Martes, 17 de septiembre de 2019
La Opinión


05.11.08 | Iván Fernández (2068 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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David Andersen vuelve a Siena


A medida que la temporada va quemando sus primeras semanas empieza a deparar los primeros grandes duelos y con ellos, aunque aún es pronto, las primeras pistas serias sobre el derrotero que tomarán los equipos con el devenir de los meses. En esa línea, y tras superar con brillantez al Panathinaikos, el Barcelona encara este jueves un partido de los “de verdad”, en los que su nuevo y ambicioso proyecto tendrá una autentica prueba de fuego con la visita al Palasports Mens Sana de Siena, hogar de uno de los proyectos más sólidos e interesantes de la actualidad baloncestistica europea.


Situada en la toscana italiana, cuenta la leyenda que los hijos de Remo, Asquio y Senio, fueron los encargados de fundar la bella ciudad de Siena entre las tres colonias que hoy en día la rodean. Leyenda o verdad, lo cierto es que hoy en día esta pequeña joya en nada desmerece la belleza de sus “vecinas” Florencia o Pisa, y de hecho su centro histórico ha sido declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO gracias sobre todo a su maravilloso herencia medieval. Es aquí, al calor de sus interminables y angostas callejuelas y el enigmático influjo gótico de su catedral, donde paso a paso y con la coherencia por bandera, Ferdinando Minucci ha ido moldeando un proyecto ganador que domina con solvencia la Lega y se codea sin sonrojo con los grandes clubes europeos, como bien demostró su presencia en la pasada Final Four de Madrid, con lo que todo hace presumir que el Barcelona tiene su primera salida importante de la temporada. Pero con todo, si para alguien será especial el partido será para un David Andersen que llega tras un par de partidos excelentes en la ACB y que retorna a la pista donde probablemente se consagró definitivamente como una estrella europea.


Al hilo de su partidazo ante el Fuenlabrada han sido recurrentes los comentarios al respecto de la escasa competitividad de la liga rusa y de la consiguiente dificultad en aclimatarse de nuevo a una liga de primer orden como la ACB. Lo cierto es que en sus cuatro años de estancia moscovita el 'aussie' sumó a su palmarés cuatro ligas y tres copas (sólo se le resistió la de 2008, donde un enorme Lampe destrozó a un CSKA muy mermado por las lesiones), amén de la participación en cuatro Final Four (aunque David se perdió la de 2006 por lesión) con dos títulos.


Llegado a Moscú como petición expresa de Dusan Ivkovic, Andersen suponía la guinda a un superequipo que el legendario técnico serbio había conformado para recuperar el cetro continental que el equipo rojo no lucía desde 1971 y que en los dos años anteriores había volado en sendas semifinales de la Final Four ante el equipo anfitrión y a la postre campeón. Con la concesión a Moscú de la final a cuatro de 2005 todo parecía encajar para que el CSKA se coronara, más aún cuando el equipo del ejército encadenó una espectacular racha entre las distintas competiciones de más de 40 victorias (interrumpida por el Barcelona). Sin embargo, llegado el gran momento de la temporada, un magistral TAU aupado por Scola y Macijauskas daba la campanada y apeaba a los moscovitas de la final. El posterior título de liga ante un buen Dinamo (Greer, Langdon, Papadopoulos, Turckan...) no bastaba para que Ivkovic continuara y el club decidía apostar por Etore Messina. Con el italiano, el CSKA se consolidaría y encadenaría tres finales consecutivas dejando de lado los fantasmas de su fragilidad en los momentos clave. Al margen de los títulos, la llegada de Messina permitía a David reencontrarse con la persona que lo había introducido en el basket europeo.


