Miércoles, 18 de octubre de 2017
La Opinión


09.04.17 | Juan Carlos Sánchez (747 lecturas) [ Comenta el artículo ]
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Unicaja: Pasan los años y no me arrepiento…


Veo pasar al autobús de dos pisos, descapotable, que lleva a los flamantes campeones de la Eurocup por las calles de Málaga y me cruzo con un grupo de chavales (no creo que lleguen a los quince años) que corren junto a él. Van perfectamente ataviados con la camiseta del equipo y agitan con entusiasmo la bufanda verde reclamando la atención de sus ídolos. Uno de ellos se pega un buen tropezón, del que se recompone con la misma velocidad con la que había caído.

 

En otro autobús idéntico a ese la banda los Mihitas toca “mi bandera”, ese himno de Pablo López que tan buena acogida ha tenido entre los aficionados. Sin razón aparente, el tono sube cuando llegan a esa parte que dice “y en Ciudad Jardín me emocioné, yo estuve allí…”.

En ese momento, es imposible no acordarse del eco ensordecedor de los gritos retumbando contra la piedra ni, por supuesto, aquel triple de Ansley en la final de 1995 frente al Barça. Aquello fue el verdadero David contra Goliat, y cerca estuvieron los de Imbroda de lograr la proeza. Jamás el silencio tuvo una representación gráfica más certera que ese instante en el que la bola volaba directa al título, para acabar siendo escupida por el aro, dando a esta ciudad un mazazo deportivo que jamás olvidará. Por aquel entonces, estos chicos ni siquiera habían nacido.

Luego vino el traslado al Palacio de los Deportes, recinto nuevo que nació viejo (ya saben por dónde voy), y, muy pronto, en 2001, llegó el ansiado primer título, la Copa Korac, lograda bajo la batuta del prestigioso Boza Maljkovic. Curiosamente, hace unos días encontré la camiseta conmemorativa de aquel título. Y sí, estos chicos entonces tampoco habían nacido.

Más reciente queda ya aquel año 2005 en el que el Unicaja regresó de Zaragoza con la Copa del Rey, el 2006 en el que se conquistó la Liga e incluso aquel título sin trofeo que fue jugar por primera vez una Final Four de la Euroliga. Alguno descubrió lo que era llorar de felicidad. Imposible no acordarse de Sergio Scariolo o de Jorge Garbajosa, que se despedía de la afición con esa frase que ninguno de los allí presentes olvidará: “no he conocido, no conozco y no conoceré jamás en mi puta vida a gente como vosotros”.

Aquellos fueron tiempos en los que el Unicaja se codeaba con la élite y el Carpena se quedaba pequeño para contener tanto entusiasmo. No había asientos vacíos y las familias solían llevar a sus hijos pequeños que, ajenos al partido, tenían como único entretenimiento el ratito que les podía dedicar Chicui. Quien sabe, posiblemente esos niños de entonces que ni se inmutaban ante los derroches de calidad de Marcus Brown, son los chavales que hoy, con tanto entusiasmo, celebran este éxito.

Han llovido ya más de 10 años, seguramente los más complicados de digerir para el aficionado; los de resaca deportiva tras haber tocado techo. Esta es la etapa que les ha tocado vivir, en la que cimentar su cariño por este Club y por el baloncesto de Málaga. No pocos sinsabores mientras sus padres les contaban “batallitas” que siempre tenían como final recordarles aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero ellos, con la ilusión inquebrantable que sostiene la inocencia, han visto recompensado su aliento y hoy disfrutan de la magia que sólo conocían (intuían) a través del papel fotográfico.

Llego ya hasta el lugar de destino, el de siempre, aquel que hace 11 años abrazó el título de Liga. Allí se mezclan los rostros más veteranos, algunos recién llegados -todavía afónicos- de Valencia, con actitud más tranquila pero sonrisa delatadora, con los más jóvenes, primerizos en estas lides, eufóricos. Se mezclan en perfecta armonía pasado, presente y futuro, con un mismo mensaje de despedida: que no haya que esperar 11 años para volver a vivir otra vez esto. Confiemos en que no.





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