Jueves, 21 de octubre de 2021
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16.09.21 | Iván Fernández (3122 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Las Historias de Sunara: Dusan Ivkovic, in memoriam


Ha fallecido Dusan Ivkovic, sin duda alguna una de las figuras más importantes de la historia del baloncesto europeo y poseedor de una carrera a la altura de unos pocos elegidos. Una carrera trufada de grandes triunfos, pero también con grandes papeles en lugares menos llamativos como aquella maravillosa Vojvodina de finales de los años 80. Vayan unas líneas para recordar, mínimamente, parte de su legado.

Aunque por lo general se ha situado el epicentro del baloncesto de Belgrado (y por extensión en su día poco menos que el de Yugoslavia) en el centro de la ciudad, no toda su historia puede circunscribirse a esas coordenadas. Alrededor de Kalemegdan, dentro de la muralla, la vida giraba en torno a Partizan o Estrella Roja, mientras que fuera de la misma el OKK Beograd disfrutaba de su propio espacio. Sin embargo, un cuarto foco acabaría por ocupar por derecho propio un sitio en la historia.

Situado al este de la ciudad, Crvena Krst encarnaba en los años 60 la perfecta simbiosis de barrio a medio camino entre lo obrero y lo bohemio. En ese contexto particular tenía cobijo el entonces cuarto grande de Belgrado: el KK Radnicki. Entorno propio por la "lejanía" del centro, cuna de árbitros y pionero en la celebración de torneos de 3X3 o minibasket aprovechando sus canchas al aire libre de tierra batida, Crvena Krst y el Radnicki pronto se significarían por otro aspecto más: ser la cuna de toda una escuela de entrenadores. Con Ranko Zeravica como ejemplo más redondo, del entorno del Radnicki surgen nombres como los de Milan Vaojsevic, Bora Cenic o Dragoljub Pljakic… amén de otras cuatro figuras capitales. Ayudante en distintas etapas del propio Zeravica, Crvena Krst es el punto de partida a su vez de las carreras de Dusan Ivkovic y Bozidar Maljkovic, y antes que ellos, otros dos nombres surgen como ejemplo rotunda de la importancia de aquel peculiar ecosistema: Slobodan "Piva" Ivkovic (hermano de Dusan) y Bratislav "Bata" Djordjevic (padre de Sasa).

Jugador de innegable talento en el Radnicki de los años 60, una lesión ocular precipita la prematura retirada de "Piva" Ivkovic saltando sin solución de continuidad a los banquillos. Intuitivo, con fama de innovador y fiel a las ideas de Zeravica, pronto comienza a labrarse una más que interesante carrera. Tras ser uno de los pioneros en los viajes a USA, donde entabla una relación de amistad con John Wooden, "Piva" Ivkovic se hace cargo del primer equipo del Radnicki dirigiéndolo durante más de una década. Sin grandes estrellas más allá del tercer Ivkovic (Dragan, en este caso sin parentesco) o de Srecko Jaric (padre de Marko), "Piva" lleva al Radnicki al título liguero de la temporada 1972/73 y a las semifinales de Copa de Europa del año siguiente. Bajo su dirección, el club suma, a su vez, la Copa de 1976 en lo que supone su despedida oficial de un Radnicki que en el curso siguiente cae en la final de la Recopa por tan solo un punto ante el Cantù ya dirigido por el antes citado Milan Vaojsevic. Al margen de su etapa a nivel de clubes, donde también sería entrenador entre otros del MZT Skopje o el OKK Belgrado, "Piva" Ivkovic sucede a Ranko Zeravica como entrenador de la selección junior en los Juegos de los Balcanes y en el Europeo de Vigo 1968, donde se alza con la plata en una selección en la que destacan Slavnic, Simonovic o Vinko Jelovac. A su vez, en la década siguiente Ivkovic dirige en diversas ocasiones a la selección "B", y con los años acabará por ser uno de los creadores de la Asociación Nacional de Entrenadores Yugoslavos y su primer presidente.