Tras alzarse con la Euroliga de 1998 ante el AEK de Atenas, Messina veía cómo una revolución encabezada por Tyus Edney le arrebataba el título al año siguiente llevándoselo a Kaunas de manos de un sorprendente Zalgiris (aunque cabe recordar que el año anterior se había llevado la Copa Saporta con un memorable Stombergas). Aquella derrota no sólo supuso un necesario soplo de aire fresco para el baloncesto europeo (incluso me atrevería a asegurar que fue positiva para el propio Messina), sino que abocó a la mítica Virtus a un sinfín de inseguridades que culminaron con la derrota en el cuarto partido de las semifinales de la Lega ante el Varese (Pozzeco, Meneghin, Mrsic, Galanda, Santiago…) y, lo que es peor, la ausencia de la Euroliga del año siguiente. Pese a este fiasco, el técnico de Catania obtenía carta blanca para comenzar una reestructuración que devolviera a los boloñeses al primer plano: Stombergas, Ekonomou y un joven australiano casi desconocido que venía de promediar unos discretos 6´2 puntos y 4 rebotes en el, para los ojos de los tiffossi boloñeses, exótico Wollongong Hawks, pero que ya había mostrado su clase en las distintas selecciones inferiores oceánicas. La temporada estuvo marcada por las distintas lesiones y se saldó con una nueva eliminación en semifinales de la Lega y una amarga derrota en la final de la Saporta (tras una vibrante semifinal ante el Lietuvos) donde el AEK de Atenas devolvía a los italianos la moneda de dos años atrás. A nivel individual Andersen mantenía sus números del año anterior, lo que teniendo en cuenta la diferencia de nivel entre ambas ligas suponía todo un gran síntoma, confirmado un año después cuando, pese a disponer de menos minutos, aumentaba sus puntos hasta los 8´3 y sobre todo, participaba en el histórico triplete que llevaba el delirio al Palamaguti.


Tras el exitazo de 2001, y con la concesión de la Final Four a Bolonia de la reunificada Euroliga, todo parecía indicar que volvería a ser el año del Kinder y, a su vez, la definitiva explosión de Andersen. Todo parece ir sobre ruedas y de hecho el equipo alcanza la final de la Euroliga frente al Panathinaikos, pero tras dominar claramente el marcador en la primera parte la polivalencia de Bodiroga les destroza y permite a los atenienses dar la sorpresa. De nuevo una derrota en una final europea hace entrar en barrena a la Kinder y, de nuevo, caen en semifinales ligueras esta vez ante el Benetton de Treviso de Mike D´Antoni (Garbajosa, Nachbar, Bell, Nicola, Edney...). El equipo se atomiza y se ve envuelto en graves problemas económicos, ve como Messina se va a Treviso y pierde a gran parte de sus estrellas (Jaric, Ginobili, Becirovic, Granger, Grifith…) lo cual convierte a priori a Andersen y Smodis en sus referencias para el año siguiente.


Ese verano Andersen es elegido en la segunda ronda del draft por Atlanta (37) y ve como el nuevo técnico, Tanjevic, le señala como el jugador franquicia, pero el equipo tiene poco que ver con el de años anteriores y por si fuera poco transcurridos solo 22 partidos (14 lega y 8 euroliga) sufre una lesión que le aparta de las pistas el resto de la temporada. En verano, los problemas económicos se hacen insostenibles para la Virtus y Andersen se ve obligado a buscar equipo y pese a su buen currículo no cuenta con demasiadas ofertas. Las dudas sobre su estado físico y cierta sensación de estancamiento hacen que varios clubes recelen de su fichaje por lo que el australiano decide aceptar la oferta que le plantea el Mens Sana Siena. El conjunto toscazo estaba viviendo los mejores años de su larga historia (club mas antiguo de Italia, aunque no alcanzo la plena profesionalización hasta 1973) y tras entrar en la Suproliga de 2001, se había alzado con el título de la copa Saporta en 2002 bien dirigido en la banda por el turco Ataman y en la pista por Naumoski. La temporada siguiente se había saldado con un nuevo, e inesperado éxito, al alcanzar la final four de Barcelona (donde por cierto sus seguidores se hicieron querer con su gran sentido del humor y sus ingeniosas pancartas “Sexo, droga y pick n´roll”…). La base del equipo la sustentaba la excelente dirección de Vbrica Stefanov, los puntos de Alphonso Ford y los rebotes de Turckan, aunque hay que reconocer que su pase a la final four fue cuanto menos rocambolesca. Por aquel entonces la primera fase de la euroliga se componía de tres grupos de 8 equipos de los cuales los 5 mejores de cada grupo y el mejor 6º de los 3 accedía al TOP 16. Llegada la ultima jornada la única opción de los toscanos, que debían jugar el jueves, pasaba solo por ser el mejor sexto y el primer resultado de la jornada del Miércoles les daba alas, pues el Pau Orthez caía en casa y se quedaba en 6 victorias, las mismas que el Siena tendría si ganaba el día siguiente y con un average más beneficioso. Pero paralelamente, otro resultado daba al traste con las ilusiones del Mens sana, que contemplaba estupefacto como el Real Madrid perdía en casa ante el Villaurbane, quien liderado por un enorme Guylas (en todos los sentidos) se colaba como quinto y dejaba a los blancos como sextos, obligando al Siena a obtener una victoria clara. El resultado de ese partido lo dice todo: 112-49 ante un Buducnost (Milojevic, Koljevic, Pavlovic, Cabarkapa…) totalmente desbordado. Con la inercia del milagro el Siena afrontaba el TOP 16 (por entonces el primero pasaba directamente a la final four) y completaba la gesta dejando por detrás al Panathinaikos (vigente campeón, Skipper y Ulker). Pese a caer en las semis ante el Benetton y no pasar del 4º puesto en la Lega, el éxito era todo un hecho.


