siendo campeón de la Korac en 1976 y 77, subcampeón de la Recopa en 1973 y, claro está, subcampeón de Europa en 1972 ante el Varese.

De aquella final se ha escrito mucho, en especial de su polémico desenlace, e incluso alguna de sus secuelas como la polémica entre Skansi y Nikolic tendría coletazos hasta la final de 1993. Lo que quizás no se ha tratado tanto fue el tortuoso camino para alcanzar esa final en lo que era el debut en la competición del cuadro amarillo.

La Jugoplastika había llegado a esa Copa de Europa de 1972 tras sumar un año antes el que era su primer título liguero, confirmando su asalto definitivo a la élite tras varias temporadas rondando el éxito, siendo quizás la derrota en la final de Copa de 1970 el peaje más doloroso al caer en la propia Split ante el Zadar. Con un histórico en el banquillo como Branko Radovic, en la pista destacaban los hermanos Trvdic, Krstulovic, Macura y, sobre todo, Petar Skansi y Damir Solman. Un equipo de alto poder ofensivo, una rotación más larga de lo usual en la época y que cedía tan solo tres partidos en toda la temporada (Borac, Lokomotiva y Estrella Roja).

Con esa premisa, la Jugoplastika arrancaba la 1971/72 dispuesta a darse a conocer también en Europa en la que era su primera participación en cualquier competición continental. Con 23 participantes, la competición arrancaba con una eliminatoria a doble partido y el Al-Gezira de El Cairo como primer rival de los de Split.

Fundada como Federación europea y del mediterráneo, en esos años todavía era usual que equipos no europeos, si a criterios geográficos nos referimos, participaran en la competición. Así durante varias temporadas, equipos de Túnez, Líbano o Marruecos fueron de la partida. En el caso de Egipto, su presencia había llegado incluso a altas cotas con la selección siendo bronce en el EuroBasket 1947 y oro en la edición siguiente celebrada en El Cairo con aquella histórica selección dirigida por "Nello" Paratore.

El enfrentamiento ante Al-Gezira era recibido en Split con sensaciones encontradas, ya que si bien por una parte a nivel deportivo no parecía una gran amenaza, por la otra el viaje no era el más cómodo posible. Diplomáticamente, en cambio, el cruce llegaba con los parabienes del gobierno yugoslavo, que junto al equipo montaba una expedición diplomática buscando afianzar unos lazos entre ambos países algo enfriados tras la muerte de Nasser dos años antes.

En lo deportivo, la eliminatoria acabaría por no tener mayor historia. En la ida, y tras una primera parte relativamente igualada gracias al acierto anotador de Helal, la Jugoplastika daba el tirón en el segundo acto para, con 35 puntos de Solman, imponerse por un claro 66-84. Una historia que habría de repetirse en la vuelta, con el cuadro egipcio aguantando el tipo 20 minutos para acabar cayendo de manera clara por un esclarecedor 112-70.

La segunda ronda iba a traer una mayor cercanía geográfica, un punto más de resistencia deportiva y un contexto geopolítico bastante distinto. El rival, el SK 17 Nëndori de Tirana, ausente de la primera eliminatoria por la retirada de la misma del Jeunesse de Aleppo. Histórico absoluto del basket albanés, el 17 se había proclamado en 1946 campeón de la primera edición de la Liga de su país y se había clasificado para la Copa de Europa tras lograr en 1971 su noveno título en lo que habría de ser un paréntesis en la dinastía del Partizan de Tirana, campeón en todas las ediciones, salvo esa, entre 1968 y 1989.

En lo político Yugoslavia y Albania vivían años de relativo deshielo pero aún con muchas suspicacias pendientes. A modo de contexto, cabe recordar quizás la figura de Koçi Xoxe. Natural de Korçë (como Ermal Kuqo, que con los años sería jugador del cuadro de Split), Xoxe fue partisano en Albania (unos partisanos cuya organización y encuadramiento había corrido a cargo de sus camaradas yugoslavos), líder del Partido del Trabajo y mano derecha durante muchos años de Hoxha, con el que sería ministro de defensa. Partidario de la cooperación entre Tirana y Belgrado, llegó a proponer en privado la anexión albanesa a la Federación yugoslava, lo que según su criterio ayudaría a la economía y aliviaría las tensiones con la población de origen albanés en Kosovo. El proyecto llegó al punto de que ambos países sincronizaron sus planes quinquenales. Sin embargo, tras la ruptura definitiva de Stalin con Tito, la suerte de Xoxe quedaría echada y en apenas unos meses sería degradado de todos sus cargos, acusado de traición y finalmente ejecutado, dando lugar a una semi-ruptura de relaciones entre ambos países que con el tiempo había ido tendiendo a reconducirse.