Con ese espejo comienza a crecer Dusan Ivkovic, jugador durante casi una década pero que pronto se empieza a decantar por los banquillos. Licenciado en Geología, tras unos primeros pasos en las categorías inferiores del propio Radnicki a la vuelta del servicio militar se hace cargo del equipo juvenil, al que lleva al título nacional en 1974. Discípulo claro en esos momentos de la filosofía de Zeravica, su gusto por los espacios, la transición y la libertad llaman pronto la atención de una Federación que unos años más tarde le enviaría junto a Boza Maljkovic becado a Estados Unidos, como antes había estado su hermano, y que ya en 1976 le recluta como asistente de Luka Stancic para el Europeo junior de Santiago, donde Yugoslavia se cuelga el oro, arrancando una etapa de casi cuatro años como asistente en distintas categorías.

Paralelamente, Ivkovic pasa a ser el ayudante principal de Zeravica en el Partizan, siendo parte del histórico equipo de 1978 que se lleva la Korac ante el Bosna, en la que probablemente sea una de las mejores finales europeas de la historia. Ese verano Zeravica decide dar un paso atrás y recomienda al club que Dusan se haga cargo, algo que, no sin dudas iniciales, terminan aceptando. En esa temporada 1978/79 se acaba por disipar cualquier duda, ya que Ivkovic conduce al Partizan a un espectacular triplete, gracias al doblete nacional y a la Copa Korac conseguida tras derrotar al Rieti de los Brunamonti, Zampolini o Meely por 108-98 en un encuentro donde Kicanovic se iba hasta los 41 puntos. Desde la capital yugoslava, Ivkovic pasaría a vivir su primera experiencia foránea en el Aris de Salónica, permaneciendo en la ciudad "macedonia" durante dos temporadas. No llegan los títulos, pero el técnico yugoslavo empieza a sentar las bases de un equipo que va a más.

Paralelamente, sus pasos en la Federación siguen encaminados a hacer algo grande y en 1980 es elegido como entrenador de la selección que ha de disputar los Juegos de los Balcanes en Cluj. Teniendo en cuenta que la Federación yugoslava otorgaba a esos encuentros consideración de partidos oficiales A (la selección que disputaba los Juegos Mediterráneos, por ejemplo, se consideraba B), en cierta forma puede decirse que ese torneo, y el 117-104 inicial ante los anfitriones, es el debut como seleccionador de un Ivkovic que se cuelga el oro. Con todo, no era inhabitual que en aquellas balcaniadas el seleccionador fuera otro distinto al de los grandes torneos. Pero pronto llegaría otro debut...

Cerrada la etapa en Salónica, Ivkovic vuelve a un Radnicki preso de los problemas económicos y estructurales que le condenan casi al ostracismo, pero emprende, igualmente, una etapa lejos de la élite pero de una riqueza competitiva, táctica y estética sin nada que envidiar a otras más mediáticas. En ese periodo hace debutar en el primer equipo a Ivica Mavrenski, sin duda uno de mis "malditos" favoritos, al que acaba por llevarse con él a la Vojvodina. Allí el base, fiel a Ivkovic, rechaza la oferta de una Jugoplastika que opta finalmente por Pavicevic. Es muy probable que, de haber ido a Split, la leyenda de Mavrenski sería otra muy diferente... pero en Novi Sad base y entrenador acaban por dibujar unos años maravillosos que llevan a la Vojvodina a la élite de la liga e incluso a disputar competiciones europeas. Lejos de los focos y de los grandes éxitos, un servidor considera esa etapa como uno de los grandes logros en la inabarcable carrera de Ivkovic.

