Domingo, 17 de noviembre de 2019
El blog del scouting


05.03.11 | Alejandro González [ Comenta el artículo ]
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El Blog del Scout: Pusti prbleme nek djavo ih nosi



Pusti prbleme nek djavo ih nosi…

Pocos lugares del mundo guardan entre sus rincones más historia baloncestística que Serbia. Por ello, para un aficionado al baloncesto, visitar por primera vez Belgrado se convierte en todo un acontecimiento. Mi condición de principiante ayuda a mantener las ilusiones prácticamente intactas, hecho que multiplica las sensaciones previas al viaje y las experimentadas durante el mismo. El torneo de Euroliga junior organizado por el FMP era el motivo del viaje. La casualidad puso de su parte ofreciéndonos un Estrella Roja – Partizan de Liga Adriática que nos permitiría (hablo en plural porque muchos scouts y periodistas compartimos calendario de citas) disfrutar del encanto y el ambiente de Hala Pionir en un partido de máxima rivalidad.


Mi “excursión” comenzaba el jueves, un día antes del torneo, tras escapar a las tentaciones aeroportuarias. La puerta de embarque que quedaba justo frente a la que yo debía tomar lucía en su pantalla “Stockholm: boarding”. Los que me conocéis sabéis a que me refiero… Todo el viaje de ida fue tranquilo y placentero, lo que reafirmaba más aún mi sensación de ver acumularse los problemas en el viaje de vuelta. Algo que casi siempre me ocurre, y esta ocasión tampoco fue una excepción. Cuando vi que no había retrasos, que me tocaba salida de emergencia y podía estirar las piernas y dormir apaciblemente, disfrutaba del trayecto mientras trataba de jugar a adivinar que iba a ir mal a la vuelta. Una vista preciosa de los Alpes nevados asomando por encima de las nubes sacaba un “este sería un viaje de lo más romántico…” a modo de suspiro que yo, espontáneamente, me apresuré a completar con un “…si yo no fuese a ver tíos sudados en pantalón corto durante todo el fin de semana”. Una guapa azafata nos regalaba una deliciosa chocolatina (chocolate suizo) minutos antes de acabar el vuelo. Estaba claro, perdía un vuelo o la maleta a la vuelta, como mínimo…





El NIJT de Belgrado tiene lugar en tres sedes diferentes. Los dos primeros días la acción se repartía entre los pabellones de BasketLand y BasketCity, a las afueras de Belgrado. Ambos pabellones forman parte del antiguo recinto industrial de FMP (“Fabrika metalnih proizvoda”, algo así como “fábrica de productos metálicos”), la compañía que recuperó en 1991 el proyecto de baloncesto “olvidado” en Zeleznik en 1986. Del metal al baloncesto. El recinto, con un pabellón a pocos metros del otro, tras el cambio en su tipo de “producción”, ofrece ahora un aura especial, un ambiente acogedor y lleno de encanto. Mezcla de la corta pero rica historia allí narrada y el impacto visual del talento de la canasta desarrollado en vetustos edificios industriales convertidos en canchas de baloncesto. La tercera sede es la Hala FMP, el pabellón del equipo. Otro lugar especial, en el que esbozar una sonrisa al entrar y revisar cada recoveco con curiosidad, con la ilusión de un reencuentro sin encuentro previo.


A BasketLand y BasketCity se llegaba en el glorioso autobús número 56. Las tarifas de taxi eran francamente razonables pero mi carácter intrépido me lleva siempre a probar los transportes urbanos locales en cada viaje que hago. En los autobuses de Belgrado se sube uno por cualquier puerta, sin pasar por conductor o revisor alguno y, en teoría, debe buscar una cajita en la que sellar el billete. En teoría. El autobús se convirtió en punto de encuentro. En cada torneo se establece una especie de solidaridad entre scouts que va desde el “¿oye, sabes cómo demonios se llega al pabellón?”, hasta el “¿por casualidad no sabrás como llegar a mi hotel, verdad?”, pasando por un clásico como el “¿Cómo ******* se sale de este sitio?”. Todos andamos un poco perdidos si visitamos el lugar por primera vez, siendo ayudados por algún veterano de guerra el primer día y ayudando a los que van llegando en los días posteriores. Casi por inercia, uno acaba formando “sus grupitos”, y comparte sesiones o días completos con sus recién estrenados compañeros de aventuras. Scouts de equipos ACB y NBA, freelance, de webs extranjeras, directores generales, periodistas, directores de otros torneos, ex jugadores…disfrutar de partidos, transportes, almuerzos y/o cenas es, como siempre, la mejor parte de estas excursiones. Aprender y compartir desde conversaciones, risas, anécdotas y comentarios. En Belgrado he tenido además la oportunidad de reunirme con varios entrenadores de la zona para no sólo hablar de negocios sino también intercambiar opiniones y aprender de cada uno de ellos. Pequeños momentos que forman parte de los pasos iniciales de la experiencia de un primerizo. Y nuevos contactos y conocidos en una nueva parte del mapa.