En lo deportivo, la gran amenaza para los de Split era Vaso Shaka. De familia de deportistas y proveniente del patinaje artístico, Shaka pasaba por ser la gran estrella del basket albanés, había sido capaz de alcanzar en hasta dos ocasiones los 100 puntos en un partido y era bien conocido por parte de los yugoslavos. Jugadores como Rato Tvrdic o Skansi habían formado parte de la selección que, dirigida por Zeravica, había sumado el oro en los Juegos de los Balcanes de la propia Tirana seis años antes. Un oro que pasó por la ajustada victoria ante los locales (64-60) en un torneo en el que el propio Shaka había sido el máximo anotador.

Con ello en mente, Branko Radovic apostaba por un planteamiento arriesgado de esos que podríamos llamar "que meta lo que quiera si los demás no funcionan"… pero que acabó por funcionar. Shaka se iba a los 35 tantos, pero la Jugoplastika (con 20 puntos por cabeza precisamente de Rato y Skansi) se llevaba el duelo por 77-90. La vuelta, de nuevo con el albanés como mejor realizador del encuentro, tenía aún menos emoción y los de Split arrollaban con un claro 85-58 que les abría las puertas de la liguilla de cuartos de final.

La liguilla, con dos grupos de cuatro equipos, se disputaba en formato de mini eliminatorias, de tal forma que la ida y vuelta ante un rival sumaba una victoria para el ganador. Los dos primeros de cada grupo pasaban a las semifinales, cruzándose primero contra segundo. En esa tesitura, y ya en enero de 1972, la Jugoplastika abría su participación en la liguilla en Praga ante un Slavia que venía de repartirse en los años sesenta la hegemonía local con el Spartak de Brno. Ese primer partido habría de estar marcado por las continuas alternativas en el marcador hasta acabar cayendo del lado checoslovaco por 78-75 gracias en buena parte a la labor de un Jiri Zidek que se iba hasta los 27 tantos. Una semana después, el Dvorana na Gripama de Split recibía el partido de vuelta con la necesidad de los locales de remontar esos tres puntos si querían sumar su primera victoria… que acabaría por ser menos sufrida de lo esperado. Y es que pese a que Zidek volvía a dominar -31 puntos en esta ocasión- el conjunto yugoslavo conseguía imponer su ritmo para, con 33 tantos de Solman, imponerse por 94-81 poniendo así el 1-0 en su casillero y encarrilando su pase a las semifinales.

Tras superar al Slavia, el siguiente duelo llegaba ante el Panathinaikos. Fundado en 1922 como parte de la estructura del PAO, entidad polideportiva fundada a su vez ocho años antes como una escisión del Panellinios (la primera significa "para los atenienses", por el más genérico "para los helenos" de la segunda, aunque el motivo del cisma vino por la negativa de estos últimos a desarrollar una sección futbolística). El Panathinaikos había logrado su primer gran éxito con la consecución del título liguero de 1946, que revalidaba al año siguiente. Ganador de otros 7 títulos en las dos décadas siguientes, es sin embargo en la década de los 70 cuando el Panathinaikos se erige en el gran dominador de la competición helena, de tal manera que entre 1971 y 1984 los verdes se llevan 11 títulos ligueros.