Alejado de la élite a nivel de club, en la Federación el papel de Ivkovic sigue creciendo, siendo el seleccionador en la Universiada de Edmonton o en los Juegos de los Balcanes de 1984, donde pese a los resultados adversos comienza a trabar una excelente relación con un Drazen Petrovic que durante esos años vive en una dicotomía entre sus éxitos a nivel de club y sus continuos "fracasos" con la selección. En la cita canadiense, eso sí, se despide logrando la plata tras caer en la final ante los anfitriones liderados por Jay Triano. Pese a su condición de segunda selección, aquel grupo contaba con jugadores de la talla de Drazen Petrovic, Ivan Sunara (máximos anotadores de los plavi), Goran Grbovic, Danko Cvjeticanin, Velimir Perasovic, Emir Mutapcic o Rajko Zizic.

Incluso, al margen de los torneos citados, Ivkovic vuelve a ser formalmente seleccionador absoluto durante unos meses. Terminada la etapa de Djerdja tras el EuroBasket de 1983 y a la espera de la vuelta de Novosel de cara a los Juegos de Los Ángeles, Ivkovic se hace cargo de la selección para disputar una gira que les lleva a Sao Paulo y Kansas City. Así, y Juegos de los Balcanes aparte, en la ciudad brasileña Ivkovic tiene su debut como seleccionador imponiéndose a Argentina por 91-71. En 1985 Kreso Cosic se hace cargo de la selección y debuta en la Universiada de Kobe con Maljkovic como asistente, pero a la vuelta Boza deja el cargo e Ivkovic pasa a ser el primer asistente del genio de Zadar… hasta la hora de su sustitución.

Pero volvamos a su etapa a nivel de clubes. En la 1991/92 Dusan vuelve a Salónica, aunque esta vez al gran rival de su anterior escuadra: el PAOK. A las primeras de cambio, con Prelevic de estilete Ivkovic logra el título liguero tras vencer por 3-1 al Olympiacos de Paspalj, además de quedarse a las puertas de conseguir la Recopa tras caer en la final ante el Real Madrid por culpa del recordado robo de Ricky Brown. El éxito es rotundo, y es que contra lo que se pueda pensar el club blanquinegro distaba de ser una potencia histórica del basket heleno…

Fundado en 1926, el PAOK de Salónica creó su sección de baloncesto en 1928, formando parte de los inicios baloncestísticos de la competición griega. Convertido en un clásico europeo a partir de los años 80, el PAOK no presenta, sin embargo, un currículo nacional excesivamente grande ya que en sus vitrinas "sólo" se acumulan dos títulos ligueros (1959 y 1992) y 3 de Copa (1984, 95 y 99). El primer título liguero data de 1959, y fue conseguido tras derrotar en el partido decisivo a su sempiterno enemigo, el Aris de Salónica, por 66-58 con 25 puntos de Ikonomou y 18 de Theothoritis. Como curiosidad, hay que decir que el título se decidió por el formato triangular y que para evitar problemas la organización contrató a dos árbitros yugoslavos (Vukovic y Pastor). En cuanto al único precedente de éxito copero antes de la llegada de Ivkovic, habría que remontarse a 1984, cuando el PAOK, finalista ya un año antes, derrotaba en la final al Aris por 74-70 con 27 puntos de Stavropoulos.

Eso sí, un año antes de la llegada del técnico serbio el PAOK había logrado tocar el cielo en la Recopa de Europa. Tras caer el año anterior en las semifinales de la propia Recopa ante el Knorr de Bolonia, el PAOK alcanzaba la final de 1991 tras deshacerse del Dinamo Moscú en las semifinales. Su rival era un CAI Zaragoza con el que ya había compartido grupo en la liguilla previa, donde pese a vencer en Salónica por un espectacular 112-102, el PAOK no pasaba del segundo puesto ya que caía en su visita a a Zaragoza e Israel. La final sería de muy distinto signo, y tras un partido de clara iniciativa maña (65-57 a falta de ocho minutos) los acontecimientos extradeportivos que habían marcado toda la final -que llegó a estar parada por el penoso comportamiento de la afición helena- ésta derivó en un cambio de rumbo en el que los 31 puntos de Prelevic acabaron por ser decisivos.