En esta tesitura y con la salida de jugadores clave como Ford o Turckam y del propio Ataman, el Siena decide apostar por Carlo Recalcati. Recalcati toda una leyenda en el basket italiano, era un tirador excepcional y junto a Marzorati había liderado al Cantu durante los años 70 consiguiendo dos escudetos y 6 títulos europeos (3 Korac y 3 recopas) con actuaciones memorables ( 50 puntos entre los dos encuentros de la final del 73 o su pique con Kikanovic en la del 74 ). Como entrenador tampoco se quedaba corto y había guiado al título a la Fortitudo y al Varese y ese mismo verano al bronce europeo a una brillante y sorprendente Italia.


Además de Andersen, Recalcati apuesta por una nueva pareja de extranjeros (Thornton-Vanterpool) y por un basket más dinámico que pronto daría sus resultados. En primer lugar el Siena consigue repetir presencia en la final four, donde cae en una extraña y espectacular final. Extraña porque pese a la trascendencia y a la rivalidad el partido resulta un tanto frío ya que el pabellón esta prácticamente vacio por la negativa de las aficiones a viajar a Tel Aviv y la desidia del público local que se reserva para “su” Maccabi. Y espectacular, por resolverse mediante una prorroga (la única en la historia de la final four que no se ha disputado en el partido de consolación) y por el juego presenciado. Finalmente el Siena cae por un ajustado 103-102 ante un Skipper de Bolonia (Vujanic, Basile, Pozzeco, Smodis, Van der Spiegel, Lorbek, Mottola, Delfino, Bellinelli…) que ya había propiciado algunos de los momentos más brillante de la temporada con resultados de lo más abultado (derrotas caseras 114-118 ante el Panathinaikos o 104-111 ante Maccabi o grandes vitorias fuera 89-99 en Tel Aviv o en casa 117-107 al Zalgiris).


Hasta ese momento la temporada de Andersen ha ido de mas a menos (de hecho su mejor anotación se remonta al primer partido liguero y posteriormente tiene un horrible top 16) pero apunta a recuperación por su buena semifinal, aunque sus números en la Lega son discretos y muy similares a los de Bolonia (8´8 ptos).


¿Por qué entonces considerar esta temporada como la de su paso al estrellato? Pues por una razón bien sencilla, porque por primera vez Andersen es capaz de liderar a un equipo en el momento decisivo. Tras su vibrante semifinal europea, Siena y Skipper vuelven a encontrarse, esta vez en la final de la lega a la que ambas escuadras han llegado invictas en play-off y pese a que el Siena cuenta con el factor pista, los precedentes no son buenos (4-1 para el Skipper durante la temporada). La final se disputa en formato alterno y arranca con victoria del Siena tras una gran segunda parte. En el segundo encuentro, disputado en Bolonia comienza a emerger la figura de Andersen que guía al Siena a la remontada en el último cuarto y termina con 15 puntos y 25 de valoración. Con todo, la consagración definitiva de nuevo como local y ya desde el primer momento. El Skipper enrabietado sale con un 0-5 pero el australiano replica con 6 puntos seguidos que lanzan definitivamente al Siena que acaba aplastando al Skipper y logra así el primer título de su historia. Por su parte Andersen termina con 20 puntos, 37 de valoración y un espectacular 14/14 desde el 4´60 que se ve reconocido al recibir el MVP de la final….



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