Pese a esa fortaleza doméstica, el Panathinaikos distaba aún de ser una potencia europea y había arrancado la liguilla perdiendo sus dos partidos ante el Fruit Lier belga, enfriando el entusiasmo que había generado al clasificarse para la misma dejando en la cuenta al Maccabi en la previa. Lejos de confiarse ante esa tesitura, la Jugoplastika salía a por todas en el duelo de Split y con un Solman de nuevo por encima de los 30 puntos se imponía por 87-63 tras una notable segunda parte. En Atenas, en "la vuelta", el partido tenía un signo de corte distinto con Kefalos y Kontos sumando con facilidad ante una Jugoplastika más espesa. El partido caía finalmente del lado del PAO por 94-83… pero el punto clasificatorio era para el conjunto yugoslavo, que ya sólo tenía que superar al representante belga para colarse en las semifinales. Algo que los de Split lograban repitiendo la dinámica de su enfrentamiento ante el conjunto griego: victoria clara en Split y derrota asumible en Amberes. Tres victorias y tres derrotas, convertidas en un 3-0 por el sistema de aquella temporada, y con ello el pase a las semifinales como cabeza de serie, mientras la segunda plaza quedaba para un Panathinaikos que daba la sorpresa ante el Slavia y que, posteriormente, llegaría a rozar la gesta ante el Varese. El rival en semifinales, el Real Madrid…

 

Un Madrid favorito por trayectoria reciente, pero que llegaba con dudas tras una liguilla en la que había quedado por detrás del Varese e incluso había coqueteado con el desastre al caer en casa ante los holandeses del Flamingo´s, donde ya empezaba a mostrar sus credenciales el gran Kes Akerboom, o en Viena ante el Radio Koch. Pese a esas dudas, el equipo español se llevaba el primer encuentro por 89-81 en un partido marcado por la polémica ya desde horas antes de su disputa por un cambio de designación arbitral muy protestado por el cuadro de Split. Las posteriores eliminaciones de Peterka y Prug y la diferencia de tiros libres (lanzando los locales el doble) llenaban de indignación a los amarillos, que elevaban juna queja formal tras la derrota, mientras que jugadores comon Trvdic hablaban de robo abiertamente….Una polemica que habría de tener la cara B en la vuelta.

Con un ambiente infernal en el Gripama, la Jugoplastika llegaba al descanso con la eliminatoria remontada (41-28), pero en la segunda vuelta el Madrid se aferraba al partido entrando la eliminatoria en un cara y cruz. Desequilibrio de faltas (esta vez favorable a los de Split), problemas con el crono, e incluso un amago de pelea, acababan por tejer otro desenlace polémico… favorable a una Jugoplastika que se imponía por 80-69 y que certificaba así el pase a la final en el año de su debut. Una final para la que aún habría de superar dos escollos. El primero, geopolítico; el segundo, bastante más serio e imprevisto…

Con la sede de la final asignada a Tel Aviv, donde se iba a estrenar la remodelación de La Mano de Elías, que entre otras cosas incluía su techado, la falta de relaciones diplomáticas entre Yugoslavia e Israel amenazaba con complicar toda la logística del viaje. Con todo, la intermediación de la FIBA pronto canalizó los obstáculos desatascando los problemas y garantizando la normalidad de la final. Cinco años más tarde, sería el propio Tito quien permitiría la llegada de aviones de aficionados israelíes a Belgrado para presenciar la final de 1977, donde el Maccabi sumaría su primer título. La imagen de los seguidores macabeos bañándose en el Danubio tras el triunfo pronto pasaría a ser icónica.

 

Con el tema diplomático solucionado, a la Jugoplastika aún le quedaba otro sobresalto para alcanzar la final. La noche del 9 de marzo la alcanzaba en lo deportivo con su remontada ante el Madrid. Unas horas después, en Belgrado, fallecía Latif Mumdzic. La causa, la viruela.

Para entender la historia de Mumdzic es necesario rebobinar unos meses más. Invierno de 1971. El kosovar Ibrahim Hoti peregrina a La Meca y a la vuelta visita Irak. Unas semanas más tarde, Latif Mumdzic comienza a sentirse mal. Vómitos, diarrea, fiebre disparada e incapacidad para encontrar un diagnóstico. Es trasladado a Cacak y de allí a Belgrado, donde fallece el citado 10 de marzo, curiosamente el día de su cumpleaños. A falta de una explicación mejor, la causa del deceso es atribuida a una reacción alérgica a la penicilina.