Un año después Ivkovic guía al PAOK a la primera Final Four de su historia, peleando hasta el último instante su pase a la final antes de caer por un ajustado 79-77 ante la Benetton de un Toni Kukoc que coqueteaba con el triple doble (15 puntos, 10 asistencias y 8 rebotes). Mediada la temporada 1993/94, Ivkovic abandona el club por discrepancias con sus dirigentes pasando a enrolarse durante dos temporadas en el Panionios, que le sirve de plataforma para aterrizar en el Olympiacos. Al igual que en Salónica, a las primeras de cambio Ivkovic cambia la historia del club llevándole hasta el título de la Euroliga y a un doblete nacional que tardaría una eternidad en repetirse.

Tras dos años más en el club rojo, donde lo más destacado es la clasificación para la Final Four de 1999, Ivkovic ficha por el AEK de Atenas cumpliendo un nuevo ciclo de dos años saldados con sendas Copas griegas y el meritorio triunfo en la Copa Saporta de 2000 ante la Kinder de Bolonia, vengando así la derrota de la final de la Euroliga de 1998. Tras un año sabático, el técnico serbio se mueve a Moscú para dirigir a un CSKA que pese a contar con una pareja tan solvente como Giricek-Türkcan viene de quedarse fuera de la final liguera. En el CSKA, Ivkovic implanta una nueva forma de trabajar que devuelve al club moscovita la hegemonía local y que le lleva a disputar tres Final Four consecutivas. Tras caer en las semifinales de 2003 y 2004 ante los anfitriones (Barcelona y Maccabi), en 2005, y tras firmar una temporada casi impoluta, la derrota como local ante el TAU acaba por poner fin a la aventura en el CSKA. Sin moverse de Moscú, Ivkovic logra un nuevo título europeo al lograr la Copa ULEB con un Dinamo al que al año siguiente guía hasta los cuartos de final de Euroliga. Finalmente, después de unos años apartado del ámbito de los clubes, en 2011 Ivkovic volvía a un Olympiacos nostálgico de su anterior etapa, logrando la Copa griega con Teodosic como MVP, pero quedándose a las puertas de la Final Four. Una Final Four que asaltaría al año siguiente con la recordada canasta de Printezis en lo que supone la segunda Euroliga tanto para el entrenador como para el club. Su última etapa a nivel de clubes sería en un Efes con el que conseguiría un título de Copa.

Si bien una carrera a nivel de clubes a ese nivel ya sería muestra más que suficiente para dejar un legado eterno, a nadie se le escapa que la figura de Dusan Ivkovic siempre irá ligada a la de una de las mejores selecciones de la historia. Pero volvamos atrás…

Asistente de Cosic en el Mundial de España, en 1987 Ivkovic, lleva al oro a la selección en la Universiada. En Zagreb y con un equipo espectacular (los hermanos Petrovic, Vrankovic, Divac, Cutura, Radulovic, Cvjeticanin, Grbovic…) Yugoslavia logra el oro sin conocer la derrota en los ocho partidos disputados. En Atenas la absoluta no pasa del bronce y los peculiares métodos de Cosic no convencen a una Federación que ha de optar entre Svetislav Pesic o el propio Ivkovic. La intrahistoria de la elección es bien conocida y acaba por derivar en uno de los periodos más grandes de la historia de los plavi. Ivkovic se hace cargo del equipo nacional, potencia a la selección de Bormio (los chicos de Pesic), pero a la vez deja su sello. Apuesta por Zdovc, trata de convencer a Dusko Ivanovic para que replique su papel en la Jugoplastika y, ante la negativa de éste, se lleva a Zeljko Obradovic, antepone a un Danilovic aún lejos de la élite a Komazec en 1989 por su papel defensivo… Diferentes movimientos que buscan el equilibrio entre tanto talento. Plata en Seúl 1988, oro brillante en Zagreb 1989, campeones del mundo en 1990 girando el estilo tras las bajas de Danilovic y Radja y de nuevo oro en el EuroBasket de 1991. Cuatro años casi perfectos, con un proyecto lanzado hacia los Juegos de 1992 y el Mundial 1994 a disputarse en Belgrado. Y en ellos unas cifras demoledoras…