El torneo no fue excesivamente apasionante, a excepción de un par de partidos de la primera fase, una de las semifinales y la final. Me imagino que muchos de vosotros ya habréis leído resultados, comentarios y resúmenes varios. La semifinal entre FMP e INSEP, reedición de la final de Paris de la temporada pasada, fue seguramente el momento más llamativo de todo el fin de semana, con un último cuarto y una última jugada “controvertidos”, por decir algo. La final fue espectacular, muy vistosa, aunque tácticamente muy pobre. Un encuentro para la galería, con un duelo individual entre Cvetkovic y Miljenovic que no decepcionó en absoluto. El INSEP era seguramente el mejor equipo del torneo, pues mantenía el núcleo principal que le llevó a la victoria final el año pasado además de contar con profundidad de banquillo, talento y una capacidad física espectacular. Pero los franceses perdieron algo de orden y picardía, fundamentales para triunfos pasados, y cayeron ante Estrella Roja en la fase de grupos, lo que les obligó a enfrentarse al FMP en una semifinal que “no podían ganar”.





Muchos nombres quedaron apuntados en las libretas de los ojeadores: Cvetkovic, Marinkovic, Saicic, Miljenovic, Popovski-Turanjanin (que poca bola le dan siendo uno de los que más recorrido puede tener…), Invernizzi, Livio, Howard, Radicevic, Kyzlink, Rupnik, Wolf, Babic… Union Olimpija decepcionó un poco, no por la escasez de talento, algo ya conocido, sino por ser “demasiado eslovenos”. USK había perdido a cuatro de los cinco titulares del subcampeonato de Londres (Sotnar, Mares, Moravek y Balvin) y su nivel era bastante bajo, exceptuando un excelso Kyzlink. Alba Berlin y Beovuk eran claramente los dos peores equipos del torneo aunque, sin que ninguno de los presentes seamos todavía capaces de entender lo que ocurrió, acabaron quinto y sexto respectivamente. Con su triunfo, el Crvena Zvezda (que aprendí a pronunciar allí) se une a Fenerbahce y Barcelona como los protagonistas ya confirmados para la fase final de Barcelona. Mi apuesta para los cinco invitados: INSEP, FMP, Real Madrid, Zagreb (si va Saric) y Maccabi (si lo mayores se clasifican para la F4). Siena y Joventut serian los sustitutos si no se cumplen los condicionales.


Tras acabar la final del torneo junior, y sin tiempo para comer, compartíamos taxi entre tres camino del centro. Uno para descansar en el hotel tras dos días de mucho trasiego y los otros dos para salir apresuradamente hacia el Pionir. Yo iba a la ya famosísima Kneza Mihailova (el otro meeting point tras la plaza de la república) para quedar con mi amigo Ivan, periodista serbio y mi acompañante para el partido. Aquí es donde aprovecho para agradecerle toda la ayuda ofrecida antes, durante e incluso después del viaje. Ivan fue uno de los primeros “amigos de viaje” que hice como scout. Un tipo al que he visto dos veces pero que ya parece un amiguete de los de toda la vida. Él escribió para BasketMe, yo escribí para Mondo, intercambiamos email comentando mil cosas y siempre estamos al quite cuando uno de los dos necesita algo desde “el otro lado de la bota italiana”. Y ha sido la persona capaz de convencerme para probar un bocadillo de croquetas de patata, algo que jamás se me habría pasado por la imaginación probar. Sorprendentemente sabroso, por cierto.