En paralelo empiezan a llegar noticias de síntomas similares en distintas partes del país. La prensa italiana llega a hablar del "Yugovirus" y el gobierno, a medio camino entre la falta de información, el recelo a las tensiones territoriales por partir del brote de Kosovo y la necesidad de preservar la campaña primaveral del turismo, calla. Con todo, la situación se va tornando más preocupante, aunque entra en liza de nuevo la geopolítica yugoslava. En su condición de cabeza visible del Movimiento de Países no alineados, algunos médicos yugoslavos habían estado trabajando en un brote de viruela en la India. Erradicada de Europa a principios de los años 30, nadie había parecido reparar en ella pese a la similitud de síntomas.

Dada la voz de alarma, se reconstruyen las relaciones de Mumdzic. Había estado en contacto con Hoti en el mercado donde trabajaba. Esto permite circunscribir los dos primeros brotes en Yugoslavia: la provincia de Kosovo y la región de Sangiaccato, en el sur de Serbia. Tras la indecisión inicial, el gobierno reacciona con firmeza. Trae a varios responsables de la OMS concediéndoles un status especial y se diseña un plan especial que comienza declarando la ley marcial. A la cuarentena de los hospitales afectados se une una campaña de vacunación masiva y obligatoria. Se prohíbe salir del país, se cancelan los eventos multitudinarios y se restringen en lo posible los movimientos. Con 800 puntos de vacunación por el país, en apenas diez días Yugoslavia vacuna a más de dos millones de personas y comienza a controlar la situación…hasta su final ya en los últimos días de abril.

Entre medias, la situación de la Jugoplastika queda en un segundo plano. Vacunados en la segunda semana, el gobierno les da vía libre para viajar a Tel Aviv, pero mientras tanto ven cómo los partidos ligueros a disputarse en las semanas previas se suspenden (a su vuelta la liga yugoslava exigiría la presentación del certificado de vacunación para acudir a los partidos), lo que hace que los de Split lleguen a la final con menos ritmo del esperado.

En aquella final ante el Varese, el cuadro yugoslavo fue a remolque durante buena parte del partido pero en un gran tramo final llegaron a meterse en el partido… tanto que el propio Solman, uno de los grandes anotadores de siempre, llegó a tener un tiro para ganar el partido. Un tiro cómodo para él pero que erraba… no sin protestas, pues todo el cuadro amarillo reclamó una falta de Ossola. Días después terminaba la liga yugoslava con empate a victorias entre la propia Jugoplastika y el Estrella Roja. Como era costumbre en la época, para dilucidarlo se disputaba un partido que caía del lado de los de Belgrado por 75-70. En apenas unos días la Jugoplastika perdía dos títulos y sendas oportunidades de participar en la Copa de Europa. El tiro de Solman, como después el de Thompson, Ansley y tantos otros, pasaba así a la mitología de las oportunidades perdidas.

 

Claro que, en algunas ocasiones, el destino es caprichoso y da la oportunidad de resarcirse a quien lo merece. Un lustro después de aquella final la Jugoplastika se hacía con la Korac de 1977, ya con Skansi como entrenador, tras una exhibición tremenda de Jerkov y un muy buen partido del propio Solman… aunque a éste aún le quedaba otro gran momento de gloria.

Como en aquel 1972, la liga regular volvía a finalizar con empate en la cabeza, esta vez entre la propia Jugoplastika y el Bosna Sarajevo de Tanjevic, Delibasic, Radovanovic, Varajic o Svetislav Pesic. De nuevo un partido de desempate dirimía el campeón liguero, lo que a su vez suponía el paso a la Copa de Europa. Así, el 20 de abril de 1977 Jugoplastika y Bosna protagonizaban un toma y daca tremebundo, tanto que a un segundo del final el marcador reflejaba un empate a 96. En ese momento, Solman, cómo no, se levantaba y anotaba una canasta inolvidable que cerraba una herida y aplazaba un año la llegada del Bosna a la Copa de Europa. Un lanzamiento con Varajic punteando y Delibasic a la espera, con menos tiempo en el reloj y una ejecución mucho más complicada. Pero esta vez entró…

La canasta de Solman puede verse en el segundo 25 de este vídeo:

 





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