En el debut logra en Holanda el pase a los Juegos de Seúl, cayendo sólo ante la URSS, y logra en la cita coreana la medalla de plata tras caer de nuevo en la final ante unos soviéticos a los que sí había conseguido derrotar en una primera fase, donde por el contrario no conseguían hacer lo propio con Puerto Rico. Pese a ser los anfitriones del EuroBasket 1989, Yugoslavia debe pasar por el trámite clasificatorio, donde en seis partidos solo conoce una derrota (97-74 ante Bulgaria en un partido extraño), mientras que en las cinco victorias supera los 105 puntos… llegando a 140 ante los propios búlgaros. Una vez en el EuroBasket, exhibición para el recuerdo y oro como invictos… la misma medalla que Ivkovic se cuelga al año siguiente en el Mundial de Argentina, aunque en esta ocasión con una derrota a cuestas (de nuevo ante Puerto Rico en la fase previa).

Pese a ser los vigentes campeones, Yugoslavia debe volver a participar en el Preeuropeo de cara al EuroBasket de Roma 1991, y en esta ocasión ni siquiera concede una derrota simbólica, llegando a endosar a Alemania la friolera de 231 puntos en su doble enfrentamiento. Pese a todo lo que rodea al torneo, nuevo oro y de nuevo como invictos. Tras las sanciones de la ONU, Yugoslavia, con Ivkovic al frente, reaparece oficialmente por última vez en el EuroBasket de Atenas 1995 logrando un nuevo oro sin conocer la derrota ni en la fase de clasificación (aunque Bulgaria les arrancara una prórroga) ni en los 9 partidos del torneo propiamente dicho.

Al margen de los grandes torneos, el balance en los partidos amistosos es igualmente notable, sumando 52 victorias por tan solo 12 derrotas, disputados no solo en los periodos 1987-91 y 95, sino también en el periodo más oscuro...

En 1992 (Las Historias de Sunara: Yugoslavia - Croacia, un "What if" olímpico) antes de la sanción definitiva Ivkovic trabaja con 16 jugadores de cara a la participación en el Preolímpico (Djordjevic, Danilovic, Paspalj, Bodiroga, Rebraca, Dobras, Prelevic, Divac, Jankovic, Savic…) llegando a disputar dos amistosos ante Grecia y Francia con sendos triunfos. Sin poder disputar el torneo olímpico, Yugoslavia no volvería a jugar como tal en unos años… aunque en 1993 y sin nombre en la camiseta disputan dos partidos ante Grecia como homenaje a Boban Jankovic, que la Federación yugoslava considera oficiales saldándose con sendas victorias de un equipo plavi que contaba con lo más granado de su basket, a excepción de Divac y Bodiroga. Por último, y bajo el nombre de Serbian All Stars, Ivkovic dirige a una suerte de selección yugoslava encubierta que logra llevarse el Torneo Acrópolis de 1994 y que contaba con jugadores de la talla de Djordjevic, Obradovic, Loncar, Beric, Sretenovic o Rebraca. En total, 115 victorias en 134 partidos con Yugoslavia...

Al igual que le sucediera en el Pireo, a nivel de selecciones aún habría de tener otra etapa. Una muy distinta, pero igualmente muy meritoria.

La jerga deportiva es rica en tópicos y frases hechas que muchas veces tornan por convertirse en certidumbres. Uno de los más habituales ejemplos es aquel que apela al "peso del escudo o del nombre" para justificar alguna victoria de un equipo grande. Sin entrar en grandes detalles, el baloncesto serbio bien podría dar fe de ello.