El Pionir está viejo, los alrededores son feos y oscuros, sus entrañas son caóticas…pero ir allí por primera vez es algo que, si te gusta el baloncesto, no olvidarás nunca. Tras pasar el control de acreditaciones (rodeado de militares bien armados, parte del despliegue que había por el pabellón), serpenteamos por varios pasillos (yo seguía a toda prisa a Ivan) hasta que el final de uno de esos pasillos desprendía luz y sonido a partes iguales. Cánticos, vibraciones en la pared. El partido estaba a punto de comenzar y las aficiones de Estrella Roja y Partizan ya se habían engarzado en la lucha de cánticos. Salir por el túnel y entrar a la cancha me anudó el estomago por un instante. El pabellón estaba bastante lleno, sin contar el espacio vacío (por motivos de seguridad) del fondo contrario al que estábamos nosotros. Asientos a pie de pista: la afición del Estrella Roja a un lado, la del Partizan saltando al otro. Ivan a mi derecha, un scout NBA a mi izquierda. Banderas, gritos y canciones durante todo el partido. Y tensión, mucha tensión, entre la hinchada del Estrella Roja, que regalaba los oídos de los árbitros (nos cayeron papeles, algún vaso, un par de mecheros y vimos volar algún escupitajo) cada vez que la acción llegaba a la canasta en la que estábamos situados. Sin peleas ni incidentes, algo que si vivimos en el torneo junior con dos padres a tortazo limpio justo al lado mío mientras yo recogía papeles, mochila y cámara en una decima de segundo para bajar de la grada casi de cabeza con doble tirabuzón carpado. El derbi de Belgrado fue bastante flojo, para ser sinceros, pero a mí se me pasó volando. Me quedé con ganas de más, pues lo que ocurría dentro de la pista casi era lo de menos en esa ocasión.





El lunes era el día de regreso a casa para casi todos los asistentes al torneo, aunque muchos scouts ya se habían marchado el mismo domingo. Para mí era jornada de últimas reuniones, visita intensiva a la ciudad y compras varias. Odio ir de compras cuando viajo, y nunca lo hago para mí, pero tenía dos encargos que no podía evadir. Camiseta del Partizan para mi hermano, camiseta del Estrella Roja para mi “London bro”. Nunca hubiese imaginado lo complicado que resulta encontrar material de baloncesto en Belgrado. Ni rastro de camisetas de la selección nacional ya que, según explicaban, están fabricadas por una marca de ropa china que apenas (si acaso) las distribuye. Nada en tiendas de deporte, ni en la Kappa Store (que viste a Partizan) ni en grandes superficies. Me vi obligado a ir a los estadios de futbol (a las afueras de la ciudad, uno casi al lado del otro), en busca de las tiendas oficiales de los equipos. En la del Partizan encontré la camiseta para mi hermano. En la del Estrella Roja (en una de las entradas del Maracana desde la que se veía todo el estadio) no se vendía nada de baloncesto. Tampoco en la tienda de Anta, marca que viste el equipo de basket. Es curioso que en dos países tan baloncestísticos como Lituania y Serbia sea imposible encontrar ropa de sus selecciones nacionales.


Mi plan para la tarde del lunes estaba fijado desde la primera noche en Belgrado. En concreto, desde que Ivan y yo acabamos el primer tour-express de bienvenida en el parque Kalemegdan. Tenía que volver allí para decir adiós a Belgrado. Un lugar precioso al cobijo de la fortaleza que construyeron los romanos para defender, de forma fallida, del ataque otomano a la ciudad. Senderos entre jardines, una vista espectacular de la confluencia de los ríos Savva y Danubio, las entrañas de la fortaleza y, sobre todo, las pistas de baloncesto. Partizan y Estrella Roja tienen varias pistas en una zona del parque rodeada de muros de piedra y fosos. Un lugar mágico, un sitio en el que jugar a baloncesto debe convertirse en una experiencia irrepetible, indescriptible. Perdí la noción del tiempo con la mirada clavada en esas pistas.





La nieve acompañó las casi dos horas de paseo por Kalemegdan. El parque iba vistiéndose de blanco mientras yo caminaba por sus senderos. Y consiguió algo que nada ni nadie había conseguido desde hace muchos meses, más de un año ya: hacerme desconectar, no pensar, no preocuparme, no recordar, no planificar, no rememorar. Vacío, paz. Descanso. Como decía la canción que sonaba durante el concurso de triples del torneo junior: “Pusti problema nek djavo ih nosi”. “Deja que los problemas se los lleve el diablo consigo”.


Belgrado ha sido una experiencia inolvidable. El inicio de muchas cosas. Un paso más en el camino. Una sesión terapéutica, “purificadora”. Ahora toca seguir trabajando y preparar el calendario de los próximos meses.


“Celu noc i celi dan, opusti telo nek ritam ga vozi, nemoj da se nerviras, pusti probleme nek djavo ih nosi”









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