Josip Broz, más conocido por Tito, solía referirse, orgulloso por haberla dotado de cierta estabilidad, a Yugoslavia con una célebre sucesión matemática: “siete estados vecinos, seis repúblicas, cinco naciones, cuatro lenguas, tres religiones, dos alfabetos… y un solo país”. Con esta idea en la cabeza, y tras la independencia de Eslovenia, Croacia, Bosnia y Macedonia, las repúblicas de Serbia y Montenegro deciden mantener el nombre oficial de Yugoslavia, con lo que, tras levantar la ONU su sanción, nos encontramos que a finales de 1994 la selección yugoslava reaparece oficialmente. Bajo esta denominación, y pese a estar formada sólo por jugadores serbo-montenegrinos, en el periodo que va desde 1995 hasta 2003 (fecha en que por primera vez la selección de basket compite con el nombre de Serbia y Montenegro), Yugoslavia completa un nuevo ciclo brillante con dos títulos mundiales (1998 y 2002) 3 europeos (1995, 97 y 2001 más el bronce de 1999) y una plata olímpica (Atlanta 1996). Sin embargo, una vez abandonado el nombre de Yugoslavia la decadencia se torna imparable, aunque innegablemente las causas habría que buscarlas más allá de lo simbólico (renuncias, egos, problemas extradeportivos…).

Tras separarse definitivamente de Montenegro, Serbia participa en el EuroBasket 2007 por primera vez como nación única, pero el resultado es igualmente desalentador, ya que el nuevo proyecto encomendado al genial (como jugador) "Moka" Slavnic naufragaba incapaz siquiera de pasar la primera ronda y sumiendo al país en una auténtica depresión deportiva. Afortunadamente, y tras tocar fondo, no todo eran malas noticias. Paralelamente al ridículo de la selección senior, las categorías inferiores serbias enlazaban medalla tras medalla y abrían la esperanza a una reconstrucción del prestigio perdido. Para semejante obra, la Federación recurre a Dusan Ivkovic, timonel de la mítica selección que enamoró a finales de los 80 y principios de los 90 y, sobre todo, un hombre absolutamente respetado en todos los estamentos tanto políticos como deportivos del basket balcánico.

Dejando de lado a buena parte de los veteranos, Ivkovic llevaba a cabo el relevo generacional sin traumas y conseguía una plácida clasificación para el EuroBasket (Francia o Italia pueden atestiguar que no era poco en ese momento…). Con un juego ordenado, de ritmo lento pero intenso, Serbia retomaba los valores tradicionales yugoslavos, donde el control del tempo no excluye los ramalazos de genialidad individuales. La definitiva ausencia de la mayor parte de sus NBA y de Igor Rakocevic, unidas a los problemas físicos de Vujanic o Bogdanovic obligaban a Ivkovic a acelerar una reconstrucción que parecía seguir un claro objetivo: Londres 2012. Sin embargo el EuroBasket de Polonia dejaba claro que para la nueva Serbia no había transición posible y de la mano de un genial Teodosic el perfecto funcionamiento colectivo derivaba en una ilusionante medalla de plata. El excelente planteamiento del partido inicial ante España, o la exhibición del propio Teodosic en la semifinal devolvían a Serbia a su sitio en la élite. Un año después, solo el pie de Tunçeri dejaba a los de Ivkovic fuera de la final del Mundial.

Con los Juegos de Londres en la mira, las lesiones hacían saltar por los aires el equipo del EuroBasket de Lituania, dejándolo sin competir el preciado 2012… pese a lo cual Ivkovic accedía a hacer un último servicio metiendo al equipo en el EuroBasket de Eslovenia, iniciando otro paso en el relevo generacional y logrando, pese a las bajas, el pase al Mundial de 2014 donde Serbia iniciaría, de la mano de Djordjevic, otra etapa de éxitos.

3 veces campeón del EuroBasket, plata olímpica, campeón del mundo, 2 Euroligas, 1 Copa Korac, 1 Copa ULEB, 1 Copa Saporta, finales continentales con hasta 6 equipos distintos, 7 Final Fours… números, títulos y trayectoria que pese a su rotundidad no dan la medida verdadera de un gigante de los banquillos. Quizás no el más genial, pero sin duda uno de los más camaleónicos y grandes de la historia. Descanse en paz, una leyenda de nuestro deporte.





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